María Mercedes Guanco Otormin, de 58 años, es hija de Margarita y de Ebelio, su papá de corazón. Margarita proviene de una familia muy humilde y trabajadora. Fue empleada doméstica, modista, tejedora y artesana, mientras que Ebelio es retirado policial. Mercedes es la del medio de cinco hermanos: Alejandro, Mónica, Mercedes, Norma y Marissa.
Por Anabela Prieto Zarza
Hoy comparte su vida con su esposo, Raúl Fernández, conocido como el Mono, “un compañero cariñoso y comprensivo, con una pasión enorme por el automovilismo. Disfruto acompañándolo en esa parte de su vida, en las carreras y apoyando a su equipo, Fernández Competición”.
Es la orgullosa mamá de Andrés y Mariana. Andrés, de 39 años, estudió Ingeniería de Sistemas y formó, junto con Andrea, una hermosa familia. Tiene tres niñas: Julieta, Isabella y Serena, de casi un mes, y una perrita llamada Pantu. Mariana, de 32 años, es QA Engineer, una profesional encargada de asegurar que un producto informático o una aplicación cumpla con los estándares de calidad antes de llegar a los usuarios finales. Comparte su vida con Martín y su perrita Donna.
Raúl tiene cuatro hijos: Juan Ignacio, “Juanchi, que es uno de los que corre”, Stefanía, Diego y Juan Pablo, “que también corre”. Entre los dos formaron una familia ensamblada de seis hijos y cinco nietos.
Mercedes nació y creció en Durazno. Fue a la Escuela Nº 8 y cursó secundaria en UTU y en el Liceo Rubino. Muy joven, a los 15 años, comenzó a trabajar. A los 17 se casó con el papá de sus hijos y nunca abandonó sus estudios. De aquel casamiento recuerda que todos sus compañeros de clase, vestidos con sus uniformes, fueron al Juzgado para acompañarla.
A los 18 años, embarazada de Andrés, continuó asistiendo al liceo. Cuando nació su hijo, a los 19, daba los exámenes en la Dirección del liceo, mientras las adscriptas le cuidaban al bebé durante las pruebas escritas.
Su vocación siempre estuvo orientada al área de la salud. De hecho, quería hacer medicina, una carrera que quedó postergada porque en su joven familia surgieron otras prioridades. De cualquier manera, para Mercedes, la crianza de sus hijos era el principal objetivo.
Continuó estudiando, motivada por su afán de superación y por el deseo de brindarles bienestar a sus niños. Así lo hizo a lo largo de toda su vida: “Todo lo que había para estudiar en Durazno, yo lo hacía”.
Se recibió de auxiliar de enfermería en la Escuela de Scoseria, que funcionaba en el Hospital de Durazno. Sus referentes fueron la nurse Ruth Sosa, Susana Mancilla y el Dr. Pérez Davant.
También cursó estudios terciarios en UTU, donde se recibió de técnica analista en marketing, aunque nunca ejerció como tal. Se capacitó en vacunación, formando parte de las primeras generaciones que accedieron a esa formación. Posteriormente, se especializó en tuberculosis.
Desde entonces y hasta hoy, se ha dedicado a la vacunación y a la tuberculosis. Trabaja desde hace 30 años en la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa y Enfermedades Prevalentes. Ingresó por concurso, el único medio de acceso a la institución.
“El encargado era Hugo Sibrú, a quien recuerdo con mucho cariño porque fue el mejor jefe que me pudo tocar”.
Años después, concursó para el cargo de encargada y accedió a esa función, que desempeña hasta el día de hoy.
En la Lucha tiene a su cargo los programas de tuberculosis y de Hansen (lepra). El trabajo abarca todas las áreas de abordaje: diagnóstico, tratamiento, controles y seguimiento de los pacientes. Además, son responsables de la vacunación en todo el departamento, lo que implica viajar al interior.
“Gracias al trabajo en la Lucha, conozco todas las escuelas del interior del departamento y las localidades de Durazno. Antes recorríamos los caminos en los jeeps del regimiento y en camiones; cruzábamos en la balsa y llevábamos un mapa de papel donde marcábamos las escuelas visitadas. Volvíamos con las túnicas rojas y el cabello duro de la tierra colorada. Teníamos que abrir porteras, porque cortábamos caminos, cuando íbamos al kilómetro 329, a Cerrezuelo, a Paso del Gordo. Salíamos de madrugada y volvíamos de noche”. En esa época dábamos BCG en primero y sexto de la escuela y entre medio alguna campaña de sarampión o meningitis, según la enfermedad prevenible por vacuna que surgiera en la población.
Hoy es diferente. Se hace lo mismo, pero lleva menos tiempo: las carreteras son mejores, cuentan con micros y trabajan con mejores herramientas.
Agrega: “Antes y ahora, lo importante siempre fue llegar, acercarse a la gente y garantizar que la vacunación estuviera al alcance de todos, incluso de quienes viven en los rincones más alejados del departamento”.
