Alberta Guanco es hija de Walter y Amanda. Se considera una “adulta mayor joven” y, cuando le preguntan la edad, responde con humor: “La que vos me digas”. Es mamá de Carol y Marcos y abuela de Katalina e Isabela.
Por Anabela Prieto Zarza
Nació y creció en Durazno. Es egresada de la Escuela Nº 6 y del liceo Rubino. Llegó a cursar 6º de Medicina, pero por razones económicas tuvo que dejar sus estudios. Su ilusión era formarse en áreas vinculadas a la salud, pero las cosas no se dieron. Su familia era muy humilde y estudiar no era una prioridad. Todo lo que logró fue a pulmón.
Era la menor de la casa y reconoce que no tuvo una infancia muy feliz, en un entorno donde eran muy reprimidos. Comenzó a trabajar a los 9 años, primero como niñera y luego en casas de familia. Era una niña tranquila, pero aquellas experiencias le permitieron saber desde muy temprana edad qué era lo que no quería para ella ni para sus hijos. Se fue construyendo a sí misma no solo a partir de lo que quería ser, sino también de aquello que no quería para su vida.
A los 21 años formó su hogar con el padre de sus hijos, continuó trabajando e ingresó a la Jefatura de Policía como ejecutiva. “Cumplí 33 años en la labor policial”.
Le encantó ser policía y esa profesión terminó convirtiéndose en su vocación. Orgullosa, manifiesta: “Toda mi carrera la hice por oposición y méritos”. Estuvo en la Seccional 15ª, en la 2ª, en Investigaciones y, durante los últimos años de su carrera, fue encargada de la Cárcel Femenina, “tarea que también desempeñé con mucho amor y orgullo”.
Trabajar en la cárcel fue una experiencia que recuerda como muy buena. “Nos enseña a valorar la vida, aprender que cada cual es como es, a valorar la libertad, que la libertad es lo mejor que tenemos”.
Desde muy joven complementó sus ingresos con un pequeño negocio. “Para kiosco es grande, para almacén es chico”, explica. El comercio está ubicado en Larrañaga 732 y lleva el nombre de Katisa, en honor a sus nietas.
Ya jubilada de la Policía, actualmente dedica más tiempo al comercio. Como además es repostera profesional y le gusta cocinar, también se dedica a la elaboración de comidas y postres. “Hago lo que me pidan porque todo lo que hago lo he aprendido en cursos que he realizado. No soy media cuchara”, agrega riendo.
En su cuenta de Instagram, AlbertaGuanco, se pueden ver sus elaboraciones: postres, tartas, tortas, alfajores y diferentes comidas. A fin de año, durante las fiestas tradicionales, prepara asados, pan dulce, budines y todo aquello que le solicitan.
Entiende que su comercio tiene un diferencial: está abierto de continuo y tanto los productos de almacén como las comidas se pueden solicitar con entrega a domicilio. También recibe pedidos a través del 092 913 948.
En Catisa se puede encontrar todo lo necesario para el hogar, artículos de limpieza e higiene personal, además de hamburguesas y pastas. También ofrece servicio de viandas, prepizzas, pizzetas, sándwiches, saladitos y masas, con todo lo necesario para un evento. Cuenta con POS para el pago, lo que facilita las compras a los clientes y minimiza el manejo de efectivo.
En sus tiempos libres, que son escasos, le gusta caminar. Lo hace todos los días durante una hora y, si está feo, realiza gimnasia en su casa. Además, concurre al gimnasio dos veces por semana.
Sus aspiraciones y sueños pasan por seguir siendo feliz. Trabaja permanentemente para mejorar su calidad de vida y su entorno. Se considera una persona muy sana y agradece tener buena salud. Su deseo es seguir mejorando, en todos los sentidos, y, en definitiva, vivir cada día un poco mejor.
“Soy lo que soy porque amo la vida, soy una mujer muy espiritual, una madre de proteger a mis hijos, me amo a mí misma, amo lo que hago. Pienso diez veces las cosas para ver si lo voy a hacer o no, pero si lo hago nunca tengo que arrepentirme. Cuando algo no me cierra no lo hago y tampoco me arrepiento. He logrado convertirme en una mujer de decisiones firmes”.
También intenta transmitirles a los demás una filosofía de vida basada en el esfuerzo y la perseverancia. “Siempre estoy tratando de que la gente piense, que trate de mejorarse, que no es deshonra trabajar en una casa de familia o barriendo una calle. Que hay que trabajar, hay que salir adelante, no perder la fe. Hay que tener fe en algo, en lo que sea, en Dios, en un árbol, en lo que sea. Si se tiene fe en un árbol, hay que hablar con ese árbol todos los días. Hay que ser fuertes, la vida nos exige ser fuertes”.
Cree profundamente en Dios. “Es lo que me sostiene. Me han pasado cosas en la vida y, con ayuda del de arriba, las he superado. Por eso estoy convencida de que hay que ser fuerte”.


