En la columna de hoy de La Vida Mínima nos detenemos en una realidad que suele pasar inadvertida hasta que nos toca de cerca. La vejez no solo transforma el paso de los años; también modifica la forma en que muchas veces somos observados por los demás. En un tiempo que parece valorar la rapidez, la eficiencia y la inmediatez, la lentitud suele despertar impaciencia antes que comprensión. ¿Qué revela esa reacción sobre la sociedad que estamos construyendo? Una reflexión sobre el tiempo, la dignidad y la manera en que elegimos mirar a quienes transitan otra etapa de la vida.
fotografia Andres Roman Leer más









