“El único instrumento que hay es la esencialidad”

El presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, encabezó una sesión de la conducción partidaria en Durazno y sostuvo que el Gobierno debe declarar la esencialidad ante la extensión del conflicto portuario. En la conferencia también se refirió a la Rendición de Cuentas, la descentralización, la situación de Baygorria, la Expo Prado, el sector agropecuario y la continuidad de la coalición republicana.

Buenos días para todos. Es un gusto agradecer a los medios de prensa que estén hoy acá y estar aquí en Durazno. El Directorio del Partido Nacional, la autoridad del partido, tomó la decisión de alternar sus sesiones entre la casa matriz, en la calle Juan Carlos Gómez de Montevideo, y el interior del país. Hoy viene a sesionar aquí, en una actividad organizada por el Directorio y la Comisión Departamental del Partido Nacional en Durazno.

No solamente tratamos temas políticos de actualidad y aprobamos una declaración sobre un asunto importante, urgente y necesario como el puerto, sino que además vamos a hacer lo que realizamos en cada salida, recorrida o sesión del Directorio en los departamentos: reunirnos con las organizaciones sociales.

Vamos a estar con la Sociedad Rural de Durazno, el Centro Comercial e Industrial, padres y madres de niños con trastorno del espectro autista, y con comisiones vinculadas a los adultos mayores, el género y la discapacidad. Después nos reuniremos con toda la estructura partidaria: la Comisión Departamental, ediles, alcaldes, el intendente, concejales y jóvenes del Partido Nacional de Durazno, que son quienes mantienen vivo al partido todo el tiempo.

Tratamos varios temas relacionados con los 190 años del partido, asuntos políticos de actualidad y la Rendición de Cuentas. También habrá un homenaje a alguien que es un emblema del Partido Nacional para Durazno, que nos acompaña en la mesa, tiene 97 años y es don Julio Arrillaga. Lo homenajearemos esta tarde. Además, aprobamos la fecha de la elección de jóvenes del Partido Nacional y un programa de capacitación que realizaremos con el Centro de Estudios para todo el país.

Quizás el tema más trascendente de hoy sea la situación del puerto, que se agravó. El 8 de septiembre, el Directorio del Partido Nacional emitió una declaración en la que advirtió sobre las consecuencias del conflicto para la producción, el empleo, el comercio exterior, la competitividad y, sobre todo, la imagen internacional de Uruguay, y le pidió al Gobierno que se hiciera cargo. Queríamos garantizar el artículo 1.º de la Ley de Puertos, que establece la operatividad permanente del puerto.

Después de mucho tiempo y tarde, a nuestro juicio, el Gobierno declaró los servicios mínimos, pero el conflicto no solamente continuó, sino que se agravó. Hubo una particularidad: cuando se decretaron los servicios mínimos, fueron a trabajar más trabajadores portuarios que los convocados. Había voluntad de trabajar por parte de los operadores y los trabajadores. Esto seguramente generó que el conflicto se extendiera, ya no solamente a una terminal, como la Terminal Cuenca del Plata, sino a todo el puerto de Montevideo y a puertos del interior, porque también incluye a Nueva Palmira.

El Gobierno y el país vuelven a quedar rehenes de una dirigencia sindical absolutamente intransigente e insensible. Hoy nos mencionaron situaciones de problemas laborales aquí, en Durazno, como consecuencia del conflicto, porque sus efectos se trasladan hacia atrás por toda la cadena productiva del Uruguay. Para nosotros es clave que el país no quede rehén de una dirigencia sindical que está de espaldas al Uruguay que trabaja y produce.

Volvemos a exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer: garantizar la operativa portuaria y retomar el gobierno del puerto. Tienen responsabilidad el Gobierno nacional, particularmente el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, del cual depende el puerto, y el Ministerio de Economía y Finanzas. En este momento se trata una ley de competitividad en el Parlamento y este conflicto erosiona el corazón de la competitividad del Uruguay.

Por eso insistimos, desde el Directorio del Partido Nacional, en que la declaración de esencialidad es el instrumento válido ante el incumplimiento de los servicios mínimos, la generalización del conflicto y su escalada. Hoy estamos peor que antes, porque no solamente tenemos una terminal paralizada, sino todos los puertos. Estamos ante una situación absolutamente grave y el Gobierno no puede dilatar ni un minuto más lo que debe hacer: devolverle al Uruguay la operativa necesaria para movilizar su comercio, su producción y sus productos exportables e importados, además de toda la cadena de producción y empleo en el territorio nacional. Ya estamos viendo que también repercute en el departamento de Durazno.

