Silvana Yaquelin López Camarano, de 57 años, es hija de José López Maique y María Estela Camarano Acosta. “Tenemos un tema con el apellido López, porque mi abuelo, en época de guerra en el Líbano, vino de polizón, escapado de la guerra. Su madre mandó a sus hijos al exterior: uno a Uruguay y otro a Nueva York. Como era tan cerrado para el idioma, no le entendían su apellido, ‘Wedbe’, y le pusieron López”.
Por Anabela Prieto Zarza
Tiene nueve hermanos del matrimonio de sus padres y dos por parte de su padre. Ella es la séptima, aunque, entre risas, aclara: “Hay varones en el medio”. Liliana, Anabela, María del Rosario, Mara Inés, José María, Marisa, Silvana, José Eduardo y Patricia son los hermanos del matrimonio. Los otros dos, Lilian y Alejandro, son casi de la misma edad: uno mayor y otro menor. “Mi mamá los recibió como sus hijos. Nosotras, como hermanos, también. En realidad, somos muy unidos y siempre los acogimos como familia”.
Con su esposo, Luis Eduardo Burgues, han formado una hermosa familia. Es mamá de Alfredo Santiago, Eduardo Sebastián, Agustín, Nicolás y Sarah Martina, y abuela de Teo, de 2 años, y Río, de 9 meses, hijos de Santiago y Virginia Falero. También está Martina la novia de Agustín.
Se considera una mujer débil pero fuerte a la vez, muy espiritual, honesta y responsable; una buena amiga, de esas con las que se puede contar en las buenas y en las malas. “Me he comenzado a conocer después de que mis hijos se criaron. Me casé muy joven, tuve los niños muy seguido, fui una guerrera y el pilar de la familia, cosa que me dicen mis hijos”.
De niña concurrió a la Escuela N.º 2 y luego al liceo Rubino. “Y después, la facultad de la vida ya que no terminé el liceo…”.
“Me ennovié con Eduardo a los 16 años, a los 18 me embaracé y me casé. Nosotros trabajábamos desde los 12 años. Cuando a papá le faltaba gente en la cuadra (de la panadería), nos levantaba a todos a trabajar: meter la galleta al horno, sacarla; a la madrugada teníamos que embolsarla y tenerla pronta para cargarla porque al otro día llegaba Abella y debía abastecer en las Estancias … Después nos íbamos a dormir no teníamos otra! Era la época de los hornos a leña, que se trabajaba toda la noche”.
Y continúa: “Después empecé a acompañar a Eduardo en la compraventa de cueros; luego vinieron la casa, el hogar, los hijos”.
Así se fue involucrando en la actividad empresarial de su esposo, quien comenzó a incorporar otras actividades comerciales, entre ellas la compraventa de raciones. “Eduardo involucró a su familia en los negocios, tanto la de su lado como la del mío. Trabajaba como colaborador en el local Goñi. Cuando cierra el local, el dueño lo llama para ofrecerle El Local , así comienzan las ferias ganaderas”.
El crecimiento continúa. Compran el local Tejera y siguen trabajando con ambos. “Dos ferias mensuales: los 3 en Tejera y los 19 en Goñi”.
Como actividad complementaria realizaban remates eventuales de maquinarias, herramientas y muebles, liquidando sucesiones, alguna venta de campo o de casas, porque “el que vendía el campo quería comprar una casa”.
En esa época, Silvana acompañaba trabajando el día de la feria; los demás días estaba en su casa, al frente de su familia.
En determinado momento las cosas empiezan a cambiar y agrega, un poco en broma y un poco en serio: “Porque ahora trabajo más yo que él”.
Los negocios inmobiliarios comienzan a cobrar fuerza. Recuerda el proceso: “Un poco antes de embarazarme de Sarah, que vino después de nueve años del más chico, yo estaba fascinada porque era una nena y bueno me empiezo a hacer cargo de la inmobiliaria por otro lado, toda la vida me había gustado crear, me gustaban las decoraciones, los cambios, las reformas. Si bien vendía casas siguiendo los pasos de mi marido, empecé a darle un impulso propio e importante”.
Al mismo tiempo comienza a tejer junto con su cuñada, “la Pocha”. Un día va a una boutique, muestra los chalequitos que estaba haciendo y los ofrece. Llevaban el nombre de “Dulces Abejitas”. Era todo en lana top; además hacía bufandas, vestidos, ropa de niño, mantas para cama de una y dos plazas y ruanas. Ella diseñaba y contrataba gente.
Se entusiasma tanto que abre una boutique propia frente a la Plaza Sarandí, llamada Drops. Comenzó a traer marcas de productos para niños, Caterpillar, Huss Puppies, etcétera. “Yo armaba la vidriera, compraba, vendía, ponía precios, tenía una chica que atendía el local. Pero además era mamá de cinco: dos en Montevideo, dos adolescentes y una bebé. Y, además, la inmobiliaria. Era una locura. También acompañaba a Eduardo en las ferias ganaderas”.
