El 9 de setiembre de 2014, falleció el Ing. Agrónomo Ulises Ordaz un hijo adoptivo de Durazno, que fue sembrador de valores, dejando en su rica trayectoria como hombre y como docente, un ejemplo generoso y de gran contenido humano.
Por Saúl Moisés Piña
Fue el primer Director de la Escuela Agraria, cargo que ocupó con grado de apostolado, desarrollando una labor docente de elevados quilates. Calificado miembro del Club de Leones; por iniciativa de esta institución la Escuela Agraria fue designada con su nombre.
Calificado profesor por muchos años en el viejo Instituto Magisterial, donaba su sueldo para la adquisición de libros para la biblioteca del centro docente. Integrante de la Comisión Municipal de Huertas Familiares, recorría decenas de huertas en su vehículo sin pedir el aporte para el combustible. Con un conocimiento superior, tenía la capacidad de identificar una docena de especies de plantas y yuyos en un metro cuadrado de terreno. Estudioso de los fenómenos climáticos, llevó por años una gráfica diaria de la temperatura y de los índices de lluvia.
Durante su función como Director de la Escuela Agraria, era habitual que los recursos financieros demoraban, lo que afectaba el normal funcionamiento del centro docente. De su bolsillo enfrentaba la compra de insumos para el mantenimiento de los gastos de, hasta que llegaran las remesas.
Fue un ciudadano muy particular, amable, estudioso, hizo de su biblioteca el centro de su vida. Era un placer escucharlo ya que cada palabra suya era producto de su rica experiencia de vida, gozando de la Naturaleza y el estudio de sus fenómenos, que eran la razón de su existencia.
Fue un hombre de fraternidad plena con un elevado sentido de humanismo y ética; con el privilegio de que nunca se dejó tentar, por las siempre atractivas pasiones de los cargos y de los títulos, siendo enemigo del fatuo oportunismo y practicante de la humildad y el espíritu.
Sufrió la injusticia y la intolerancia de un tiempo muy difícil que azotó el país que lo alejó de su cargo como Director, pero como la verdad, es el mayor amigo del tiempo, siempre se impone, ubicando a Ulises en el mejor recuerdo de los elegidos, sitial que otros nunca lograron.
El querido Luis Anchieri Pérez lo recordaba con estas sabias palabras: “Escudriñar en profundidad en los aconteceres de este hombre, casi ingenuo que todo lo sabía, es sin duda, todavía descubrir vírgenes vetas de un sin igual humanismo.”
Ulises logró descubrir que la docencia no se aprende, sino que se debe sentir, cultivando su templo interior para el crecimiento del respeto y el amor a sus semejantes, nunca eludiendo el compromiso de la vida.
Su presencia sigue vigente en el corazón de todos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, porque nos dejó el valioso legado de haber cumplido su responsabilidad como hombre de espíritu superior, viviendo con fraternidad, amante de la Naturaleza, con vocación de rectitud, tolerancia y amor solidario por sus semejantes.