¿Qué opinión tiene el Partido Nacional sobre el proyecto de Rendición de Cuentas, que ingresa a consideración del Senado? El Frente Amplio afirma que cuenta con los votos. ¿Qué consecuencias tendría para la ciudadanía su aprobación tal como está?

Antes de que comenzara el tratamiento en Diputados, la coalición republicana tomó la decisión de no votar en general la Rendición de Cuentas, pero sí trabajar sobre una serie de artículos. Son más de 300 artículos: algunos venían muy mal redactados, otros podían mejorarse y también había propuestas para incorporar.

No la votamos en general porque es el balance de la ejecución presupuestal del Presupuesto Nacional durante el primer año. Nosotros votamos ese presupuesto porque tenemos responsabilidad y eso nos da autoridad moral: no dejamos al Gobierno sin el instrumento del Presupuesto Nacional y ahora podemos evaluar cómo lo ejecuta.

La ejecución fue absolutamente deficitaria y, además, no se cumplieron los pronósticos incluidos en el presupuesto. Bajaron la proyección de crecimiento del 2,2 % al 1,6 %, y los analistas ya están diciendo que este año apenas llegaría al 1 %. Obviamente, no tenemos forma de votar positivamente en general. Sí votamos en particular más de la mitad de los artículos y propusimos modificaciones.

Muchos artículos salieron de Diputados por unanimidad o casi unanimidad, con una enorme mayoría, y otros solamente con los votos del Frente Amplio y Cabildo Abierto. Ahora comenzó el tratamiento en el Senado. En este momento se discute en general la Rendición de Cuentas, pero el Frente Amplio canceló la discusión. En un acto insólito e inédito, no permitió discutir, no debatió y no dejó introducir ninguna modificación en temas tan importantes como, por ejemplo, el Instituto Nacional de la Leche.

Incluso hay artículos que el propio Frente Amplio reconoce que deberían modificarse o mejorarse, y algunos presentan redacciones defectuosas o errores jurídicos. Ofrecieron aprobar leyes complementarias para corregirlos, pero dijeron que no iban a tocar la Rendición de Cuentas.

Como decía Luis Alberto Heber, el diálogo tiene que materializarse. No puede quedar solamente en un discurso o una expresión de buena voluntad: después hay que sentarse a discutir algunas cosas para mejorarlas. Lo que ocurrirá hoy en el Senado es que la Rendición de Cuentas saldrá únicamente con los votos del Frente Amplio, porque los tiene, y quedará aprobada con defectos importantes, ya que no fue posible mejorar algunos aspectos como se hubiera querido.

El Partido Nacional reclama la declaración de esencialidad de la actividad portuaria. ¿Considera que corresponde aplicarla y que es la salida para regularizar la situación del puerto de Montevideo?

Hoy recibimos a Jorge Gandini, integrante del Directorio del Partido Nacional, quien nos brindó un informe muy amplio sobre el tema. Antes de emitir esta declaración y también la del 8 de septiembre, hicimos consultas con abogados laboralistas y con parte del equipo que estuvo en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social durante nuestro Gobierno.

Si bien la actividad portuaria no está comprendida entre los servicios esenciales primarios definidos por la Organización Internacional del Trabajo, la continuidad y extensión en el tiempo de un perjuicio económico para el país, que afecta las importaciones y exportaciones, fundamenta absolutamente, a nuestro juicio, la declaración de esencialidad. Más allá de que la OIT habla de la vida, la salud y la seguridad, estamos ante la extensión de un conflicto que, entre el año pasado y este, acumula más de 80 días.

Por la forma en que se está dando, ahora generalizado a todo el puerto, no tengo dudas de que corresponde aplicar la esencialidad. Me parece bien que los trabajadores reclamen lo que quieran, pero tenemos que darles a los transportistas, productores e industriales la posibilidad de sacar los contenedores, de que Uruguay pueda exportar y de que quienes importan puedan hacerlo. No podemos permitir que el país quede rehén de una dirigencia sindical inmersa en una pulseada para ver quién tiene más poder y quién logra paralizar el puerto, mientras el Gobierno mira hacia el costado, no hace lo que debe hacer y no ejerce la autoridad.

