En los mapas de Nicolás Janowski siempre falta una historia

En esta columna de hoy hablaremos sobre Nicolás Janowski, fotógrafo, artista visual, antropólogo y curador argentino cuya obra lleva más de una década interrogando la manera en que construimos y representamos los territorios. Desde la Amazonía de La serpiente líquida hasta Tierra del Fuego en Adrift in Blue y el posterior fotolibro Fin del Mundo, su recorrido fue ampliando los límites de la fotografía documental para incorporar archivos, cartografías, textos, sonido e instalación. También recorreremos Afroargentina, su trabajo sobre identidad e invisibilización histórica; la evolución de una práctica que se extendió hacia otros lenguajes y su sostenido vínculo con Uruguay, donde fue curador de San José Foto, expuso en Montevideo y asumió la dirección artística de FOCUS José Ignacio. Una trayectoria en la que mirar un territorio significa también preguntarse quién lo representa, desde dónde y qué historias permanecen fuera de la imagen.

Antes de fotografiar, aprender a mirar

Nicolás Janowski nació en Buenos Aires en 1980. Antes de que la fotografía se convirtiera en el centro de su trabajo, estudió Antropología en la Universitat Autònoma de Barcelona. Más tarde se formó en fotografía en el Centre Iris de París —en 2009— y en fotoperiodismo en ARGRA, ya de regreso en Argentina, en 2010. Esa combinación entre ciencias sociales e imagen no quedó relegada a los antecedentes de una biografía: terminó definiendo buena parte de su manera de trabajar. Investigación, desplazamiento, observación de campo, memoria y construcción cultural de los territorios aparecen desde entonces como elementos persistentes de su obra.

Sus primeros trabajos ya habían comenzado a circular algunos años antes. Matadero tuvo una exposición individual en París en 2008 y posteriormente integró una muestra en Barcelona. En 2011 recibió además una beca nacional del INCAA para desarrollar un proyecto audiovisual sobre sitios arqueológicos argentinos, un antecedente que resulta significativo: antes de que sus trabajos más conocidos pusieran el foco en la Amazonía o Tierra del Fuego, ya estaba cruzando imagen, investigación y lectura histórica del territorio.

Ese mismo año comenzó uno de sus primeros proyectos de largo aliento. La serpiente líquida fue desarrollado entre 2011 y 2013 en las cuencas amazónicas de Ecuador, Bolivia y Perú. El nombre nace de una metáfora visual —la forma serpenteante del Amazonas observado desde el aire—, pero el proyecto se aleja pronto de cualquier representación romántica de la selva. Janowski investigó las transformaciones ambientales, los procesos extractivos y los cambios que afectaban tanto al paisaje como a las comunidades originarias que lo habitaban.

Una obra que empieza a cruzar fronteras

Mientras desarrollaba esos proyectos, su trabajo comenzó a ganar presencia fuera de Argentina. En 2012 obtuvo el tercer premio del Syngenta Photo Prize y fue Top Finalist de FotoVisura. Al año siguiente quedó finalista del BURN Emerging Photographer. En 2014 fue seleccionado por el Salón Nacional de Fotografía de Argentina y recibió el Premio Repsol LimaPhoto, uno de los reconocimientos que terminó consolidando aquella primera etapa de su carrera.

La circulación creció también a través de festivales y exposiciones. En 2013 participó de PhotoEspaña, de su edición brasileña en San Pablo y del festival PhotoChina en Guiyang, además de presentar La serpiente líquida en Argentina y Chile. Dos años más tarde, TIME lo incluyó entre nueve fotógrafos argentinos a seguir, junto a autores como Alessandra Sanguinetti, Rodrigo Abd, Marcos López e Irina Werning. La revista destacó especialmente The Liquid Serpent y The Blurred City, señalando ya esa particular combinación entre documento y una transformación más subjetiva de los lugares fotografiados.

No se trataba solamente de una sucesión de premios. Ese reconocimiento coincidía con una transformación de su obra: el paisaje comenzaba a dejar de ser escenario para convertirse en problema. Qué sabemos de un territorio, quién produjo las imágenes con las que lo imaginamos y cuánto de esa representación procede de miradas externas son preguntas que alcanzarían una forma mucho más compleja en su siguiente gran trabajo.

Tierra del Fuego y la invención del fin

Adrift in Blue llevó a Janowski hacia Tierra del Fuego. El proyecto se construyó a partir del territorio austral argentino y chileno y de las distintas capas de relatos acumuladas sobre ese espacio: expediciones europeas, cartografías, archivos, mitos y representaciones que durante siglos instalaron la idea de un confín remoto, inhóspito y casi ajeno al mundo habitable.

