Hijos, pinturas, murales, el amor y los desafíos de la montaña

Nelbia Gisella González González, de 62 años, es hija de Walter González Acuña y Nelbia González del Río. Es hermana de las mellizas María Liliana y Elizabeth María, Ademar, Yaniré y Claudio.

Por Anabela Prieto Zarza

Tiene dos hijos: Agustín y María Belén Landoni González, de 31 y 26 años, respectivamente. Desde hace casi 12 años está en pareja con Carlos Villanueva Pose. También forman parte de su familia Lucía Santini y Diego Odriozola, parejas de sus hijos.

Tuvo una infancia muy feliz y pasó mucho tiempo en el campo. Fue al jardín de infantes del Colegio Inmaculada Concepción, hizo la escuela primaria en la Nº 6 y la secundaria en el Liceo Rubino.

No sabe por qué, pero quería ser abogada, quizá impulsada por una de sus hermanas. Sin embargo, no se animó a irse a Montevideo. Comenzó a trabajar en la tienda La Diagonal, de Lepre, y después con “la tía Nibia, en CORFU, una adelantada que tenía un centro de estética en 18 y Herrera”. Más adelante ingresó como administrativa a la emergencia médica UMED.

Allí conoció al papá de sus hijos, formó su familia y llegaron los niños.

Su vínculo con la pintura comenzó en la adolescencia. A los 14 años pintaba championes blancos para una gente de Montevideo que los vendía en una feria de la capital. También pintaba remeras para conocidos. En esa época era autodidacta, en una época en la que no había carbónicos para dibujar. Continuó pintando distintos objetos y asistió al taller de Artes Plásticas, donde fue alumna de Kity Morales y participó de talleres en Argentina y Uruguay

Cuando sus hijos eran chicos, siguió pintando. Tras separarse de su esposo, la pintura se convirtió en un medio de vida y en el sustento de su familia. Instaló un taller en su casa y comenzó a dar clases de pintura decorativa a niños, adolescentes y adultos.

“Tenía el taller lleno. En esa época nadie más daba clases, era fantástico porque podía ser madre, jefa de hogar y trabajar. Yo hacía todo en la casa: cocinaba, limpiaba, les daba de comer a los niños, los llevaba al colegio y a sus actividades y trabajaba, todo en casa”.

Luego compró la casa que había pertenecido a sus padres. “Me mudé con los chicos, hice mi taller de cero y tuve que refaccionar la casa. Era un taller con mucha luz, estantes y piletas. Vendía las maderas para los alumnos y daba clases de mañana y de tarde. Había días que tenía tres turnos”.

Lo que comenzó como un hobby se convirtió en su medio de vida y en su profesión. Y ama lo que hace.

De forma honoraria, comenzó a dar clases en la Casa del Adulto Mayor. Además, como referente de las viviendas del BPS, se vinculó con esa población y también impartió clases gratuitas en los salones de usos múltiples de las viviendas. Comenzó en el Varona.

Al año siguiente presentó un currículum en la Intendencia y la contrataron para dar clases en los CIB. Empezó en la Amarilla y llegó a trabajar simultáneamente en todos los centros, impartiendo pintura decorativa y manualidades. Actualmente dicta clases de pintura decorativa y bordado.

“Dar clases me hace muy feliz. Estar en contacto con gente adulta es divino, es mucho más que ir y dar clases: es socializar, conversar, intercambiar, acompañar”.

Cuando quedó sola con sus hijos, siendo muy joven, comenzó a desarrollar otra faceta de su vida que la apasiona: el deporte. Incursionó en bicicleta, kayak y carreras de trail.

“Me preparé muchísimo para ello. Hice carreras muy importantes, todo inspirada en mi padre, que fue un gran deportista. La única que se dedicó al deporte fui yo. En cada carrera estaban mis padres, los dos, sobre todo papá”.

