Su esencia: una medicina más humanizada

Patricia Fabiana Paredes Imbert, de 39 años, es médica cirujana, especializada en mastología. Sus padres, Diego Paredes, “trabajador de toda la vida en el Posto”, y Daisy Imbert, “profesora de Biología”, fueron quienes le transmitieron y enseñaron la importancia del esfuerzo, de la superación constante y del estudio.

Por Anabela Prieto Zarza

“Esos valores, sumados a mi esfuerzo personal, porque nadie me regaló nada, fueron determinantes en la construcción de mi carrera. La cirugía para las mujeres no era muy fácil. Ahora las cosas han cambiado, somos cada vez más”.

Natalia, su hermana, tiene 37 años y es arquitecta.

Patricia ha formado una hermosa familia con Martín de los Reyes Montero, su esposo, y es la orgullosa mamá de Guzmán, de 7 años, y Mateo, de 3.

Se considera una persona muy exigente, que siempre está buscando nuevos desafíos. Se sabe buena persona y procura hacer el bien a la mayoría de quienes la rodean, “especialmente a las personas que quiero”.

De niña concurrió al Jardín Nº 83, luego a la Escuela Nº 6 y cursó la secundaria en el Liceo Rubino. Toda su formación proviene de la Educación Pública.

Desde pequeña sabía que quería ser médica. Sus juegos eran de médicos: era la doctora del grupo de compañeros y de los amigos de la infancia. “Mi vocación estuvo siempre súper definida”.

Cuando inicia la carrera se adapta perfectamente y confirma que había elegido correctamente aquello que le gustaba hacer. Le fue muy bien durante todo el transcurso de la misma, no perdió exámenes y la culminó en el tiempo esperado. Cuando ingresa a la Residencia de Cirugía General en el Pasteur, lo hace ocupando el primer lugar de la lista. “Fue una confirmación de que todo el esfuerzo había valido la pena y me permitió elegir mi residencia en el Hospital Pasteur”.

El reconocido cirujano Carlitos Arévalo, según ella, un mastólogo brillante, operaba en Durazno y la invita a trabajar con él. Así comenzó el regreso a su ciudad natal. En 2020 deciden volver definitivamente. Patricia toma algunas guardias en Durazno y deja su trabajo en Montevideo. Martín, que tiene una licenciatura y una maestría en informática, tiene la posibilidad de trabajar desde su casa. Por lo tanto, volver a Durazno fue una decisión oportuna para la joven familia.

Comienza entonces su camino en la especialización en mastología, tanto en Uruguay como en el exterior, donde ha realizado la mayoría de sus capacitaciones. Al mismo tiempo, trabajar con Carlitos Arévalo, quien fue su guía, le permite profundizar en esta rama de la cirugía.

Considera que, para las mujeres, en un ambiente que era bastante masculinizado, pudo en su momento plantear algunas exigencias adicionales. Reconoce y valora que, en Durazno, los cirujanos son muy unidos y se apoyan muchísimo, por lo que todo resulta más fácil.

En una sociedad que sigue siendo machista en muchos temas, muy ocasionalmente algún paciente cuestiona una opinión por provenir de una mujer. En esos casos, que son aislados, el respaldo del resto de los colegas es fundamental y esos cuestionamientos se superan rápidamente.

Cuando habla de su trabajo, dice que “es una profesión que sensibiliza mucho, estás en contacto con el paciente, con su salud, su vulnerabilidad y, en ocasiones, en contacto con la muerte”.

Sigue siendo muy inquieta en cuanto a sus actividades y, por eso, está promoviendo junto con los equipos de salud de las instituciones donde trabaja actividades de concientización y actualización sobre el cáncer de mama y las patologías cardiovasculares.

Las mismas están dirigidas a la comunidad, pero también a los trabajadores de la salud. Es su manera de contribuir positivamente a la sociedad.

También en el Hospital y en Sanidad Policial se realizan cursos sobre prevención del cáncer de mama y sexualidad. En todos los casos, las actividades de sensibilización buscan abordarse de forma multidisciplinaria y llegar a la comunidad, que es el principal objetivo.

“Esa es bastante mi esencia: además de la medicina, hacer una medicina más humanizada. Hay gente que no consulta, que piensa que no le va a pasar. Con toda la información y las campañas, sigue pasando que no consultan”. La detección temprana salva vidas, sin dudas.

Sus tiempos libres los dedica a estar con sus hijos y darles tiempo de calidad, realizar actividades al aire libre y andar en bicicleta. También le gusta juntarse con amigos, ir al teatro y “hacer comunidad con la gente”.

Es una principiante en el tenis, deporte que ha comenzado a practicar recientemente.

Cuando volvió a Durazno extrañó un poco las actividades y los amigos de Montevideo, pero después se fue adaptando. Van de vez en cuando y, además, han establecido nuevas actividades y vínculos con amigos en Durazno.

Cree en Dios, y eso pone de manifiesto su espiritualidad.

Entre sus sueños tiene todavía muchos proyectos por cumplir. “Quiero seguir creciendo en la mastología, continuar formándome y, sobre todo poder seguir desarrollando una atención cada vez más integral y humanizada para las pacientes de Durazno y de la región.”

Uno de sus principales desafíos es continuar fortaleciendo la atención de enfermedades mamarias en el interior, acercando a las pacientes herramientas de diagnóstico, tratamiento y prevención que muchas veces están más concentradas en Montevideo.

“Me gustaría que podamos seguir creciendo como equipo, trabajando de manera interdisciplinaria y generando cada vez más oportunidades para que las pacientes puedan acceder a una atención de calidad sin tener que alejarse de su lugar de origen”.

Cree que las mujeres, cuando quieran alcanzar una meta o un objetivo, deben ser perseverantes, tratar de construir y buscar la manera propia de llegar. Siempre va a haber alguien para ayudar, para dar un consejo. Nunca deben encerrarse, ni quedarse con algo si no les gusta, sino tratar de construir vínculos saludables.

“Nunca se rindan, luchen por lo que quieren, no se queden con los brazos cruzados, háganlo de la forma que quieran, no tengan miedo”.

 

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