Con 84 años integra la Selección Uruguaya de Newcom

Nilda Margot Santurio Chiminelli es hija de Fidel y Sara y hermana mayor de Juan Carlos. Se define como una gran luchadora. Es la mamá de Robert Sueiro, conocido profesor de Educación Física, y orgullosa abuela de tres hermosos seres humanos: Agustina, profesora igual que su papá; Martina, que trabaja y estudia en la Facultad de Ciencias de Arte; y Santino, de 11 años, “mi cosita del momento”.

Por Anabela Prieto Zarza

Nació en Trinidad, departamento de Flores. Concurrió a la Escuela de Castro y luego a la Escuela Agrícola. Hasta cuarto año iba a caballo a la escuela.

A su papá lo contratan como capataz en la Sociedad de Fomento de Flores. La familia se muda a Trinidad y Nilda termina quinto y sexto en la Escuela de Niñas, que ya era mixta. Luego va al liceo, que estaba enfrente, y cuando cursa preparatorio le toca inaugurar el liceo nuevo.

Le gustaba mucho Educación Física, pero con 17 años a sus padres no les pareció seguro dejarla ir a estudiar a Montevideo, a una ciudad grande que apenas conocían. Además, en aquella época, económicamente no había tantas posibilidades como hoy. No era fácil asumir los costos necesarios para tener una hija estudiando en la capital.

Nilda, independiente y con el afán de tener lo suyo, comienza a trabajar. Fue cajera muchos años en una librería. Se casa y la novel familia se traslada a Montevideo, porque su esposo trabajaba allí. Ingresa como cajera en Supermercados Devoto, en la sucursal Malvín.

Llega la maternidad. No quería delegar el cuidado de su bebé. Además, quería hacer algo para ella misma. La señora que le ayudaba con Robert, quien se dejaba cortar el pelo con ella porque sí nomás, le dijo: “Nilda, te gustan tanto las artes, ¿por qué no estudias peluquería?”.

“Así fue lo mejor que me pasó en la vida, estudié peluquería, me hice peluquera y gracias a esa profesión comencé a viajar. A través de L’Oréal y Belier, comencé a participar en campeonatos. Además, ambas firmas y su personal me ayudaron a instalarme, me obsequiaron tintas, toallas, delantales, porque no era fácil. Los cursos a los que asistía eran muy costosos y, mientras que los hacía, con un bebé, no me daban los tiempos para trabajar y tener mis ingresos. Estudié con unas profesionales argentinas muy exigentes, pero muy buenas. Sacaron lo mejor de mí. Viajé a Portugal, a Francia, donde está la central de L’Oréal, a España, a Washington y Nueva York, en Estados Unidos. Conocí muchos lugares hermosos gracias a mi profesión”.

Aquella niña que iba a caballo a la escuela, que no fue a Montevideo a estudiar porque casi no conocía la gran ciudad, gracias a una profesión que ama, se convirtió en ciudadana del mundo: “Nunca pensé que iba a viajar todo lo que viajé”.

El bichito de los viajes la había picado, así que vinieron otros por su cuenta: México, Argentina y todos los lugares a los que puede ir, porque sigue viajando.

La vida sigue en Montevideo, pero se ponen difíciles las cosas. El papá de Nilda había comprado la línea de ómnibus urbana en Durazno y le propone a su yerno que se haga cargo junto con su hijo. Así Nilda llega a Durazno e instala su peluquería en nuestra ciudad.

Manifiesta estar muy agradecida con Durazno, en donde siempre trabajó muy bien, siguió creciendo en su profesión e instaló una academia de peluquería, en la cual se formaron muchas generaciones. Incluso ya tiene alumnas que se han jubilado como peluqueras.

Los años 2002 y 2003 no fueron buenos para Nilda: fallecieron su mamá y su esposo, con una diferencia de cuatro meses. Fueron años duros, había que trabajar. Ayudaba que su hijo ya estaba recibido; por ese lado tenía el tema resuelto. Además, para su alegría, a Robert le gustó Durazno y se quedó a trabajar acá. “De hecho, parece más duraznense que montevideano”.

Se casa nuevamente y, tal cual una novela, lo hace dos veces más. Hoy vive sola, lo cual no es impedimento para que esta joven mujer siga viajando, cumpliendo sus sueños y haciendo lo que le gustó siempre.

Nilda ha tenido, desde hace unos 30 años, una inquietud espiritual muy intensa. Es practicante de sus creencias y me hace saber que es algo muy importante para ella y que quiere que aparezca en su historia de vida. Es Testigo de Jehová y practica la religión de la cual dice ser. Cumple con todas las obligaciones y se maneja como testigo, en las creencias, en las prácticas y en la moral, como se debe ser realmente.

“Nunca me he sentido discriminada, nunca me he expuesto como para serlo. Además, ser testigo y ser practicante me ha ayudado en la vida, para superar dolores y salir sana de cabeza de los mismos”.

Cree que la gente necesita tener fe, pero una fe trabajada, una fe con fundamentos, no una fe por decir “tengo fe en algo”. Por ser Testigo ha viajado a Estados Unidos a participar de asambleas, reuniones grandes y multitudinarias, donde se encuentra con gente de todo el mundo, donde se puede ayudar y conocer a todo tipo de personas. “Todos somos iguales, los límites los ponen los hombres. Dios no los puso, no hay diferencias de razas, ni de idiomas, de nada”.

Durante toda su vida, desde joven, siempre compartió su vida entre el trabajo y el deporte. Incluso como estudiante participaba de actividades deportivas de forma muy activa.

Hace tiempo comenzó a practicar vóley en la UTU, luego en COVINUVI. Su hijo la introdujo al Newcom y empezó otra historia.

Porque, si bien siempre el deporte fue su pasión, comienza a participar de campeonatos, integrar grupos, socializar, viajar a competir, andar por otros lugares, “lo que no me cuesta porque soy andariega por naturaleza”, dice riendo.

Recientemente ha sido convocada para integrar la Selección Uruguaya de Newcom, en la categoría más 75, remarca con indisimulado orgullo.

Ama el deporte en sí mismo y reconoce la importancia que tiene para mantenerse saludable física y mentalmente.

En sus tiempos libres se dedica a las manualidades. Sabe hacer de todo, porque su madre, que era muy trabajadora, le enseñó todo lo que sabía y podía.

En su familia tienen una costumbre que comparte con nosotros: “Una vez al año salimos los cinco, los tres nietos, mi hijo y yo. Nos vamos a lugares lindos como Cancún, porque los tiempos de calidad son muy necesarios, más en esta época en que se vive una vida muy agitada”.

Considera que no tiene sueños por cumplir, pero aspira a “seguir saludable y con la ‘mente bien’, como hasta ahora, estar a lo que Dios disponga, servir y ya está. He hecho mucho, he sido feliz”. Riendo, agrega: “…y algún viajecito más…”.

Cree que para vivir bien hay que cuidar no solo la salud mental, sino también la espiritual, y servir a los demás en todo lo que se pueda.

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