“En 2021 crucé los Andes. Es una carrera de exigencia y mucha preparación, de unos100 kilómetros que se hace en tres etapas que insumen tres días. Dormís en carpas y hay una altimetría de 1.80o metros. Participé del Raid Columbia en 2022, también de tres etapas en tres días. Dos veces hice el Amanecer en Comechingon en Córdoba con una altimetría importante y mucho frío. Disfruté varias en Villa La Angostura y en San Martín de los Andes hice mi primer 21 Km de montaña, en 2015. Esta carrera internacional fue muy importante para estimularme a seguir, porque resulté vencedora en mi categoría, logrando más adelante algún podio más. He recorrido lugares hermosos, como Ushuaia. Es una carrera impresionante: ocho horas corriendo sobre el hielo, algo que nunca había hecho, también con una altimetría importante”.

A los 57 años participó en una ultramaratón de trail de 50 kilómetros. “Preparé la Reina, la Maraton y Ultra Maraton en Entre Ríos. 50 km junto a mi Profe Mariana Quiñones, a mi ritmo, me acompañó todo el trayecto y fue lo máximo, terminar impecable y quedar primera en mi categoría.”.

Agrega: “El deporte y pintar son mis pasiones. Este año, por razones de salud, me prohibieron correr, así que disfruto de acompañar a mi flaco, que hace cosas más locas que yo. Nos conocimos por el deporte, en una carrera en Florida, corrimos juntos y nunca más nos separamos. Es un gran compañero y con él soy inmensamente feliz. Es que soy muy, muy familiera”.

Como corolario, nos cuenta: “Agustín hizo el Cruce de los Andes el año pasado y, en una entrevista que le realizaron, me emocionó muchísimo, porque me mencionó como su inspiradora. Hace dos años que empezó con esta actividad. Belén también, pero no tanto, no es de competir”.

También ha sido muralista. Lo ha hecho porque le gusta y sin haber estudiado para eso, “pero me sale bien”. Ha pintado murales en la Plaza 1, en la Escuela 7 y en la plaza El Tanque, de Villa Argentina, invitada por Ana Liguera. Tiene pendiente una invitación para pintar un muro enorme en Ushuaia, con andamios. Sueña con hacerlo, allí o donde sea.

Hace 10 años creó, junto a Stela Lepre y Ana de León, STANGI, un emprendimiento de restauración de muebles y cuadros. Participaron en varias ferias y hoy Gisella continúa al frente del proyecto.

Sueña con viajar. Quiere hacer un viaje con Mi Flaco, sus hijos y sus parejas: los seis juntos. No muy lejos; Bariloche o Ushuaia serían destinos posibles. Le gustaría hacer un viaje de trekking, dormir en refugios y continuar el recorrido al día siguiente.

Todos los días ayuda a los demás con una palabra de aliento, escuchando y estando atenta a cómo se encuentra el otro. “La salud mental está muy quebrada, la gente está muy sola”.

Si tuviera mucho dinero, no haría grandes viajes. Para ser feliz no se necesita ser rico. “No hay que complicarse con algo que no te sale, con un día feo; la vida es más sencilla. Hay que vivir el momento, disfrutar de las pequeñas cosas hoy. No dejar nada para mañana. Si tenemos un día malo, vendrán días mejores. Disfruto de lo que tengo, no sé si es mucho, pero lo disfruto. Soy mi propia psicóloga, me escucho y le busco lo positivo a lo negativo”.

“Valoro el amor de mis hijos, por ellos doy todo. Vivo por y para ellos. No deciden mi vida, pero vivo para mis hijos, mi flaco y sus hijos. Soy muy creyente en Dios. Fue Dios quien me salvó en momentos difíciles de mi vida. Siento que siempre está conmigo y que por eso nada me va a vencer.

Me siento una luchadora que siempre ha tratado de estar bien y de que la familia estuviera unida, con mis padres y con mis hijos. En casa tenemos una norma que respetamos: la media hora sin celular para charlar”.

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