23 de octubre: historia y presente del periodismo uruguayo

En esta columna de Huella Cultural recorreremos la historia que explica por qué Uruguay celebra cada 23 de octubre el Día del Periodista y del Trabajador de los Medios de Comunicación. Desde el proyecto de prensa respaldado por Artigas en 1815 hasta las redacciones actuales, nos detendremos en los vínculos entre periodismo, cultura y memoria, en las voces silenciadas por la censura y en el trabajo de quienes cuentan la vida de sus comunidades. Una invitación a mirar lo que hay detrás de una noticia y a reconocer cuánto de nuestra historia permanece en esas páginas, fotografías y grabaciones.

Una noticia suele escribirse con la urgencia del presente. Hay que confirmar un nombre, encontrar un documento, escuchar a una persona, volver a preguntar. Mientras se trabaja, casi nadie está pensando en el lector que llegará décadas después. Sin embargo, ese lector existe: un día abrirá un diario antiguo o encontrará una fotografía y buscará allí algo que el tiempo dejó atrás.

La prensa guarda esa doble condición. Cuenta lo que sucede y, al hacerlo, produce documentos con los que otros intentarán comprender cómo se vivía, qué se discutía y quiénes tenían la posibilidad de hacerse escuchar.

El 23 de octubre permite detenerse en ese recorrido. En Uruguay, la jornada reconoce a periodistas y trabajadores de los medios de comunicación, una denominación que reúne las distintas tareas necesarias para que una información llegue al público. Su origen enlaza una decisión legislativa relativamente reciente con una historia que se remonta a los tiempos de Artigas.

Un proyecto de prensa en tiempos de revolución

El antecedente que da sentido a la fecha es un oficio enviado por José Artigas al Cabildo de Montevideo el 23 de octubre de 1815. Allí respaldaba la iniciativa periodística de Mateo Vidal y su Prospecto Oriental, en el contexto del gobierno artiguista. La comunicación expresaba interés por la circulación de ideas y por la instrucción de los habitantes de la Provincia Oriental.

Vidal, sacerdote y participante de la vida política de su tiempo, había preparado un prospecto que presentaba las intenciones de la publicación: una suerte de anuncio o número inicial donde se explicaban sus propósitos. El proyecto no llegó a consolidarse como un periódico de continuidad regular. Ese comienzo, con sus expectativas y dificultades, permite ver que la historia de la prensa también está hecha de iniciativas frágiles y esfuerzos interrumpidos.

Hay una precisión necesaria: en 1815 no apareció por primera vez un periódico en Montevideo. En 1807 ya se había publicado La Estrella del Sur / The Southern Star, una edición bilingüe en español e inglés surgida durante la ocupación británica. La colección conservada en Anáforas, de la Universidad de la República, registra sus números entre mayo y julio de aquel año.

La conmemoración del 23 de octubre recupera, por lo tanto, un momento particular del vínculo entre la prensa y el proyecto artiguista. Distinguir esos antecedentes permite apreciar una historia más compleja que la de un único nacimiento.

Una fecha que también reconoce un trabajo colectivo

La Ley 16.154, promulgada el 23 de octubre de 1990, estableció el Día del Periodista. En diciembre de 2018, la Ley 19.715 modificó su denominación para incluir al trabajador de los medios de comunicación en todos sus ámbitos. La normativa declara la jornada feriado no laborable para esos trabajadores, con derecho a su remuneración habitual.

Esa ampliación permite mirar una parte del oficio que no siempre aparece ante el público. Una cobertura puede llevar una firma o una voz reconocible, pero su realización depende de muchas otras tareas: producción, fotografía, edición, diseño, operación técnica y trabajo de archivo, entre ellas.

Hay alguien que consigue el contacto, alguien que comprueba la escritura de un apellido, alguien que revisa una imagen y alguien que advierte que un dato todavía necesita otra consulta. En esos intercambios se juega buena parte de la calidad de lo que finalmente se publica.

Reconocer el periodismo supone reconocer también esas labores, sus conocimientos y el tiempo que necesitan.

