“La desmesura al madurar grana en la espiga del error, y la cosecha que se recoge solo consiste en lágrimas.”
Esquilo
Por Saúl Piña
El 1ro. de setiembre de 1939 se inició la Segunda Guerra Mundial un hecho histórico que en principio, fue calificado como una “aventura guerrera”, al punto de que los jóvenes soldados si conocer el motivo del conflicto, iban al frente sonrientes y con una flor en la boca del caño del fusil, lo que parecía una aventura romántica. Fueron cuatro años de horror, participando veintiocho países con un saldo de casi 70 millones de muertos. Las pérdidas materiales fueron de millones de dólares dejando secuelas que generaron graves consecuencias sociales, afectando buena parte del mundo por aquella locura destructora, producto del desequilibrio mental, el apetito de poder y el fanatismo de un ser con perfil asesino: Adolfo Hitler.
En nuestra ciudad se registraron actos de vandalismo contra comercios, destacándose un confuso hecho donde perdió la vida un conceptuado vecino.
La violencia que afecta hoy en el mundo, es producto de falsos líderes con mentes enfermas de poder y ambición.
La historia ha registrado que el mundo no es solo un cumulo de actos violentos, de intolerancia y muerte. Hay otra realidad que tiene fuerza superior, muchas veces subterránea o forzada a lo episódico y que no figura en los titulares de los medios de información, no obstante ser crónica de la esperanza, del compromiso, del pensamiento positivo, de actitud solidaria y fraterna de ciudadanos obreros de la vida, comprometidos y poniendo su generosidad con la sociedad en beneficio del país.
La Humanidad no tiene buena memoria y con el tiempo transcurrido y el daño de las guerras, los conflictos bélicos se mantienen cada vez con mayor intensidad, promoviendo horror y muerte, en un escenario que analistas advierten la posibilidad de una nueva guerra mundial.
La salvación telúrica no puede estar en la implacable destrucción de algunos pueblos y de algunos hombres, sino en la redención de todos .Resulta difícil lograr la armonía de convivencia, en un mundo con oscuros niveles del subdesarrollo y con ideologías que tienen como bandera, el sometimiento del pueblo, la dictadura y la falta de libertad. Nos invade el auge del relativismo negador de lo trascendente, la humillación del intelecto ante los avances de la trivialidad, la plácida complacencia a la frivolidad, la mentira, la filiación progresiva de una filosofía desdeñosa de las jerarquías del espíritu y la renuncia por parte de ciudadanos a su dignidad, por imperio de su afán de frágiles posiciones políticas y sociales.
Debemos cultivar el dialogo, dotar al hombre de una cultura humanista, mediante el desarrollo de la belleza del arte, del conocimiento, de la ética y la verdad como trabajo intelectual, potenciando todo lo noble y grande que la vida nos puede ofrecer.
Se impone reforzar la cadena de la fraternidad y la tolerancia, eliminando dos enemigos que viven en armonía a lo largo de la historia y que son amenaza para la democracia: el utilitarismo y el afán de poder.
En estos tiempos de tremendos sacudimientos de injusticias ,horror y muerte en varios países, ,en este Uruguay debemos valorar que tenemos una República en un escenario democrático, civilizada y con rico patrimonio espiritual, ganado por la obra justiciera de nuestros auténticos reformadores ,que despiertan en el corazón y a la mente, acentos de fe, porque aquellos hombres nos legaron el ideal de solidaridad humana ,traducido en instrumentos democráticos y leyes justas, que debemos mantener y potenciar, para evitar que fuentes ajenas a la democracia puedan contaminar nuestro sistema.
Viene de lejos en nuestra rica historia, el derecho de reconocer los derechos políticos, civiles, de seguridad y de convivencia pacífica, que son expresiones positivas de amor a la humanidad y a la familia.
Debemos proteger los valores de nuestra identidad de orientales, rechazando el terror organizado y la violencia ejercida a pretexto de credos o tendencias , que alteren el rico patrimonio de los orientales.