Los servicios mínimos fueron una medida que intentó aplicar el Gobierno y que, en los hechos, no funcionó, porque por encima de ellos paralizaron todo el puerto y no solamente una terminal. Los servicios mínimos se establecieron para la Terminal Cuenca del Plata; ahora están paralizados el puerto de Montevideo, Nueva Palmira y los demás puertos que comercializan productos. El conflicto ya no es contra una empresa: es contra el Gobierno y, diría más, contra el país.

Muchos trabajadores quieren volver a trabajar. ¿No es momento de que también haya democracia sindical y de que se pueda votar?

Un paro de esta naturaleza, que afecta a tantos, tendría más fuerza si todos los trabajadores lo respaldaran mediante voto secreto y obligatorio. ¿Por qué no dejamos que los trabajadores voten? El voto secreto y obligatorio permitiría que todos pudieran decidir sobre una medida que también afecta a otros trabajadores del Uruguay.

Hay personas que se quedarán sin empleo como consecuencia de este paro, y eso no es solidario. Sería bueno consultar a los trabajadores para saber si quieren continuar con la medida o volver a sus tareas, y no que todos queden presos de una minoría que no los deja entrar. Eso es lo que está pasando en el puerto.

Usted se reunió con el presidente de la República y le planteó la declaración de esencialidad. Como no aparece una solución, ¿qué otras herramientas existen para resolver este tipo de conflictos?

Cuando me reuní con el presidente de la República le planteamos cuatro temas: la situación internacional y la defensa de la democracia frente a las dictaduras; la seguridad y los allanamientos nocturnos; el desarrollo y la discapacidad; y la esencialidad del puerto. También le llevamos la declaración del Partido Nacional.

Obviamente, no voy a comentar lo que dijo el presidente, pero el Gobierno ganó algo de tiempo pensando que con los servicios mínimos cubría una actividad mínima. La respuesta de la dirigencia sindical fue subir la apuesta. Ahora el paro no está solamente en la Terminal Cuenca del Plata, sino en todos los puertos. Después de eso ya no queda mucho margen. Hay un solo instrumento: declarar la esencialidad.

Cuando se decreta la esencialidad por un perjuicio permanente, persistente y extendido en el tiempo, no contra el Gobierno sino contra el Uruguay y el Uruguay del trabajo, se habilitan otras consecuencias. Hoy me decían que ya existen algunos seguros de desempleo en Durazno por esta situación. La esencialidad permite despedir por notoria mala conducta a quienes no concurran a cumplir con la tarea.

¿Saben lo que creo? Que decretan la esencialidad, se levanta el conflicto y todos vuelven a trabajar. En esto no se hace lo que se puede ni lo que se quiere: se hace lo que se debe. Creo que el Gobierno tiene que hacer lo que corresponde, que es decretar la esencialidad y garantizar el flujo comercial del Uruguay.

Uruguay está sufriendo un perjuicio adicional, más allá del económico, social y laboral. Es inédito acumular tantos días de conflicto. También existe un daño reputacional. En un mundo donde los puertos compiten por las cargas, la imprevisibilidad acerca de si se podrá atracar en Uruguay, llegar al puerto de Montevideo, si habrá paro o cuánto demorará una operación, tiene consecuencias. Ya se perdieron cargas que fueron derivadas a otros puertos. No podemos darnos ese lujo, especialmente cuando la competitividad está en la agenda y el Ministerio de Economía habla de ella todos los días.

¿Qué significa para el Partido Nacional haber sesionado en Durazno? ¿Tuvieron oportunidad de conversar con el intendente e intercambiar proyectos o ideas para esta zona del país?

Para nosotros, sesionar en Durazno, como en los otros departamentos que hemos visitado, responde a un mandato que tenemos como partido. La descentralización está en el ADN del Partido Nacional. Y hablo de descentralización en serio: el lugar donde una persona nace no puede condicionar hasta dónde puede llegar en la vida. Siempre lo pensamos de esa manera y formó parte de nuestros programas de gobierno.

Pero también hay que dar señales en ese sentido. El Directorio comenzó a sesionar en los departamentos, algo que no tiene precedentes. Además de realizar las sesiones, recibe a delegaciones sociales para escuchar, tomar nota, ayudar cuando sea posible y generar insumos para un futuro programa de gobierno, conociendo de primera mano cuáles son las necesidades. En esta etapa también participará toda la estructura partidaria.

Con el intendente estuvimos el sábado en Carpintería y hablamos bastante sobre estos temas. También conversamos acerca de Baygorria y le damos todo nuestro respaldo, porque creo que el Gobierno nacional, y particularmente la ministra de Industria, no actuaron de manera acertada en el asunto vinculado al emprendimiento energético. Esta tarde el intendente participará en las reuniones colectivas que mantendremos con el Directorio.