Janowski contrapuso esa imagen con otras maneras de pertenecer al territorio, especialmente las de sus habitantes originarios. Allí la fotografía ya no actúa sola: fotografías contemporáneas y de archivo, mapas, textos y recursos sonoros se articulan dentro de una estructura más amplia. El resultado cuestiona la idea de que un paisaje pueda entenderse simplemente por aquello que aparece frente a la cámara.

De ese proceso surgió en 2017 el fotolibro Fin del Mundo, coeditado por Chaco y la Universidad de Cádiz como parte de los Cuadernos de la Kursala. Ese mismo año recibió el Premio de Fotolibro Latinoamericano en el Coloquio Latinoamericano de Fotografía realizado en Ciudad de México. La Universidad de Cádiz documentó el reconocimiento y la relación directa del libro con Adrift in Blue, cuya exposición había pasado por la sala Kursala entre mayo y junio de aquel año.

El proyecto continuó circulando después del premio. Fue presentado en el Museo Metropolitano de Quito, llegó en 2018 al Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo y en 2019 a Casa Amèrica Catalunya, en Barcelona. Años más tarde volvió a ponerse en circulación: una pieza de la serie integró Art Dubai 2024 y ese mismo año Fin del Mundo // Adrift in Blue fue presentado en el ICPNA de Lima. Esa persistencia resulta reveladora: una investigación iniciada años antes continuó encontrando nuevas formas de lectura y exhibición.

Del autor al curador

En paralelo a su producción personal, Janowski fue construyendo otra trayectoria vinculada a la edición, la curaduría y el acompañamiento de proyectos. Entre 2013 y 2017 trabajó como curador en PHMuseum, donde estuvo a cargo de Taboo, primera exposición de la plataforma online. En 2014 participó desde allí en un proyecto propuesto a TIME sobre el Mundial de fútbol en Sudamérica, curó en Paraty em Foco un trabajo de Max Pinckers y coorganizó en Buenos Aires una exposición que vinculó fotógrafos de Londres y Buenos Aires. En 2017 desarrolló además para FOLA un programa dedicado a fotografía contemporánea latinoamericana, con autores de Brasil, Colombia y Perú.

Su nombre comenzó a aparecer también del otro lado de los premios: como jurado, revisor y nominador. Ha integrado jurados vinculados a la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, FELIFA, Magenta Foundation y el Premio de Fotoperiodismo por la Paz Juan Antonio Serrano. Desde 2016 aparece además entre los nominadores del programa 6×6 Global Talent de World Press Photo y, desde 2018, como nominador de su Joop Masterclass.

Ese recorrido ayuda a explicar otra dimensión de su trabajo. Janowski no fue consolidándose solamente como autor de proyectos personales, sino también como una figura involucrada en la circulación y discusión de la fotografía latinoamericana, en el acompañamiento de otros autores y en la construcción de espacios donde esas obras pudieran encontrarse.

La mirada también debe ponerse en cuestión

En 2017 recibió la invitación para participar de Africamericanos, proyecto dedicado a revisar las representaciones de las comunidades afrodescendientes de América Latina y el Caribe. De allí surgió Afroargentina, desarrollado entre 2018 y 2019 junto a DIAFAR —Diáspora Africana de la Argentina—. El punto de partida era un relato nacional que durante décadas había presentado a Argentina como un país esencialmente blanco y europeo, relegando la presencia afrodescendiente de su construcción histórica.

Pero el trabajo planteó también un problema más incómodo: desde dónde podía fotografiar Janowski esa historia. En lugar de abordar a la comunidad afroargentina como una otredad que debía ser “descubierta” por la cámara, el proyecto cuestionó explícitamente el privilegio de la mirada blanca y los mecanismos de exotización que históricamente han acompañado muchas representaciones documentales. La pregunta ya no era únicamente qué mostrar, sino quién mira, desde qué posición y con qué consecuencias.

Afroargentina llegó al Centro de Fotografía de Montevideo en noviembre de 2019 y permaneció allí hasta febrero de 2020. En esos mismos días Janowski desarrolló en el CdF el taller Narrativas glocales. De lo local a lo global en la construcción de narrativas visuales, otra señal de cómo producción, reflexión y docencia comenzaron a integrarse dentro de una misma práctica.

Cuando una fotografía ya no alcanza

Para entonces, los límites tradicionales de la fotografía documental le resultaban cada vez más estrechos. La inteligencia de las flores, realizado en 2019 entre Argentina y Uruguay junto a la fotógrafa peruana Gihan Tubeh, reunió intervención performática, ensayo fotográfico, técnicas mixtas y tres piezas sonoras. El proyecto abordó la relación entre las personas, el cannabis y el entorno desde una perspectiva sensorial, alejándose definitivamente de una narración sostenida únicamente en imágenes fotográficas.

