En esta columna de La memoria en imágenes recorreremos la trayectoria de Nicolás Vidal, desde sus primeros aprendizajes en Montevideo hasta sus proyectos autorales y su trabajo en la formación de otros fotógrafos. Nos detendremos en la Punta del Este fuera de temporada de Testigos, en las imágenes de vigilancia intervenidas por niños y adolescentes en Habitar y en la recuperación de historias familiares del Archivo de la Memoria Charrúa. Un recorrido que también pasa por SUR, los talleres con vecinos, los festivales y el fotolibro, para conocer cómo conviven en su práctica la búsqueda personal y el acompañamiento de relatos compartidos.
La trayectoria de Nicolás Vidal puede recorrerse a través de sus fotografías, pero también de los espacios que ayudó a construir para que otras personas pudieran producir las suyas. Las dos actividades avanzan juntas: mientras desarrolla proyectos personales, participa en talleres, archivos y propuestas educativas donde la imagen se convierte en una herramienta compartida.
Nació en Montevideo en 1979. Según cuenta en su presentación en SUR, su interés por la fotografía comenzó cuando trabajaba como conductor de un ómnibus de línea en la capital. Es un antecedente que menciona al explicar cómo llegó al oficio, antes de que la cámara pasara a ocupar el centro de su vida laboral.
Los primeros aprendizajes
Desde 2006 realizó cursos de fotografía en distintas instituciones. La Casa de la Cultura aparece entre los primeros lugares de formación que recuerda. Más adelante amplió sus estudios mediante talleres y el Programa de Fotografía y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Su primera experiencia laboral como fotógrafo llegó durante un viaje a República Dominicana, donde comenzó a realizar sesiones fotográficas. Ese aprendizaje práctico acompañó una decisión que, con el tiempo, se volvió definitiva: dedicarse profesionalmente a la imagen.
En sus primeros proyectos ya aparecen intereses que luego se desarrollarían por caminos diferentes. En Cosas pequeñas, incluida en Fotograma 2011, sus fotografías dialogaron con textos de Paula Colonna. La relación entre imágenes y palabras también dio lugar a actividades educativas: en 2014, ambos llevaron una propuesta de taller a la Fiesta de la Palabra de Bariloche.
La fotografía podía ser una obra para contemplar, pero también el comienzo de una historia que alguien más continuara.
Aprender cómo aparece una imagen
Como fundador de SUR, Vidal desarrolló una parte importante de su actividad junto a la fotógrafa y docente Lorena Larriestra y otros colaboradores. Allí, la enseñanza tomó la forma de experiencias dirigidas a públicos diversos, con propuestas que combinaban experimentación, observación y creación.
Uno de esos antecedentes fue Encomienda Fotográfica, seleccionado por el Fondo Concursable para la Cultura en 2013. El proyecto, cuyo responsable ante la convocatoria fue Martín Monteverde, propuso talleres en Flores y San José. Vidal integró su desarrollo educativo.
Otra experiencia fue La Cámara Gigante. En diciembre de 2014, el Centro de Fotografía de Montevideo anunció actividades coordinadas por Larriestra, Monteverde, Vidal y Jenny Piazza. La propuesta permitía acercarse al funcionamiento de la cámara oscura mediante una experiencia participativa. Posteriormente obtuvo apoyo del Fondo Concursable de 2015 para su desarrollo en el interior del país.
Detrás de estas iniciativas había una pregunta elemental, anterior a cualquier modelo de cámara: cómo se forma una imagen. Volver a ese principio permitía abordar la fotografía desde la curiosidad y la experiencia directa.
Entre 2014 y 2015, Vidal también desarrolló Fotografía en Libertad, en el Centro de Rehabilitación N.º 2 de San José. El trabajo incluyó cámaras oscuras, fotografía estenopeica, rayogramas y cámaras digitales compactas. Los procedimientos ofrecían distintas maneras de producir imágenes dentro de un contexto de privación de libertad.
Un barrio contado por sus habitantes
La participación de otras personas en la construcción de los relatos adquirió una dimensión particular en su trabajo con el Centro de Fotografía de Montevideo.
En 2017 coordinó los encuentros que dieron origen a Ciudad Mía, una experiencia de MUFF, el festival de fotografía del CdF. Ocho habitantes de Ciudad Vieja se reunieron semanalmente entre marzo y julio en el Museo del Carnaval. El proceso reunió recuerdos, archivos personales y fotografías para elaborar una narración del barrio desde sus propias experiencias.
La exposición se presentó en la Fotogalería Ciudad Vieja entre el 23 de septiembre y el 20 de noviembre de ese año. Las imágenes y las historias correspondían a los participantes; Vidal acompañaba el proceso de elaboración.
Esa distribución de tareas ayuda a comprender una parte de su trayectoria. En estos proyectos, su intervención consiste en generar las condiciones para que otras personas puedan reconocer, seleccionar y comunicar aquello que consideran significativo de sus vidas.
