Mauro Zunino, integrante del colectivo socioambiental Ubajay y del equipo de coordinación de la Red Nacional de Educación Ambiental para el Desarrollo Humano Sustentable (ReNEA), explicó los objetivos del intercambio territorial realizado en la Sala Lavalleja de Durazno. La jornada reunió a instituciones educativas, organismos públicos y organizaciones sociales para compartir prácticas, aportar a la revisión del Plan Nacional de Educación Ambiental aprobado en 2014 y expresar la voluntad de crear un nodo departamental que permita descentralizar y adaptar la política nacional a las características del territorio.
Para comenzar, ¿cuál es tu nombre y qué espacios integrás?
Mi nombre es Mauro Zunino. Integro Ubajay, un colectivo de la sociedad civil dedicado a la educación ambiental, y este año formo parte del equipo de coordinación de la Red Nacional de Educación Ambiental.
Hoy estás en la Sala Lavalleja junto a jóvenes e integrantes de distintas instituciones. ¿Cuáles son los ejes de la reunión y qué has recibido de ellos?
El intercambio de hoy está enmarcado en lo que desde la Red Nacional de Educación Ambiental llamamos la Espiral de la Educación Ambiental. Este año se realizan el noveno Encuentro Nacional de Educación Ambiental y la cuarta Ronda Latinoamericana.
En ese marco se encuentra el intercambio territorial que estamos desarrollando hoy. La invitación y la convocatoria se dirigieron a instituciones, organizaciones, colectivos, el ámbito gubernamental y todos aquellos que sientan que hacen educación ambiental o están vinculados con la temática ambiental en el departamento.
A partir de esa convocatoria comenzamos la mañana tejiendo una red: conociendo quiénes estábamos, qué prácticas de educación ambiental llevábamos adelante cada una y cada uno de nosotros, y cómo ya trabajábamos colectivamente y en vinculación con otras instituciones. Esa primera parte permitió visualizar que existe una red, que hay un tejido y que sería bueno fortalecerlo, hacerlo visible y reconocerlo.
¿Con qué experiencias te encontraste en Durazno?
Nos encontramos con diferentes experiencias y, obviamente, cada una tiene su perfil: desde lo institucional y la sociedad civil hasta la educación formal. Todavía no profundizamos mucho más en eso.
El encuentro también está enmarcado en la revisión del Plan Nacional de Educación Ambiental. Es un plan que lleva 12 años de constituido, construido y aprobado. Coincidentemente, se aprobó en julio de 2014, durante el quinto Encuentro Nacional, que se desarrolló aquí, en la ciudad de Durazno.
Consideramos importante que ese recomienzo participativo, al igual que ocurrió con su construcción, se dé en el territorio de Durazno. Ahora estamos trabajando sobre qué aportes pueden realizarse al plan desde el territorio, las diferentes experiencias y las miradas intergeneracionales. No se trata de desconocer lo que el plan ya trae, sino de reconocer que el contexto cambió, transcurrieron 12 años y también se transformaron las problemáticas ambientales.
Además, existen otros paradigmas y otras miradas que quizá el plan no incluye o no explicita, como las perspectivas de género, derechos humanos y cuidados. Tal vez estén presentes, pero no de una manera específica. Por eso buscamos visualizarlas y releer el plan con esos lentes, para observar cómo aquella educación ambiental que se pensó y definió en ese momento se ha ido transformando o debería transformarse también hacia esos ejes.
Mencionaste la perspectiva de género. ¿Cómo se vincula con la educación ambiental?
Primero tenemos que observar desde qué educación ambiental estamos hablando. El Plan Nacional de Educación Ambiental fue generado desde el corazón de la Red, de manera participativa, y tuvo tres años de construcción específica. Hago la aclaración porque allí están presentes el ámbito gubernamental, el ámbito social y el de la educación formal.
Esas son las bases de unidad: de allí nace el plan, que fue consensuado y debatido. A partir de eso, desde la Red se decidió promover para Uruguay una educación ambiental con una mirada crítica, dialógica, comunitaria y contextualizada.
Muchas problemáticas ambientales, si vamos a las raíces de sus conflictos y de sus causas, quizá también se relacionen con la mirada patriarcal del mundo en el que vivimos. Por eso están completamente vinculadas, sobre todo si entendemos el ambiente no solamente como aquel medio físico en el cual habitamos y del cual hacemos uso, sino teniendo en cuenta que nosotros, como seres humanos, somos parte de ese ambiente. El ambiente se construye cultural, política y socialmente, y también incluye las relaciones sociales que llevamos adelante.
De allí surge la importancia de entrelazar todas esas miradas para alcanzar una perspectiva mucho más integral y no una visión fraccionada, limitada exclusivamente a temáticas ambientales físicas. Esa fragmentación no es conveniente porque nunca llegamos a la solución definitiva de la problemática.
Necesitamos una mirada global e interseccional que nos permita comprender las causas profundas de las problemáticas y los conflictos que tenemos. Desde allí podremos ver, como sociedad y como colectivos, cómo empoderarnos y qué podemos construir entre todas y todos como solución.
Se les plantea un desafío importante porque cada departamento tiene su propia identidad. Durazno, San José o Tacuarembó presentan realidades, sociedades, ópticas y objetivos diferentes. ¿Cómo manejan esos criterios dentro de un mismo eje?
Esa es una parte fundamental y por eso realizamos los diálogos territoriales: para conocer precisamente esas miradas y esas diferencias. Lo que para Durazno puede ser una problemática o un conflicto quizá no lo sea para otro territorio. También existe la idiosincrasia de cada departamento e, incluso dentro de Durazno, puede haber diferencias.
De allí surge la importancia de recoger las distintas miradas, experiencias y formas de hacer educación ambiental para observar cómo sistematizarlas. El Plan Nacional de Educación Ambiental, tal como fue concretado en 2014, tiene principios rectores y orientadores. Uno de ellos es precisamente que la educación ambiental sea contextualizada y esté situada en el territorio.
Puedo tener una política nacional de educación ambiental, pero después cada territorio la adaptará y la trabajará de acuerdo con su contexto. La educación ambiental tendrá principios rectores vinculados con esa mirada crítica y comunitaria, además de ciertos principios pedagógicos que sería fundamental mantener, pero cada territorio los aplicará según el contexto y la localidad en la que se encuentre.
¿Qué te llevás de Durazno?
La jornada todavía no terminó, pero me llevo varias cosas. Una de las más relevantes es que para muchas personas también fue una sorpresa observar el tejido que ya está construido en cuanto a los vínculos de trabajo interinstitucional. Allí están la educación formal, el Gobierno departamental, organismos nacionales, representantes departamentales y nacionales del Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Ganadería y también la sociedad civil.
Sobre todo, me llevo las ganas que existen de generar un nodo territorial. Es algo que la Red viene promoviendo desde hace algunos años para descentralizar la política ambiental y la educación ambiental, y para que esos nodos sirvan como ejes de anclaje y contextualización de la política nacional.

