Florencia Amadis Valdez Verdún, de 33 años, es hija de Genoveva y Carlos Miguel. Son siete hermanos: María Fernanda, María Cecilia, Carlos Andrés, María Eugenia, Florencia, Alex Catriel y Karen Lucía. Está en pareja con Juan José Santos Araujo y es la orgullosa mamá de Thiago, de 13 años, y Melina, de 5.
Por Anabela Prieto Zarza
Se considera una mujer fuerte, aunque reconoce que a veces tiene momentos en los que se detiene a pensar y dice: “¡Guau!, hay momentos que te dan ganas de decir: hasta acá llegué”. Sin embargo, piensa que tiene una familia y que debe seguir adelante por ellos.
Tuvo una infancia muy feliz. “Todo era muy lindo, nos criamos todos juntos, en el mismo barrio, cerquita”. Se refiere a ella y a sus primos, que eran muchos. “A veces, como papá trabajaba en otros departamentos, nos llevaba con él y pasábamos mucho tiempo afuera, lejos de la familia, de nuestros primos. Cuando volvíamos era una fiesta, todos nos estaban esperando. Las fiestas tradicionales, los cumpleaños y las reuniones familiares eran también un ir y venir de la casa de unos a otros. Hoy eso no es así, la vida nos fue llevando por distintos caminos, pero el recuerdo es hermoso”.
De niña concurrió a la Escuela Nº 35 y después a la UTU. Por voluntad propia y siendo muy joven, comenzó a trabajar. A los 16 años lo hizo como niñera de sus propios sobrinos. Unos años después, ya mayor de edad, trabajó como niñera en una casa de familia. También pasó por la fábrica de palillos y por una empresa dedicada a la fabricación y reparación de tapices, en Santa Bernardina.
Mientras trabajaba allí quedó embarazada de Thiago y, con varios meses de gestación, dejó el empleo para dedicarse a la maternidad y poder estar siempre con su hijo.
Cuando se separó del papá de Thiago, tuvo que regresar al mercado laboral para generar los ingresos que le permitieran sostenerse y mantener a su hijo.
En esa época vivía en Sarandí Grande y consiguió trabajo en un carro de comidas, donde permaneció casi cinco años. Sin embargo, no era un empleo demasiado estable: a veces la llamaban todos los días de la semana, mientras que otras veces trabajaba solamente de viernes a domingo. Tenía que afrontar el alquiler y necesitaba mayores ingresos y algo más permanente. Fue entonces cuando presentó su currículum en un supermercado y consiguió el puesto.
Ya había formado pareja con Juan José y, a pocos meses de ingresar al súper, llegó Melina. Esta vez, las circunstancias fueron diferentes y no tuvo que dejar de trabajar.
Después de cinco años en el supermercado, decidió buscar mejores oportunidades laborales, un lugar donde trabajar con mayor comodidad y tener posibilidades de crecimiento. Como en Sarandí Grande no encontraba opciones para cambiar de empleo, aprovechaba los lunes, su día libre, para viajar a Durazno y repartir currículums.
Así llegó a la empresa Johana Limpiezas, donde trabajó durante dos años. Gracias a su compromiso y responsabilidad, se ganó la confianza de Johana, quien la trasladó al local dedicado a la venta de uniformes, conocido como Mundo Trabajo. Al mismo tiempo, en la empresa de limpieza comenzaron a asignarle nuevas responsabilidades: pasó de cumplir horas de trabajo en la limpieza a dirigir y planificar las tareas del personal, coordinar horarios y organizar los recursos humanos.
Fue un aprendizaje enorme, que también le abrió muchas puertas.
Johana quería concentrar sus esfuerzos empresariales en menos actividades y le hizo una nueva propuesta. “Johana quería desprenderse de la empresa de limpieza. Primero me propuso una concesión de la empresa para ver si yo me adaptaba. Con ella fui aprendiendo muchas cosas: la gestión de la empresa, los requisitos legales, los impuestos. Aprendí que las cosas no son tan fáciles. Al principio, desde afuera, parece fácil, pero hay muchas cosas y responsabilidades que afrontar. Asumir muchas responsabilidades, desafíos y riesgos. Tomar decisiones”.
Florencia se adaptó y terminó al frente de la empresa. Comenzó entonces una nueva etapa, marcada por el cambio de firma, la incorporación de nuevos clientes y personal, y un crecimiento constante.
Hoy, su emprendimiento se llama Limpiezas Melithia, nombre elegido en homenaje a sus hijos. Quienes deseen contactarla pueden hacerlo a través de los teléfonos 092 462 622 (personal) y 092 249 051 (empresa).
Los servicios que brinda incluyen limpieza de casas particulares, empresas, casas de campo, comercios y oficinas. La modalidad de contratación se adapta a las necesidades de cada cliente, tanto en cantidad de horas como en días de trabajo, de lunes a sábados. Cuenta con personal estable y de confianza, cuyas tareas supervisa de manera directa.
En sus tiempos libres, que cada vez son menos, le gusta coser, inventar cosas y disfrutar de sus hijos. “En realidad, están siempre conmigo, porque la gestión de la empresa, si bien es muy exigente, tiene la ventaja de que me permite estar más con ellos, porque la gestiono desde mi casa”. Agradece la familia que ha formado, sus hijos y su compañero de vida. Respecto a Juan José dice: “a donde he llegado ha sido posible también por el apoyo de mi pareja, que siempre me da para adelante y estimula en todo lo que emprendo”.
Cuando se le pregunta por sus sueños pendientes, responde con certeza y optimismo: “La casa propia”.
Sabe que las cosas no siempre son fáciles, pero tiene muy clara su manera de encarar la vida. “Soy de las personas que creen que, si pensás en positivo, todo se te da. No me planteo que las cosas no me van a salir. Pienso en hacer algo, lo medito y, si veo que puedo, me la juego. Siempre estoy inventando qué hacer. Ahora que tengo medio horario en Mundo Trabajo, pienso instalar una tienda de ropa que incluya uniformes de liceo, dado que en Mundo Trabajo no venden ropa para niños y adolescentes. Es un proyecto que estoy analizando”.