Punta del Este cuando termina la temporada
En Testigos, su trabajo autoral se concentra en otro tipo de presencia: la que dejan las construcciones cuando las personas ya no están.
La serie observa paisajes nocturnos de Punta del Este fuera de la temporada estival. La ausencia humana y la iluminación de los espacios construidos producen escenas detenidas, próximas por momentos a un escenario cinematográfico. El balneario aparece despojado del movimiento que suele definir su representación turística.
En la presentación del proyecto, Vidal relaciona esas imágenes con preguntas sobre el crecimiento urbano, el acceso a la vivienda y los espacios que permanecen desocupados. La serie permite leer la arquitectura como una huella de decisiones económicas y sociales, además de como una transformación del paisaje.
Testigos obtuvo una selección en el llamado expositivo del SUBTE de 2018 y fue finalista del Premio de Fotografía Contemporánea Latinoamericana del Festival Luz del Norte, en México, ese mismo año. También se presentó en la Fundación Pablo Atchugarry entre el 3 de noviembre y el 15 de diciembre de 2018.
La formación como trabajo sostenido
En paralelo con su producción personal, Vidal continuó participando en espacios de formación. En la tercera edición de San José Foto, celebrada en 2018, SUR desarrolló el Área Educativa y Comunitaria, coordinada por Vidal y Larriestra.
El festival ofrecía así una posibilidad de participación que incluía a la comunidad local y la producción de imágenes. La enseñanza formaba parte de la propia experiencia del encuentro fotográfico.
A fines de 2018 surgió también RUMBO, el espacio de formación de Casa Arbus en cuya creación participaron ambos. Vidal lo coordinó durante seis años.
Estas experiencias permiten seguir una continuidad entre sus distintos ámbitos de trabajo: los talleres iniciales, los procesos con vecinos y la formación de personas que buscan desarrollar un proyecto fotográfico propio.
Intervenir las imágenes de la vigilancia
En 2021, Habitar fue uno de los proyectos seleccionados por el festival colombiano Cali Foto Fest.
La propuesta partía de imágenes de videovigilancia intervenidas por niñas, niños y adolescentes. Sobre esos registros de espacios deshabitados aparecían otras posibilidades de representar el mundo, atravesadas por la experiencia de la pandemia y sus distancias.
El procedimiento modificaba también el lugar de quienes participaban: podían actuar sobre una imagen ya existente, alterar su sentido y proponer algo que el registro original no contenía.
Leído junto a sus experiencias educativas anteriores, Habitar muestra cómo la enseñanza y la creación se cruzan en su trabajo. La participación de los demás interviene directamente en la forma que adquiere la obra.
Las fotografías que conservan las familias
Otra línea de su trayectoria se desarrolla en el colectivo Nativo, integrado por Diego Alegre, Lorena Larriestra, Federico Estol y Nicolás Vidal, con antecedentes de trabajo conjunto desde 2015.
Entre sus iniciativas se encuentra el Archivo de la Memoria Charrúa, que reúne fotografías familiares, documentos y relatos vinculados a personas y comunidades que se reconocen como charrúas.
La construcción de ese archivo exige acercarse a las historias que acompañan las imágenes: quién aparece, qué recuerda su familia, dónde se conservó la fotografía y qué significado tiene para quienes la aportan.
Aquí, el trabajo fotográfico incluye la recuperación y organización de materiales existentes. Un retrato guardado durante años puede adquirir una nueva dimensión cuando se incorpora a un relato colectivo, conservando su vínculo con las personas que lo custodiaron.
Del museo al fotolibro
La actividad profesional de Vidal también comprende el registro de obras de arte y su trabajo como fotógrafo del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, MACA. Esa tarea lo vincula con artistas, exposiciones y publicaciones.
En el mismo ámbito participa como gestor de Órbita, Encuentro de la Imagen, cuya primera edición se realizó los días 4 y 5 de octubre de 2025. La programación reunió actividades sobre fotografía, archivos, publicaciones y procesos de creación.
Su recorrido reciente suma además un reconocimiento en el campo del fotolibro. TOWERS recibió una mención de honor en la categoría uruguaya del llamado CdF Ediciones 2027, cuyos resultados fueron anunciados en junio de 2026. La distinción corresponde al proyecto presentado a la convocatoria.
Desde las primeras experiencias con la cámara hasta estas búsquedas editoriales, Vidal ha trabajado con imágenes que cumplen funciones diferentes: observar una ciudad, abrir una pregunta, recuperar una historia familiar o permitir que alguien ensaye una forma propia de contar.
Su trayectoria se vuelve más clara cuando esas actividades se leen juntas. El fotógrafo que construye una serie personal convive con el docente que acompaña decisiones ajenas y con quien participa en un archivo colectivo. En ese ir y venir se reconoce una práctica sostenida: producir fotografías y dedicar tiempo a lo que otras personas pueden hacer con ellas.