Ese mismo año, en El Alto, Bolivia, Janowski comenzó junto al arquitecto Freddy Mamani El espíritu de las casas. La colaboración tomó como punto de partida la arquitectura contemporánea aymara y su relación con Tiwanaku, incorporando fotografías y archivos históricos vinculados a expediciones arqueológicas de comienzos del siglo XX. La obra fue exhibida en Perú en 2021 y volvió a colocar sobre la mesa algunas de sus preocupaciones recurrentes: patrimonio, apropiación, memoria y formas de reconstruir una identidad desde el presente.

La retrospectiva Rumbos. Ensayos fotográficos 2010-2020, presentada en 2023 en ArtexArte y curada por Florencia Battiti, permitió observar esa evolución con perspectiva. La muestra reunió cinco trabajos —Afroargentina, La serpiente líquida, Adrift in Blue, La inteligencia de las flores y Paraíso— y presentó una década de producción en la que la investigación antropológica convive con la poesía, la ficción y la ambigüedad. Battiti señaló justamente que sus trabajos parten de métodos asociados a las ciencias sociales para después abrirse hacia formas menos cerradas de conocimiento y representación.

En esos años su producción se extendió además hacia la escultura, la pintura y los paisajes sonoros. Por eso, definir hoy a Janowski únicamente como fotógrafo resulta insuficiente. Su propio recorrido lo fue desplazando hacia una práctica visual en la que la fotografía continúa siendo fundamental, pero ya no necesariamente exclusiva.

Su obra, además, ingresó en colecciones públicas y privadas que incluyen al Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina y al Museo de Arte Contemporáneo de Moscú, otra dimensión del reconocimiento institucional alcanzado por su producción.

Uruguay, algo más que una escala

La relación con Uruguay aparece varias veces a lo largo de esa trayectoria y no como un episodio aislado. En 2018 Janowski asumió la curaduría de la tercera edición de San José Foto, dedicada al concepto Vínculos. Realizada del 8 al 11 de abril, fue hasta entonces la edición más grande del festival: participaron 37 autores de 28 países y se ampliaron las exposiciones, actividades educativas, workshops, feria de fotolibros y otras instancias de intercambio.

Ese mismo año Adrift in Blue fue presentado en Montevideo. Después llegarían Afroargentina al CdF, La inteligencia de las flores desarrollada parcialmente en Uruguay y nuevas instancias de formación y revisión de trabajos. En 2026 su nombre volvió a San José Foto como revisor confirmado de la feria de portafolios, junto a fotógrafos, curadores y editores de distintos países.

También se consolidó su vínculo con José Ignacio. En 2025 dirigió la segunda edición de FOCUS Festival, construida alrededor del concepto del juego y de las posibilidades de la imagen para moverse entre realidad e imaginación. En enero de 2026 regresó como director artístico, mientras Gastón Deleau ocupó la dirección general. Aquella edición convirtió nuevamente a José Ignacio en una galería a cielo abierto, con exposiciones, instalaciones, talleres y revisión internacional de portafolios.

Un mapa que todavía se mueve

La última etapa mantiene esa lógica de desplazamiento. En 2023 Janowski fue uno de los artistas argentinos seleccionados para el programa internacional de residencias de BIENALSUR que conectó Argentina, Francia y Arabia Saudita. El proyecto propuso residencias cruzadas para producir obras a partir de la experiencia urbana y derivó luego en exposiciones realizadas en las ciudades participantes.

En 2024 su trabajo volvió a aparecer en Art Dubai y Fin del Mundo regresó a sala en Lima. En 2025 participó de La Amazonia y el Delta del Paraná. Paisajes bajo amenaza, exposición de BIENALSUR en el Museo de Arte de San Marcos, también en Lima, junto a Laura Glusman, Roberto Huarcaya y David Santarelli. El proyecto puso en diálogo dos de los grandes sistemas fluviales sudamericanos atravesados por incendios, contaminación, pérdida de biodiversidad y presión extractiva. Más de una década después de La serpiente líquida, la Amazonía reaparecía así dentro de su obra, aunque desde otro momento de su trayectoria.

Hay algo circular en ese regreso. Janowski comenzó recorriendo territorios con una cámara y terminó preguntándose por los relatos que ya existían antes de que él llegara. Amazonas, Tierra del Fuego, afroargentinidad, arquitectura aymara o paisaje contemporáneo aparecen como espacios atravesados por memorias, discursos, silencios y relaciones de poder. La fotografía le permitió entrar en ellos; después necesitó archivos, mapas, sonido, textos, objetos y colaboraciones para seguir buscando.

Tal vez por eso los mapas de Nicolás Janowski siempre parecen incompletos. No porque falten lugares, sino porque detrás de cada territorio queda todavía una historia por encontrar, una representación por discutir o una mirada desde la cual volver a empezar.

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