El abrazo fuerte y la agenda de abuelas

María del Carmen Vidalin Aguirre, sicóloga de profesión, es hija de José y de Mirza. José era almacenero y Mirza, profesora de francés. Dio clases durante algunos años en su casa, pero luego optó por dedicarse a las labores del hogar.

Por Anabela Prieto Zarza

De sus padres habla con inmenso amor. Su mamá falleció cuando María del Carmen era joven. Guarda gran admiración por su papá, porque reconoce que, siendo un hombre de pocas palabras, quizá hasta algo rústico, resignó su vida personal para terminar de criar y educar a sus hijos.

Es hermana de Carmelo, a quien todos conocemos como Cacho, y está casada con Lilo. Es mamá de Sibila, arquitecta, y Acacia, economista.

Tiene claro quién es y se define como una mujer que ama profundamente la vida. Se considera íntegra, con coherencia entre lo que dice y lo que hace, muy sensible, que desde siempre sintió la vocación de servir a todo aquel que viera desprotegido o vulnerable. Siempre sintió profundamente el deseo de tender una mano, de ayudar. Quizá eso determinó la elección de su profesión.

Es muy activa, empática, observadora y tiene una escucha muy atenta. “Creo que espero siempre para decir la palabra que entiendo que es la justa y hacerlo en el momento oportuno. Soy conciliadora, siempre trato de encontrar solución a los problemas, a las dificultades que surgen a mi alrededor, en lo personal y en lo laboral. Siempre lo hice contemplando a todas las partes y siempre tuve claro la importancia del respeto y la igualdad de quienes se planteaban en esa situación problemática”.

“Me dicen que soy una persona muy afectuosa, de dar abrazos muy fuertes y en ese abrazo lo que doy es mi energía positiva, mi amor, pero también es un reconocer y valorar a esa persona a la que abrazo”.

Con la humildad que la caracteriza agrega: “Tengo defectos y muchos; pero hay dos que son la autoexigencia y la autocrítica. Incluso en oportunidades se me ha dificultado mucho delegar, porque realmente todo lo que asumo, en el momento que decido hacerlo, es con el máximo de responsabilidad y compromiso. Actualmente estoy trabajando en eso”.

Creció en el Barrio de Las Barreras, hoy llamado Plaza de Deportes N.º 1. “Mi barrio querido, en el cual sigo viviendo, porque de mi casa paterna me trasladé 100 metros. Ese barrio es para nosotros como una familia grande. Tengo recuerdos y vivencias muy lindas con mi hermano y sus amigos y con mis amigas del barrio”.

De niña fue al Colegio de la Inmaculada Concepción. Allí hizo primaria y secundaria. Bachillerato en el Liceo Rubino y realizó sus estudios terciarios en la UDELAR. Siempre tuvo clara su vocación, que tenía que ver con su forma de ser. Los recursos económicos en su casa eran escasos para ir a Montevideo a estudiar. “Mi hermano, que había comenzado a trabajar y que sabía que la sicología era mi vocación desde siempre, me impulsó y me ayudó, y estaré eternamente agradecida por eso”, dice emocionada.

Una vez que culmina su carrera, vuelve a Durazno. “En esa época mi profesión era un tabú. Sin embargo, enseguida se me abrieron puertas, me inserté laboralmente, comencé a tener pacientes, preferentemente niños. No me quedé solo con la clínica, seguí formándome en otras áreas: laboral, social e incluso en sicología del tránsito en la Universidad de Valencia”.

María del Carmen ha trabajado en instituciones públicas y privadas, con niños y adolescentes en convenios con INAU y con poblaciones adultas en Programas Sociales del MIDES. Su trabajo le ha permitido desempeñarse y conocer la realidad de todo el departamento. También ha desarrollado su actividad profesional en Montevideo, adonde viajaba dos veces por semana, y en el interior del país, en lugares como Paso de los Toros, Trinidad y Tacuarembó, como asesora del Plan CAIF y como integrante de equipos post obras del Ministerio de Vivienda.

Se siente feliz de haber podido trabajar toda su vida en la profesión que eligió y vivir de ella.

Unos años después de recibirse e instalarse en Durazno, se casa con Lilo Ibarra, un tacuaremboense que conoce en Durazno hace 40 años. Desde hace 36 que están casados.

Habla con inmenso amor de su esposo y de sus hijas. “Lilo es el mejor compañero que me pudo dar la vida, es tolerante, paciente, muy estudioso, tiene una vida interior muy rica y me trasmite paz. Construimos una hermosa familia, tuvimos dos hermosas hijas, que son personas muy queribles, empáticas, fraternas, siempre están de brazos abiertos y manos extendidas para todo el que está a su alrededor. Son soñadoras, siempre han ido atrás de todos los proyectos que se han propuesto y con mucha dedicación y trabajo han logrado lo que se han propuesto. Pero hay algo muy importante sobre mis hijas que me hace muy feliz: la unión y la amorosidad que hay entre las hermanas, y eso es algo que creo se llevaron del hogar. En mi casa, para mis padres, la familia, sus hermanos, eran todo. Para mi hermano y para mí es de la misma manera. Tú con un hermano puedes tener diferencias de pensamiento, en el encare de algunos temas, pero el amor filial es indestructible. Así lo siento yo y mis hijas igual”.

Hay acciones que reflejan claramente quién es una persona y esa coherencia entre el pensar y el hacer a la que María del Carmen refería anteriormente. Lo refleja en una actividad honoraria que realizó durante la pandemia, así como en su profunda y genuina vocación de servir.

Ante el aislamiento que impuso la pandemia, María del Carmen pensó: ¿cuáles son las personas más desprotegidas? Se respondió: los niños y los adultos mayores. Pensó en los adultos que vivían solos, que no podían ver a sus nietos, a sus familiares y amigos. Ella sabe lo que significa la tristeza del adulto mayor en soledad. Se hizo una agenda de abuelas que vivían solas y semanalmente las llamaba por teléfono. Charlaban media hora, una hora, lo que fuera necesario. “Ellas esperaban con ansias esa llamada y me contaban las preocupaciones por su salud, por su familia, cómo extrañaban a sus nietos, también me contaban anécdotas de sus vidas. A mí también me hacía bien, me sentía útil, era gratificante para mí también”.

En sus tiempos libres, le encanta disfrutar en familia, entrenar tres veces por semana, cumplir con sus caminatas diarias, tener tiempo para la lectura y proyectar viajes en familia y con amigas.

No tiene sueños por cumplir, pero lo que sí tiene como proyecto principal es “cuidar mi salud y seguir trabajando internamente mi persona. Me siento reconocida y valorada en mi comunidad, por lo cual estoy muy agradecida y pienso que es por mis convicciones y por mi forma de actuar frente a la vida y frente a los demás”.

Considera que “todos los seres humanos somos maravillosos, pero debemos ser muy inteligentes para podernos mirar con ojos de bondad. Debemos observarnos, escucharnos, aceptarnos, querernos y confiar en nosotros. Si eso sucede, te diría que todo lo que te propones lo logras en la vida”.

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