En determinado momento Eduardo le plantea la necesidad de tomar una decisión: “Me dice: ‘La boutique o la inmobiliaria’. No lo dudé: la inmobiliaria. En realidad, con más tiempo disponible, comencé a dedicar el tiempo y esfuerzo que requería realmente ese trabajo. Sigo hasta ahora en la parte inmobiliaria y no me puedo quejar. La gente me ha acompañado, he fidelizado clientes, me tienen confianza, soy muy transparente. Me gusta brindar lo mejor de mí. También les doy ideas de como reformar, sugiero”.
La inmobiliaria está ubicada en la esquina de Rivera y José Pedro Varela.
Hace tres años cerraron el local de ganado y ambos se dedican a la inmobiliaria. Eduardo, preferentemente a lo rural, y ella a lo urbano: independientes, pero complementándose en todo.
El espíritu emprendedor de Silvana no descansa y la visión para los negocios y las oportunidades tampoco.
Durante la pandemia, ante la radicación de la empresa UPM en la zona, comienza a comunicarse con Finlandia vía internet, con el objetivo de ofrecer casas en alquiler. Pasaba fotos, ofrecía propiedades y los finlandeses iban eligiendo. Cuando se levanta el aislamiento, quieren ver las casas personalmente y visitan Durazno.
En una de esas conversaciones, una de las chicas encargadas le pregunta dónde se hacen los carnés de salud en Durazno, dato que necesitaban para sus trabajadores y personal. “Dejá que te averiguo”, fue la respuesta.
En esa búsqueda de información para brindar a sus clientes, descubre que existe una demanda insatisfecha en Durazno. Cuando informa que no hay una clínica privada en la ciudad, quienes habían solicitado la información no lo pueden creer.
“Un día me despierto pensando en el carné de salud. Creo que fue Dios. Y me pregunto: ¿a quién invito para llevar adelante este proyecto? Porque yo te vendo lo que sea, pero en el área de salud, que es muy seria, precisaba alguien formado, con conocimiento, muy responsable y, sobre todo, de mi confianza. Llamo a Iliana Firpo y la invito. Me pidió que la dejara pensar. Me llevó casi un mes convencerla. En realidad, le di un ultimátum: ‘Flaca (cómo le digo yo!), si no te decidís, desestimo la clínica’”.
Su respuesta fue que lo hacían. Así comenzaron: consiguieron Local, lo reformaron y lo compraron. “Todo lo hicimos Iliana y yo, mano a mano”.
Así nació Clinical Center Medicina Integral, ubicada en Petrona Tuboras 434, entre 19 de Abril y Herrera.
En el año 2009 se convirtió al evangelio. Conoció al Señor, a Dios, de la forma en que ahora lo conoce. Era católica apostólica romana por tradición; ahora es evangélica, se bautizó y congrega en el Centro Cristiano Emanuel, en la calle Penza y Morquio. “Me cambió la vida, tuve un antes y un después. Nunca en mi vida había agarrado una Biblia. Un día me compré una y la leía como si la hubiera leído toda la vida”.
Cuando habla de ella y de este proceso, dice: “Soy muy polvorita, pero de corazón grande. Todas somos así, humildes, trabajamos con esfuerzo, siempre tratando de mejorar. Esto de la clínica fue una quijotada y nos fue bien, nos está yendo bien. Fue Dios el que me lo mostró. Lo hicimos contra la opinión de muchos que, bien intencionados, nos aconsejaban no meternos. Pero vamos para seis años y seguimos creciendo. No somos emergencia, atendemos con agenda previa. Además de análisis clínicos, hemos incorporado ecografías y ahora colposcopía. La Gerente y Nurse Margot Gamarra es un miembro más de nuestro cuerpo, es nuestra persona de confianza, es la indicada para este trabajo.!
“En mis pocos tiempos libres me nutro con la palabra de Dios, escucho prédicas. Ahora me incorporé a Pilates con Anita Ortega y, cuando vengan los días lindos, voy a salir a caminar. Nada más. Después tomo mate, me encanta limpiar, refriego como loca. Si cuadra, agarro el pincel y pinto casas. Aunque he llegado a pintar algún cuadro también. Me encantan las plantas. He decorado casamientos, cumpleaños, todo, porque me gusta”.
Le gusta reunir a la familia: “Soy juntadora de familia: mis hijos, hermanos, sobrinos, cuñados, mi padre y amigos. Siempre tratamos de juntarnos, porque no queremos juntarnos en los velorios, queremos hacerlo cuando estamos vivos. Y lo hacemos en la casa de uno o del otro, pero la familia siempre junta”.
Le pregunto si tiene sueños por cumplir y responde: “La vida me ha dado tanto. Solo le pido a Dios que me permita seguir viviendo, porque si me quiere llevar con Él estoy preparada, me puedo ir tranquila. Soy totalmente imperfecta, he cumplido todo”.
Recomienda mirar para adelante, no para atrás ni para los costados. No fijarse en lo que hacen los demás: “Si te copian es porque estás haciendo las cosas bien. Hay que seguir para adelante siempre, ser honesto, porque la honestidad te lleva a todos lados”.


