En el marco de la inauguración de la Colonia Osiris Rodríguez Castillo, en Capilla de Farruco, el director del Instituto Nacional de Colonización en representación de la educación, Ing. Agr. Ramón Gutiérrez, respondió a cuestionamientos realizados por CERES sobre el funcionamiento del organismo. Defendió el rol del Instituto, destacó su eficiencia, su presencia territorial y el impacto que tiene en la producción familiar, el empleo rural y el acceso democrático a la tierra.
por Enrique Antonio
Durante la inauguración de la Colonia Osiris Rodríguez Castillo, donde el Instituto Nacional de Colonización entregó fracciones de campo a familias colonas, el director del organismo, Ing. Agr. Ramón Gutiérrez, dedicó parte de su intervención a responder cuestionamientos realizados por CERES.
Gutiérrez sostuvo que el centro de pensamiento destinó recientemente actividades de propaganda programática para atacar al Instituto Nacional de Colonización, señalando supuestos problemas de eficiencia en el uso de los recursos. Según explicó, CERES comparó la proyección de gasto de funcionamiento del Instituto, estimada en unos 16 millones de dólares, con el gasto promedio de un productor en salarios por hectárea.
“Hablemos entonces de eficiencia”
Frente a esa comparación, Gutiérrez cuestionó la forma en que se evalúa el trabajo del Instituto.
Recordó que Colonización no es solamente un organismo que administra tierras, sino que también trabaja en créditos, extensión rural, fomento del asociativismo, equidad de género y generaciones, inclusión social, vivienda, infraestructura productiva, caminería, electrificación, conectividad y fiscalización del uso del suelo en función del interés público.
“Hablemos entonces un poco de eficiencia”, planteó.
El jerarca señaló que todas esas áreas son abordadas por 240 trabajadores distribuidos en 14 oficinas en todo el país, y defendió la necesidad de contar con equipos técnicos, administrativos y profesionales para sostener una política pública de tierras.
Menos funcionarios y más tierra pública gestionada
Gutiérrez también presentó datos para sostener que el Instituto se volvió más eficiente con el paso del tiempo.
Según afirmó, desde 1996 a la fecha el número de funcionarios disminuyó un 18%, mientras que la tierra pública gestionada aumentó un 60%.
Además, sostuvo que el organismo pasó de vender tierras para poder pagar salarios y tener técnicos sin movilidad, a contar con excedentes para indemnizar, invertir en mejoras y comprar tierras.
Para Gutiérrez, si se mira el proceso institucional construido durante más de dos décadas, el Instituto brinda más servicios, cada trabajador atiende más unidades de producción y más hectáreas, y contribuye a un mayor ingreso económico institucional.
“En términos de gestión, eso es comparación vertical e indica una institución cada vez más eficiente”, afirmó.
El impacto de Colonización en el territorio
El director también planteó que la discusión debería mirar qué aporta el Instituto al desarrollo nacional.
Sostuvo que Colonización, con un precio promedio de renta de la tierra a la mitad del mercado, multiplica por tres el trabajo rural y representa el 20% de la superficie de la producción familiar, que a su vez genera el 14% del valor agregado bruto agropecuario.
También destacó que el Instituto otorga unas 60 fracciones por año, beneficiando a más de 100 hogares, y cobija 3.290 unidades de producción familiar y 240 unidades de producción asociativa.
A eso sumó créditos por 2 millones de dólares e inversiones anuales de 7 millones de dólares en infraestructura y actividades en colonias.
Defensa de la tierra pública
Gutiérrez cuestionó que CERES ponga el foco en los gastos de funcionamiento del Instituto, cuando —según señaló— esos recursos provienen de ingresos genuinos por arrendamientos y vuelven al territorio en servicios para colonos y comunidades.
Para el director, detrás de esa crítica hay una mirada de desprecio hacia la propiedad pública y las empresas públicas.
“Ese desprecio es a la propiedad pública, a las empresas públicas, es el refugio de las generaciones que vienen para definir soberanamente el porvenir y democratizar oportunidades de acceso al trabajo, a la riqueza y al territorio”, expresó.
En ese sentido, defendió la tierra pública como un bien que no se reconcentra y que vuelve a estar siempre al servicio de las familias y de las necesidades de la Nación.
La tierra entregada en Capilla de Farruco
Gutiérrez también se refirió al inmueble 740, cuyas fracciones fueron entregadas durante la inauguración de la Colonia Osiris Rodríguez Castillo.
Señaló que el campo atravesó un largo proceso judicial: estuvo ocupado desde 2013, cuando el Instituto ejerció el derecho de preferencia, hasta 2025, cuando la Justicia concluyó su tarea.
“Tarda, pero llega”, expresó.
El director vinculó esa historia con la paciencia de las familias colonas y con la constancia de los funcionarios del Instituto.
“La paciencia ha sido de ustedes y la constancia de nuestros funcionarios, esos ineficientes”, afirmó.
Osiris, la tierra y una tarea histórica
En el cierre de su intervención, Gutiérrez apeló a la figura de Osiris Rodríguez Castillo, cuyo nombre lleva la nueva colonia, para hablar de la lucha por la tierra y de la responsabilidad histórica de quienes la reciben.
Sostuvo que cada conquista de una hectárea implica una responsabilidad individual y colectiva con quienes quedaron atrás.
También afirmó que hay una tarea histórica que debe asumirse desde cada lugar: en la fracción, en la oficina pública, en el trabajo profesional y en la conducción política de las instituciones del Estado.
“Es su derecho y su responsabilidad disfrutar, producir y aprovechar correctamente este bien común, este bien público, este bien de la Nación”, concluyó.
La intervención de Ramón Gutiérrez convirtió la inauguración de la Colonia Osiris Rodríguez Castillo en algo más que una entrega de tierras. También fue una defensa política e institucional del Instituto Nacional de Colonización, de la tierra pública y del papel del Estado en la generación de oportunidades para las familias rurales.
