Cuando el futuro te desafía, le haces frente

Luana Antonella Fumero Arriola, de 21 años, es hija de Yamandú y Virginia. Su hermana Yuliana es la mamá de su ahijado, Felipe Agustín, de un año. Agrega: “No le tenía mucha paciencia a los niños, pero con él es todo lo contrario, hago todo, me puede. Cuando vengo trato de estar el mayor tiempo posible con él”.

Por Anabela Prieto Zarza

Está en pareja con Alan, con quien comparten la vida, intereses en común y el desafío de construir el futuro juntos.

Esta joven extrovertida, simpática, está convencida de que habla demasiado. “Todo lo que demoré en hablar cuando era chica, lo hablo ahora. Mi familia y mi entorno más cercano me ven como una persona un poco fría, porque no me gusta expresar lo que siento; a veces es mejor fingir demencia, como dicen ahora”. Es que cada uno lleva los procesos internos como puede, aunque Antonella tiene claro cómo llevarlos y lo hace en forma consciente.

De niña fue al Jardín 83, luego al Liceo Scaffo, donde cursó de 1.º a 3.º año. “Con mi hermana íbamos al Scaffo porque tenía actividades extracurriculares todo el día y, como nuestros padres trabajaban mucho, estábamos contenidas. Además, mi papá trabajaba allí; creo que cambiaba su sueldo por nuestras cuotas, o casi”. De 4.º a 6.º fue al Liceo Rubino. Después toco irse a Montevideo.

“Durante mi infancia y adolescencia tuve cantidad de actividades: coro, baile con Stella Muniz, donde aprendí ritmos variados, folclore, flauta traversa, flauta dulce en el Conservatorio de Música de Durazno. Me recibí de profesora de Piano, Solfeo y Flauta Dulce”. Cuando se fue a la capital, lo que más extrañó fue esa agenda que llenaba su vida, sus tiempos y sus gustos.

Pero comienzan sus estudios universitarios. Ingresa a Relaciones Internacionales. A pesar de que continúa cursando dicha carrera, siente que no le gusta tanto. Hace una reflexión que considero muy interesante y útil para quienes van a optar por una carrera y para los padres que tienen que acompañar esa elección: “Un error que cometemos los jóvenes es elegir una carrera sin informarnos bien de todos los aspectos de la misma, así como de los ámbitos laborales en los que podremos desenvolvernos una vez terminemos. Después de que ingresé a RR. II., descubrí que la carrera tiene menos perfiles de lo que yo pensaba”.

En ese marco, comienza a cursar la Licenciatura en Educación. Está fascinada, fundamentalmente con el perfil de Políticas Educativas. “Es una carrera que cursan muchos docentes, jubilados, maestras; es poco conocida. Estas personas han optado por hacer dicha carrera porque, desde la experiencia, han visto las carencias de la educación y se interesan por analizar las causas y formarse para cambiarlas”. Nos cuenta que puede optar por tres perfiles: docencia, investigación y políticas educativas. Antonella se siente atraída por las políticas educativas y la investigación.

Le gustó irse a Montevideo. Se adaptó muy bien, porque existen muchas actividades en las que participar cuando surgen las oportunidades. A modo de ejemplo, nos cuenta que el verano pasado hizo teatro de verano y ganó. “Es una competencia de distintas categorías vinculadas al carnaval. Competí en la categoría lubolo, que es la comparsa. No sé por qué se me ocurrió hacer eso. Me enteré de que había un casting para bailarina en la Sara del Cordón (antes Sarabanda) y me presenté. Fue increíble: un año de gastos en boletos, sacrificios, ensayos, dejar de hacer otras cosas, ir a otros lugares. Los ensayos eran desde las 18 horas hasta la medianoche. Fue una experiencia maravillosa y agotadora, pero haber ganado compensa todo”. Agrega: “Aunque creo que nunca más”. El «creo» nos abre una interrogante: ¿será que nunca más?

En sus tiempos libres le gusta mucho pasear, recorrer tiendas, la rambla, salir, “para que la rutina no te abrace”. Es muy fan de salir a merendar.

Fue integrante de la CGU (Corriente Gremial Universitaria), pero dejó porque absorbe mucho tiempo y priorizó el estudio, aunque siempre anda dando alguna orientación al respecto.

Tiene sueños por cumplir. Desde los 15 años quiere ir a Machu Picchu, por ejemplo. Sueña con recibirse y trabajar en lo que le gusta. Tener hijos no es una meta cercana; antes están aquellas que tienen que ver con las realizaciones profesionales y personales, antes de asumir el compromiso de la maternidad. Agrega: “Estoy muy bien con mi sobrino”.

Es consciente de que tuvo el respaldo familiar cuando decidió emprender otra carrera. “Mi padre me apoyó en todo; por eso tenemos que animarnos a plantear nuestras inquietudes, nuestras necesidades y a elegir. Animarnos a cambiar el camino elegido si nos damos cuenta de que no es lo que nos hace feliz. Estas decisiones son para toda la vida; por lo tanto, tenemos que tratar de hacer lo que nos haga felices”.