Emprender acompañada por la familia

Mary Elizabeth Maurente Pyñeiro, de 51 años, conocida por todos como Eli, se considera “emprendedora siempre, feliz y afortunada”. Para ella, Dios y su familia es lo más importante.

Por Anabela Prieto Zarza

Es hija de Hugo, retirado militar de la Fuerza Aérea y, posteriormente, chofer municipal, conocido como “el Toco”, y de Mary, quien trabajó toda la vida como auxiliar en el Liceo San Luis. Muchas generaciones de alumnos y de padres supieron verla permanentemente en el centro educativo.

Es la mayor de cinco hermanos. Le siguen Gisel, María José, Sofía y Alfonso, que son mellizos. Tanto por parte de sus hermanos como por el lado de su esposo, tiene una cantidad de sobrinos que quiere mucho. “Son un montón”.

Está casada con Jorge Ávila, con quien tiene tres hijos: Priscila, de 29 años; Elías, de 26, y Emiliano, de 21. Es la orgullosa abuela de Paulina, de 8 años, y Lorenzo, de 3, “Lolito”. Integra la familia el esposo de su hija, Enzo Echechiquia.

“Somos abuelos muy presentes en la vida de nuestros nietos. Jugamos con ellos, tratamos de estar en todas sus actividades. Les encanta hacer cosas en la cocina; con ellos el merengue no para. Paulina dice que va a estudiar repostería. Nos tiene enamorados a los dos”.

Eli nació y creció en Durazno. Hizo Primaria y Secundaria hasta cuarto año en el Colegio y Liceo San Luis. Después cursó quinto y sexto en el Liceo Rubino. Fue a estudiar a Montevideo e ingresó a la Facultad de Medicina, pero extrañaba muchísimo y se volvió. “Nunca había salido de casa y, si bien Medicina me gustaba, estar lejos fue determinante para dejar”.

Volvió y estudió Auxiliar de Enfermería en la Escuela de Enfermería. Se recibió y comenzó a ejercer como tal hasta que nació su primera hija, momento en que decidió priorizar la maternidad.

La enfermería le encantó. Siente que fue determinante en su desarrollo personal y que las experiencias vividas fueron impresionantes.

Al priorizar la familia, los trabajos que tuvo posteriormente estuvieron vinculados a la atención al público, para lo cual tiene condiciones innatas por su alegre forma de ser, y con una carga horaria que le permitía cumplir con el objetivo de estar presente en la vida y en la educación de sus hijos.

Aprendió a cocinar de forma autodidacta, mirando videos y el canal Gourmet de Argentina. Lo hacía con el propósito de aprender a cocinar para su familia. La pastelería le encantaba. Cree que esto se debe a que sus padres, para las fiestas, hacían budines y panes dulces para vender. Rememora el olor que salía del horno de barro en el que los preparaban. También ese horno le trae los sabores de las pizzas y los bizcochos caseros de aquella época.

Su esposo también es emprendedor. Es propietario del Aserradero y Leñera Independencia, ubicado en la esquina de Zelmar Michelini y Santini. Esta actividad ha sido siempre el sustento familiar. Eli colabora desde siempre en el emprendimiento.

El espíritu emprendedor que la caracteriza la llevó a realizar cursos y talleres para mejorar sus técnicas en pastelería, aunque no se animaba a comercializar sus productos. El miedo a fallar y a no cubrir las expectativas de los demás era un freno para su vocación. Pero su familia y sus amigos, que comenzaron a pedirle sus productos, fueron el motor. Empezó a correr el boca a boca y el negocio se puso en marcha: nació Eli Sweet Now.

Quienes deseen contactarla y probar sus delicias pueden hacerlo a través de sus redes sociales:

Instagram: elisweetnow
Facebook: Elizabeth Maurente
Cel.: 091 216 064

Nos cuenta cómo fue creciendo su actividad y que cada vez más gente le hace pedidos. Comenta, entre risas que, si bien ella ayuda a su esposo, el apoyo es mutuo: “Si a él le toca fregar, friega. Si le toca batir, bate”.

Hace un tiempo le diagnosticaron colon irritable. Por eso comenzó a tratar de mejorar su dieta. Las harinas la hacían sentir mal, por lo que disminuyó su ingesta. Entonces empezó a hacer sus tortas y sus panes sin harina para ella, hasta que un día comenzó a ofrecerlos. Gustaron. También empezó a desarrollar la línea de productos sin azúcar. Hoy, además de seguir elaborando pastelería tradicional, ofrece postres para celíacos y diabéticos.

Le encanta lo que está haciendo. La cocina es su lugar en el mundo. Es donde crea. Cuando los clientes le dicen: “Dejo la decoración a tu criterio”, es feliz; ya está, no precisa más. Le gusta buscar, leer y estudiar.

Próximamente participará de la Feria de Pastelería que se realiza en el mes de agosto en Montevideo. Es una excelente oportunidad para aprender, participar de talleres, probar productos y técnicas nuevas, conocer gente, proveedores, preguntar y estar presencialmente. “En las redes encontrás muchas cosas, pero tenés que adecuarlas a lo que tenés en el medio. No es lo mismo que estar allí”.

En sus tiempos libres se dedica a hacer deporte. Ama el deporte. Le gusta andar en bicicleta, escuchar música y hacer gimnasia, actividad a la que no falta bajo ningún concepto. “Estas actividades me relajan y me recargan”.

Para ella hay otras cosas muy importantes: “Las charlas con mi marido. Aprontamos el mate, salimos, conversamos mirando la nada, conectamos”. A ambos les gusta salir a bailar, cenar y viajar.

Sus sueños pasan por estudiar Pastelería Profesional. Sabe que es un sueño que va a cumplir. Y también sabe que cumplirá el sueño de hacer viajes muy largos, fuera del país. Agrega, además, estudiar un idioma.

Seguramente todos sus sueños se cumplirán, porque logra todo lo que se propone con alegría, optimismo y constancia.

Cree en la importancia de ser realista, de entender que las cosas no son fáciles, pero que con dedicación, amor y animándose, los objetivos se alcanzan.