“Nuestro trabajo requiere compromiso, responsabilidad, sensibilidad y empatía. Trabajás con diferentes grupos de personas y distintas realidades económicas y culturales. La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo de Koch, que afecta principalmente a los pulmones, pero puede afectar otros órganos como huesos, riñones, cerebro. Se transmite por el aire cuando una persona con tuberculosis pulmonar activa expulsa bacilos al toser, hablar o estornudar.
Es prevenible y curable con diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado. Detectar los casos a tiempo y estudiar a los contactos es fundamental para cortar la transmisión y proteger a la comunidad. Trabajamos en coordinación con todas las instituciones y organismos del departamento, incluyendo una importante labor en INR Unidad 18, con control de la tuberculosis y vacunación. Es una enfermedad que puede afectar a cualquiera. Promovemos un eslogan: ‘Tos y expectoración por más de 15 días puede ser tuberculosis’. Se debe consultar al médico, porque no es una enfermedad erradicada: está presente y ha ido aumentando lentamente en los últimos tiempos”.
Mercedes tiene una importante participación en los medios de comunicación, porque sabe que son esenciales para su trabajo. Gracias a ellos se logran coberturas de vacunación muy altas y se brinda información sobre diferentes enfermedades. Destaca la excelente relación que mantiene con los medios, con los que ha establecido un vínculo de mucho apoyo y respeto.
En CAMEDUR trabaja desde los comienzos del vacunatorio, hace 20 años. En determinado momento de su vida, tuvo que hacer frente a los recursos económicos necesarios para brindarles a sus hijos la educación que quería para ellos, de modo que tuvieran las herramientas para desenvolverse en la vida. Recuerda que en la entrevista con el Dr. Vázquez le explicó que necesitaba otra fuente de ingresos y él le dio la oportunidad de abrir el vacunatorio e ingresar a CAMEDUR. Además, “siempre me preguntaba cómo iban mis hijos en sus estudios”.
Agradece haberse encontrado, a lo largo de su vida, con personas que confiaron en ella, que le brindaron oportunidades y que la ayudaron a crecer tanto en lo personal como en lo profesional. También valora especialmente las amistades que fue construyendo en cada uno de sus trabajos. Logró que sus hijos estudiaran, pudo construir su vida y realizarse profesional y, sobre todo, personalmente. Se considera una mujer plena y feliz.
Cuando habla de sus hijos, lo hace con sencillez y natural orgullo. Sabe que su esfuerzo y dedicación valieron la pena, porque ellos también hicieron lo suyo. Fueron responsables, dedicados y estudiaron lo que quisieron. Dice de ellos: “Mis hijos son maravillosos, re cariñosos, familieros, están cumpliendo sus sueños. Eso me hace feliz. Sé que son felices y buenas personas”.
En lo personal, se define como una persona amable, respetuosa, responsable y sencilla. “Uno de mis nietos, suele decirme: ‘La abu es mansita’. Es una frase que siempre me causa gracia, pero que describe muy bien mi forma de ser”.
Quien dice eso es Juan Francisco, de cinco años, hijo de Juanchi, que, como no podía ser de otra manera, ya corre en karting.
Mercedes se siente orgullosa de su familia, de sus hijos, nietos, esposo, hermanos, sobrinos, amigos y de su trabajo. Agradece a cada persona que ha formado parte de su historia, a quien le tendió una mano, que le enseñó algo o que la acompañó en los momentos importantes.
Le encanta viajar en pareja, en familia y con amigos. Tiene dos grupos de amigos viajeros: los vecinos y las hormiguitas viajeras. “También organizamos viajes de hijos, de hermanas y de nietos. Cualquier excusa es buena para preparar la valija y disfrutar”.
Otras de las actividades que disfruta son la pesca y el vino, una afición que heredó de su abuelo Margarito Otormin, conocido como Mangacho.
Cuando era niña, vivían en el Bertonasco. Su abuelo la mandaba a comprar vino al almacén del barrio y, como recompensa por el mandado, a veces le dejaba probar un poquito, mezclado con agua y azúcar. También recuerda que él los llevaba a pescar a la Laguna Grande y al río Yi. “Eran los grandes paseos que hacíamos en nuestra niñez”.
Entre sus sueños personales está tener un motorhome y viajar por el mundo, conocer culturas e interactuar con otras realidades.
Mercedes invirtió mucho en su formación y es también producto de la educación que recibió en Durazno. Con la llegada de internet, encontró nuevas posibilidades de aprendizaje y continuó capacitándose a través de plataformas digitales.
Se preocupa y se ocupa de que en su trabajo se brinde lo mejor a la gente y de que cada persona sea tratada con respeto, porque está convencida de que todo lo que uno da, vuelve.
“El desafío más grande de mi trayectoria laboral fue, sin duda, la pandemia de COVID-19. Fueron tiempos de muchísimo trabajo, compromiso y responsabilidad, en los que trabajamos intensamente junto al Dr. Aycaguer para afrontar una situación sin precedentes y dar respuesta a las necesidades de la población”.


