A su propio ritmo

Raquel Solange Díaz Agüero, de 39 años, es hija de María Eulalia Agüero. Es la menor de diez hermanos. Está en pareja con Carlos Duarte, músico de profesión, y es mamá de Luciana, de 13 años, y Bruno, de 6.

Por Anabela Prieto Zarza

Dice que Solange es un personaje que ella creó, su escudo frente a la vida, el de una mujer que dice que se crió sola.

Nació en Durazno. Su escolaridad pasa por el Jardín N.º 87, la Escuela N.º 10 y concurre al liceo hasta cuarto año.

Continua sus estudios en la UTU, donde cursa peluquería y se recibe de peluquera. De hecho, trabaja un tiempo haciendo peluquería a domicilio, mientras se desempeña en atención al público en distintos comercios.

Nunca había bailado, ni siquiera en las fiestas de la escuela, ni en grupos de baile, ni en ningún otro lado, pero ella quería ser profesora de danza urbana: “No había chance de hacer otra cosa”.

Su formación es amateur, aunque, ya más grande, asiste durante tres años al INAE, Instituto Nacional de Artes Escénicas, donde estudia Gestión y Danza. Lo hizo de forma mixta, con clases virtuales y pruebas presenciales.

A los 15 años comenzó a dar clases de danza en escuelas de Durazno. “Las maestras me pagaban el sueldo como una colaboración y yo les armaba todas las fiestas”.

De forma más formal, comienza a dar clases de danza cuando ingresa al INJU Durazno, en el programa IMPULSA, dando clases a jóvenes duraznenses. También lo hizo en el Colegio de Carlos Reyles (SARU) y en los hogares de INAU, donde tuvo la posibilidad de trabajar con jóvenes que necesitaban contención y la posibilidad de realizar actividades donde pudieran manifestar sus habilidades y canalizar las distintas situaciones que estaban atravesando.

Cuando tenía 18 años surge el grupo de baile “Los Discípulos”. Eran un grupo de adolescentes, todos parientes, primos, sobrinos. Al grupo lo dirigía su mamá, que fallece en el año 2009 a 10 días del debut: “nunca lo vio bailar”.

Solange deja de bailar durante un tiempo. Nace su hija y, posteriormente, para comenzar algo nuevo, con su propia identidad, le cambia el nombre a Fusión Dance, que se convierte en una academia privada que hoy funciona en el Club Wanderers.

La academia tiene más de 40 alumnos, de diferentes edades, a partir de los 5 años y de ambos sexos. Las personas mayores también participan de la muestra final.

Las clases se dictan tres veces por semana. Deja su contacto para consultas: celular 092 834 569. Agrega: “La academia está explotada de gente, pero cualquier cosa que consulten, porque siempre existe la posibilidad de coordinar algo”.

También la pueden contactar a través de las redes sociales: Facebook e Instagram, Fusión Dance.

Se siente una mujer feliz, que ha cumplido con lo que quería.

Cuando le pregunto qué hace en sus tiempos libres, me dice: “¿Qué es eso?”. Pero contesta, sabiendo que me asombra: “Me encanta mirar películas de terror, un café negro y que nadie moleste a Raquel”. Reitera que Solange es la de afuera y Raquel es la mujer que habita en su casa, con su familia.

Cree que no le quedan sueños por cumplir: “Ya los cumplí a todos. Lo que tengo es lo que yo quería, no quería algo más grande”.

Afirma que es complicado ser feliz: “Hoy miro mi vida y no sé cómo logré estar donde estoy. Puede ser porque fui insistente con lo que quería y quise hacerlo. Creo que va por ahí. Siento que estoy donde estoy por la lucha, gracias a todo lo que tuve que remar. Pero es lo que hay que hacer cuando uno quiere llegar a donde quiere”.

Termina hablando de sus hijos. La hija baila folclore. El día previo a la entrevista, la hija había bailado folclore en el Parque de la Hispanidad y ella, danza urbana en la Avenida Frugoni.

“Mis hijos fueron como mi salvación de vida, tener mi propia familia. Trabajé para que ellos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *