“Ahora venimos a pedir auxilio al gobierno de mi país”

El periodista deportivo uruguayo Ismael Antonio “Tony” Pintos repasó el extenso conflicto judicial que mantiene con la Conmebol desde 2013. Tras obtener fallos favorables en primera y segunda instancia y sufrir luego la anulación de esas resoluciones en Paraguay, regresó a Uruguay acompañado por Maximiliano Silveira para solicitar apoyo estatal, mientras enfrenta una delicada situación cardíaca.

Usted lleva catorce años transitando un reclamo judicial. ¿Cómo comenzó esta situación y por qué?

Vengo transitando desde hace catorce años un juicio laboral con la Conmebol. Yo hacía un programa que duró dieciocho años, El Mundo de la Conmebol. Ingresé a la institución en 1996 y, en 2004, el presidente de aquel entonces, el doctor Nicolás Leoz, me dio también la oportunidad de trabajar en el Departamento de Publicidad y Marketing.

¿Allí nació el problema?

Sí. En 2012, durante la final de la Copa Sudamericana en el estadio Morumbí de San Pablo, jugaron San Pablo, el equipo local, y Tigre de Argentina. Se disputó el primer tiempo y San Pablo ganaba 2 a 0. El equipo de Tigre se retiró a los vestuarios y, cuando bajaba por el túnel, se produjo una trifulca con integrantes de la seguridad de San Pablo, que estaban allí para resguardar a los protagonistas.

Eran unos quince o veinte muchachos de alrededor de un metro noventa, con físicos trabajados y no más de 35 años. Les pegaron muy feo a los jugadores de Tigre. El equipo no salía a disputar el segundo tiempo; pasó una hora, una hora y cuarto, y no salía.

Me acerqué al vestuario y un allegado a la institución de Tigre me contó: “Tony, nos agredió la seguridad de San Pablo”. Con esa información fui hacia el palco. Cuando subía para salir al campo de juego y dirigirme al palco oficial del estadio, me encontré con Marcelo Benedetto, que había trabajado conmigo y en ese momento trabajaba en Fox. Él me comunicó con Fernando Niembro.

Fernando me preguntó: “¿Qué pasó, Tony? ¿Por qué no sale Tigre?”. Le conté que hubo una agresión y una trifulca, pero que lo más sano era recurrir a la voz oficial. La transmisión era de Fox Sports, con Fernando Niembro. Entonces Marcelo Benedetto fue al vestuario del árbitro para interiorizarse de por qué no salía el equipo. Así fue, pero eso me trajo problemas.

El conflicto, sin embargo, había comenzado un tiempo antes. En 2010 llevé un cliente a la Conmebol por mi trabajo en Publicidad y Marketing. Ese cliente compró por 42 millones de dólares el nombre y la publicidad del torneo: Paco Casal, a través de Global Sports. Con esa premisa, ¿qué persona no gana una comisión?

En ese ínterin me sacaron de la Conmebol sin decirme nada. Pasaron nueve meses sin que cobrara el sueldo y entonces inicié una demanda en Brasil. Yo estaba trabajando allí con material sobre los campeones del mundo a lo largo de la historia, porque el Mundial se jugaría en Brasil al año siguiente. Eso fue en 2013. Tenía muy buen material para mi programa y, además, colaboraba con Marco Polo Del Nero, presidente de la Federación Paulista de Fútbol. Me sentía muy bien trabajando allí y tenía material de primera para el programa.

Se juntaron las dos cosas: mi desvinculación y el reclamo de la comisión que incluí en el expediente. La Justicia de Brasil se declaró incompetente porque la denuncia involucraba a una persona extranjera y a una empresa extranjera. Entonces llevé el juicio a Paraguay. La abogada especializada en Derecho Deportivo me dijo que podíamos intentarlo y que podía demorar uno o dos años. Le respondí que lo llevara a Paraguay.

Nunca imaginé lo que ocurrió después. Durante siete años transité todas las instancias del juicio y obtuve fallos favorables en primera y segunda instancia, pero considero que el caso se politizó.

¿Cuándo considera que la política comenzó a incidir en el juicio?

Creo que siempre. Desgraciadamente vivimos una época muy difícil en estos países. Mire lo que está pasando en Argentina y en Brasil. No quiero pensar lo que puede sufrir Brasil después de cómo Lula había logrado sacarlo adelante. Cuando llegó al gobierno, planteaba que todas las familias tuvieran garantizada la comida.

¿Se refiere a la asistencia alimentaria?

Sí. Hoy están muy bien. Yo tuve una vivienda en Brasil durante más de veinte años y es una maravilla. Tanto el turismo de Uruguay como el de Argentina viajan mucho a Brasil; también el de Paraguay.

Usted quedó sin trabajo.

Quedé sin trabajo y durante siete años litigué. Me considero víctima de la Justicia paraguaya porque todo lo que presentaban mis abogados lo ganábamos: no tenían argumentos. Cuando el caso se politizó, intervino el entonces presidente Horacio Cartes para defender a la Conmebol, algo que no correspondía. Yo le hacía notas porque él había sido presidente del Club Libertad, una institución muy importante de Paraguay, pero eso no sirvió de nada.

¿Cuánto dinero dejaba la Conmebol en Paraguay?

No querían pagarme. Alejandro Domínguez, actual presidente de la Conmebol, entró por la ventana porque nunca había sido presidente de nada. Esa es la realidad. Cuando asumió en 2016 no podía firmar cheques; después pasaron siete meses y comenzó a sumar dinero a su bolsillo. Hoy es multimillonario. Me compró de todo: presidentes, miembros de la Corte, senadores, vicepresidentes, integrantes del Jurado de Enjuiciamiento. También compraba a mis abogados.

¿Qué ocurrió con sus abogados y con usted?

La plata mueve montañas. Yo cobré solamente 50.000 dólares de los cuatro millones y medio que el juez me había reconocido por los diecisiete o dieciocho años que estuve vinculado. El 15 de octubre de 2018 me anularon las sentencias. Al terminar ese año me dieron 400.000 dólares y hasta hoy sigo sufriendo las consecuencias.

Mi abogada presentó una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington. En su declaración sostuvo que ese dinero era parte de lo que tenía que cobrar y que la Conmebol no me había pagado. De alguna manera estuvo bien, pero rechazaron los argumentos de la denuncia porque faltaban elementos.

Pasaron dos años y tomé contacto con Maximiliano Silveira, un muchacho que está estudiando abogacía, se interesó por mi caso y trabaja muy bien en derechos humanos. Ahora venimos a pedir auxilio al gobierno de mi país.

Todo esto ocurrió en Paraguay. ¿Por qué decidió regresar a Uruguay?

Porque estos años de sufrimiento afectaron mi corazón. Tengo tres stents, un doble bypass y ahora necesito una válvula. En Paraguay me la vienen negando. Me dijeron directamente: “No te vamos a poder pagar esa válvula porque es cara”; cuesta más de 30.000 dólares.

Maximiliano Silveira me aconsejó venir: “Vení, vamos a ver qué podemos hacer”. Y acá estoy. Él me acompaña en este momento. Tengo mucha confianza en esta nueva etapa de mi vida, porque se trata de eso.

Estoy viviendo gracias al Señor. La muerte súbita está a la vuelta de la esquina para mí. Esa es una realidad: estoy expuesto y eso me tiene, no diría preocupado, pero sí en vilo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *