Andrea Caraballo Irrazabal, de 28 años, es hija de Gabriela y Edgardo, y hermana de Marcelo. Está en pareja con Rodrigo Machín, con quien ha formado una hermosa familia. Es la joven mamá de Juan Francisco, un bebé de cinco meses. Tiene tres sobrinos: Marcelina, Lorenzo y Nicolás. También forma parte de su familia su madrina, Silvia Marques.
Por Anabela Prieto Zarza
Se define como una persona soñadora, que siempre está buscando algo nuevo, ya sea en el trabajo o en el día a día. Se caracteriza por ser bastante activa en todo lo que hace y por buscar la manera de ayudar, en lo que pueda, a quienes la rodean.
De niña concurrió al CAIF de la Sagrada Familia y, posteriormente, al Colegio Inmaculada Concepción, al Liceo N.º 3 y al Liceo Rubino. Paralelamente, cursó en UTU el bachillerato con opción Deportes, que comprende tercero, cuarto y sexto año de la educación media. De esta manera, completó el bachillerato tanto en el Rubino como en UTU.
En 2019 se fue a Montevideo para estudiar, ingresando al Instituto Superior de Educación Física (ISEF), siguiendo su vocación.
Cuando cursaba segundo año, llegó la pandemia, las cosas se complicaron y decidió regresar a Durazno. «Tengo un pendiente con ello, quiero terminar la carrera», reconoce.
Mientras estaba en la capital, para contribuir a su manutención y alcanzar cierta independencia económica, comenzó a trabajar realizando suplencias en gimnasios. La vida no era tan fácil, pero, aun así, logró empezar a ahorrar y comprar materiales para trabajar por cuenta propia.
Por eso, cuando regresó a Durazno, comenzó a dar sus primeros pasos con esos materiales. Poco a poco fueron llegando las primeras alumnas, que, en realidad, eran familiares, amigas y conocidas.
Empezó a trabajar al aire libre, sobre la avenida Frugoni.
La cantidad de alumnas fue aumentando y surgió la necesidad de contar con un espacio propio, que además le permitiera trabajar sin depender de las condiciones climáticas, la lluvia o el frío del invierno. Así, adaptó y acondicionó un garaje en la casa de sus suegros. De esa manera nació ACI, un nombre que corresponde a sus propias iniciales.
El crecimiento continuó, el garaje quedó chico y se mudó a un local en la calle 19 de Abril, que anteriormente había funcionado como taller mecánico. Fue el primer espacio amplio con el que contó.
Actualmente, su local está ubicado en la intersección de las calles Lavalleja y Ana Monterroso, sobre la avenida Churchill. Es un lugar espectacular, porque combina las actividades que desarrolla en el local con la posibilidad de salir a trabajar en la avenida. «Tiene unas vistas hermosas, tenés atardeceres, amaneceres, todo», cuenta.
Andrea da clases de entrenamiento funcional. Desde el comienzo tuvo claro que quería trabajar exclusivamente con mujeres y mantiene ese criterio hasta hoy. Recibe alumnas de todas las edades y con distintos niveles de actividad física. Esto significa que incluso quienes nunca hayan practicado entrenamiento funcional pueden encontrar un programa adaptado a sus necesidades y posibilidades.
Profesionalmente, se siente conforme con lo que hace, aunque le gustaría realizar más cursos y especializaciones durante el año. Considera que va por buen camino, pero también sabe que la formación es un proceso que nunca termina.
Se ha especializado a través de cursos de entrenadora personal, instructora en musculación y running, además de cross training, una modalidad de entrenamiento que combina distintas disciplinas, y otras formaciones complementarias. Sin embargo, considera fundamental mantenerse actualizada y continuar perfeccionándose de manera permanente.
Reitera que tiene una asignatura pendiente con el ISEF. «Es el pendiente grande que tengo, pero, por suerte, veo cercana la posibilidad, porque el ISEF viene llegando al interior y eso me permitiría terminarlo, trabajar y ser mamá».
Consultada sobre cómo compatibiliza su rol de joven mamá con el trabajo, nos cuenta: «Desde el embarazo comencé a acomodar los horarios. Di clases casi hasta el momento del parto. Era mi sueño demostrar que una embarazada puede seguir en movimiento. Cuando nació Juanfra, paré tres meses. Después retomé y organicé mis horarios en función de quién puede quedarse en casa con el niño, ya sea Rodrigo o mamá. Hay días que son de locos, pero voy pudiendo».
Además, junto a su hermano Marcelo, hace dos años conformaron un grupo llamado Master Running. Con esta iniciativa vienen trabajando muy bien, creciendo, viajando y dedicándose a una actividad que los apasiona. A todo eso se suma la satisfacción de poder compartirla y llevarla adelante juntos.
En sus tiempos libres, le gusta escuchar música, salir a caminar y, como ella misma dice, «andar en la vuelta al aire libre».
Es una apasionada de las tunas. Cree en Dios, algo que atribuye posiblemente a su formación en el Colegio, aunque aclara: «Soy más creyente de la Virgen».
Entre sus sueños están realizar un viaje familiar, todos juntos, y que ACI siga creciendo. Aspira a contar con un local más grande, con mayor y mejor infraestructura, que le permita continuar desarrollando su proyecto.
Asociada a su profesión, nos deja una recomendación que invita a dar el primer paso y a no postergar el cuidado personal:
«Sea en el momento que sea, el día que sea, deben animarse a moverse, tener una actividad física todos los días. Cuando hay un problema o una situación cuya solución no se vea con claridad, empezar a moverse ayudará. No tengan miedo a comenzar».