El sábado se realizó el cierre de la Expo Prado 2026 y se marcaron diferencias entre la Asociación Rural del Uruguay y el Gobierno. ¿Qué análisis hizo el Directorio? Además, en Carpintería se habló de la continuidad de la coalición republicana. ¿Cuál es la posición del Partido Nacional?

Estuve un rato en la Expo Prado, invitado como siempre, y después vine a Carpintería. Seguí el acto por radio. Me pareció que el discurso del presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Rafael Ferber, fue muy sólido y, sobre todo, muy fundamentado. Habló mucho de competitividad y de eficiencia del Estado. A veces les pedimos eficiencia a los privados, pero el Estado viene rezagado y también tiene que adaptarse.

Hay problemas pendientes, como la garrapata y otros asuntos productivos. Este año, si bien la ganadería atraviesa una situación especial, el stock ganadero creció un 4 % y el stock ovino bajó un 4 %. Nos preocupa y creo que el tema ovino fue el gran ausente, al menos en las palabras del ministro y en su discurso.

También está el posible impacto del fenómeno de El Niño durante el último trimestre del año, con una situación climática compleja. Esto puede afectar las cosechas de los cultivos de invierno y la siembra de los cultivos de verano. Venimos de un verano con rendimientos muy malos en la soja y otra situación compleja para ese cultivo, o para los cultivos de verano en general, sería muy difícil para el sector. Si bien la ganadería tiene precios relativamente buenos, en la agricultura enfrentamos este problema.

Creo que el ministro Alfredo Fratti hizo el mismo espectáculo de siempre: habló a veces de manera provocadora y dijo lo que quiso decir. Cuando se coloca la ideología por encima de la gestión, se generan situaciones incómodas. Considero que la gestión del Ministerio de Ganadería es muy mala y que hasta ahora no tuvo en el país la repercusión que esperaban los productores. Hablo de los productores en general, no solamente de quienes tienen determinado tamaño. El Ministerio ha sido, hasta ahora, más discurso que acción. En la Expo Prado hubo dos visiones de una misma situación y, en la posición del ministro, mucha más ideología que acción.

Con respecto al segundo tema, estuvimos en Carpintería, en la inauguración de un monolito y una intervención histórica vinculados con la Batalla de Carpintería, del 19 de septiembre de 1836. Allí se enfrentaron las fuerzas del Gobierno del presidente constitucional Manuel Oribe, que ya contaban con un decreto del 10 de agosto que establecía la divisa blanca de los defensores de las leyes, contra las fuerzas del expresidente Fructuoso Rivera. Las fuerzas gubernistas estaban comandadas por Ignacio Oribe y Juan Antonio Lavalleja, y obtuvieron la victoria.

De allí surgieron dos divisas que se transformaron en dos partidos. Tuvimos desencuentros y enfrentamientos muy fuertes, pero también encuentros y coincidencias. En los últimos tiempos coincidimos incluso en programas de gobierno y gobernamos juntos. Ocurrió en el año 2000 y también durante el Gobierno de Luis Lacalle Pou, cuando el Partido Nacional encabezó una coalición de gobierno.

No tenemos dudas de que, si hacemos lo que debemos hacer, recuperamos la esperanza que la gente perdió y recibimos la confianza para gobernar, habrá nuevamente un gobierno de coalición encabezado por el Partido Nacional.

¿Considera que la gestión del ministro de Trabajo frente al conflicto portuario está influida por su trayectoria política y sindical?

No tengo la más mínima duda. La gestión del ministro de Trabajo está condicionada por ser secretario general del Partido Comunista. Además, los sindicatos en pugna tienen esa misma filosofía o ideología.

Cuando se es ministro no se representa al partido ni a una ideología: se representa al Uruguay, a quienes votaron al Gobierno y a quienes no lo hicieron. El ministro de Trabajo tendría que ser el principal impulsor de una solución mediante la declaración de esencialidad. Le guste o no, en esto hay que hacer lo que corresponde.

Si no actúa, la decisión queda en manos del presidente de la República, que deberá hacer lo necesario para asegurar el flujo comercial del país. Uruguay no puede quedar rehén de la ideología del ministro de Trabajo ni de los sindicatos.

También el Ministerio de Economía debería hacer escuchar su voz, porque impulsa una ley de competitividad en el Parlamento y este conflicto afecta el corazón de la competitividad del Uruguay.

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