Cuando las páginas se vuelven patrimonio

Leer un diario antiguo exige cambiar de velocidad. Lo que alguna vez fue novedad aparece rodeado de un mundo que ya no es el nuestro: avisos comerciales, carteleras, formas de vestir, precios, expresiones y nombres de lugares que pudieron desaparecer.

En una misma página pueden convivir una discusión política, el anuncio de una compañía teatral y una fotografía de una calle antes de su transformación. Para quien investiga el pasado, esos materiales permiten reconstruir relaciones que una noticia aislada no alcanza a mostrar.

Los archivos de prensa también conservan decisiones y ausencias. Revelan qué asuntos recibían atención, cómo se describía a determinados grupos y cuáles eran las voces consideradas autorizadas para explicar la realidad. Leerlos críticamente significa observar tanto lo publicado como las limitaciones de aquella mirada.

Por eso el valor cultural del periodismo alcanza a sus documentos cotidianos. Una entrevista, una crónica o una fotografía pueden adquirir, con los años, una importancia que sus autores no habían previsto.

Los silencios impuestos

La historia de la prensa uruguaya incluye períodos en los que publicar tuvo consecuencias de persecución, cárcel y exilio. La censura dejó marcas en las vidas de los trabajadores y en la información que pudo conocer la sociedad.

El semanario Marcha, fundado el 23 de junio de 1939 y dirigido por Carlos Quijano, fue clausurado definitivamente por la dictadura el 22 de noviembre de 1974. Su trayectoria y su cierre forman parte de esa memoria de la prensa y de la cultura uruguayas.

La clausura de una publicación interrumpe una conversación pública. Desaparecen espacios de discusión, se dispersan equipos y los lectores pierden una posibilidad de acceder a determinadas informaciones y perspectivas.

Recordar esos episodios ayuda a comprender por qué la libertad de prensa importa también fuera de las redacciones: afecta lo que una comunidad puede saber sobre sí misma.

La cercanía y sus responsabilidades

En el periodismo local, las historias tienen una proximidad particular. Quien concede una entrevista puede cruzarse al día siguiente con quien la hizo. Una decisión pública tiene efectos en calles conocidas; detrás de una cifra puede haber personas cuyos nombres y circunstancias forman parte de la vida compartida.

Esa cercanía ofrece conocimiento y exige cuidado. Conocer a alguien no sustituye la comprobación de sus afirmaciones. Compartir una comunidad tampoco elimina la necesidad de preguntar por decisiones que afectan a sus habitantes.

Una cobertura sobre una escuela, un trabajador, una institución cultural o un barrio puede parecer pequeña desde lejos. Para quienes viven allí, puede contener una parte decisiva de su experiencia.

También en esas páginas se conserva la memoria: los comienzos de un colectivo, la recuperación de un edificio, una reivindicación vecinal, una obra que pasó por una sala. La historia de un país está hecha, además, de acontecimientos que tuvieron sentido en una escala cercana.

La confianza se trabaja

La responsabilidad periodística aparece muchas veces en decisiones poco visibles: contrastar una versión, distinguir un hecho de una opinión, explicar qué sigue sin confirmarse o corregir un error después de publicarlo.

En abril de 2013, la Asociación de la Prensa Uruguaya aprobó su Código de Ética Periodística, resultado de un proceso de debate y consulta. Sus orientaciones abordan asuntos como los métodos de obtención de información, el respeto por las personas y la prevención del sensacionalismo.

Esos principios adquieren sentido en cada cobertura. Una fotografía necesita contexto; una acusación exige comprobaciones; una persona que atraviesa una situación dolorosa merece un trato cuidadoso. La posibilidad de publicar algo no resuelve, por sí sola, cómo corresponde hacerlo.

Este 23 de octubre encuentra al periodismo ante una tarea que vuelve a empezar: salir, escuchar, documentar y ofrecer información que ayude a comprender. Después vendrá otra jornada y otras noticias ocuparán el lugar de las anteriores.

Pero algunas de esas páginas quedarán. Alguien volverá a ellas buscando una voz, una imagen o una explicación. Y encontrará, entre los asuntos que parecían pasajeros, una parte de la vida que compartimos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *