Sin duda que el pasado puede ser aleccionante para el futuro, pero también puede ser una traba mental, que muchas veces nos ata y nos impide actuar con entera libertad para encarar la realidad del presente, lo que nos esclaviza y pone limitaciones en las acciones a la construcción del tiempo que viene.
Por Saúl Moisés Piña
. Debemos tener la capacidad de analizar los hechos que enfrentamos en el pasado, para valorar como experiencia y nunca repetirlos, teniendo en consideración el sentido de superación, que nos obliga a mirar nuevos tiempos con fe y esperanza.
La historia registra acontecimientos lamentables que demuestran a qué punto puede llegar el hambre de poder de mentes enfermas, que no dudan poner como precio los derechos elementales y hasta la vida de su pueblo, en aras de mantener su posición de privilegio de sus oscuros propósitos.
El gran tema es recordar que gobernar, no es dividir, ni es acallar, ni prohibir, sino con liderazgo y ejerciendo la autoridad con autoridad.
El arte de los conductores en democracia, se basa en ejercer el convencimiento con fundamentos, guiar, inspirar confianza, proyectando sendas de soluciones, sin beneficios para unos de los pocos míos, sino para todos los ciudadanos.
El alma de este país, se forjó en el pensamiento democrático, en la cultura, en la gallardía cívica.
Nuestra historia es un crisol de valores y tiene la particularidad de adherir a fundamentales principios que han servido como herramienta hacia el encuentro, el amor por los derechos del semejante ,la pacificación y la solución de las angustias sociales, con espíritu de fraternidad colectiva.
Hoy enfrentamos una suerte de inseguridad social, pero tenemos las herramientas para encarar la senda de pacificación.
Esto se puede y debemos hacerlo con autoridad, fuerza y vigor, sin acudir al trillado argumento de que el ideal es impracticable por culpa de la realidad, porque ese argumento abre el peligroso camino de la hipocresía y termina legitimando perezas con las que no se puede tranzar.
En este Durazno hay vecinos que sienten el privilegio de ser uruguayos y acometen todos los días el compromiso con la familia y el trabajo silencioso, mirando el futuro con optimismo, con férrea voluntad y con esperanza en un horizonte de paz, justicia y espíritu de fraternidad, como justo legado a sus hijos.


