25 de agosto: Uruguay celebra 201 años de la Declaratoria de la Independencia

En una Florida todavía atravesada por la guerra, los representantes de los pueblos orientales sancionaron el 25 de agosto de 1825 tres leyes decisivas. Declararon nulos los actos que habían sometido la Provincia a Portugal y Brasil, afirmaron su libertad frente a todo poder extranjero, resolvieron la unión con las Provincias Unidas del Río de la Plata y adoptaron un pabellón propio.

A 201 años de aquella jornada, la fecha conserva su fuerza no como una fotografía aislada del nacimiento del país, sino como un momento central de un proceso más extenso y complejo. Allí quedó expresado un principio que atraviesa la historia nacional: ningún poder impuesto por la violencia podía decidir el destino de los orientales.

Una noche decisiva en Florida

Este martes 25 de agosto, Uruguay conmemora 201 años de una de las jornadas fundamentales de su historia. En 1825, mientras la guerra seguía abierta y el futuro político de la región todavía era incierto, la Sala de Representantes de la Provincia Oriental aprobó en la Villa de San Fernando de la Florida las leyes de Independencia, de Unión y de Pabellón.

Según la reconstrucción realizada por el Archivo General de la Nación, la sesión comenzó a partir de las 19:00 horas. Los diputados se habrían reunido en el mismo local utilizado por el Gobierno Provisorio: un humilde rancho con piso de tierra y techo de paja.

No existía todavía la República Oriental del Uruguay como Estado independiente ni se habían definido las fronteras y las instituciones que hoy conocemos. Quienes se reunieron aquella noche actuaron en nombre de la Provincia Oriental, en un territorio parcialmente liberado y todavía disputado por las armas.

El camino hasta la Sala de Representantes

La Provincia Oriental permanecía bajo dominación luso-brasileña. Los actos de incorporación realizados durante ese período habían derivado en la creación de la Provincia Cisplatina, integrada primero al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y luego al Imperio del Brasil.

El levantamiento contra esa dominación comenzó el 19 de abril de 1825 con el desembarco de los Treinta y Tres Orientales, comandados por Juan Antonio Lavalleja. La insurrección recibió nuevas adhesiones y consiguió extender su control sobre distintas zonas de la campaña.

El 14 de junio quedó instalado en Florida un Gobierno Provisorio, presidido por Manuel Calleros. Tres días después se convocó a los pueblos para que eligieran a quienes integrarían la Sala de Representantes de la Provincia Oriental.

La primera sesión de ese cuerpo se celebró el 20 de agosto bajo la presidencia del presbítero Juan Francisco Larrobla. La Sala estuvo integrada por 14 diputados procedentes de diferentes pueblos de la Provincia.

Entre las localidades representadas se encontraba la Villa de San Pedro del Durazno, antecedente de la actual ciudad de Durazno. Su diputado fue Juan de León, uno de los firmantes de las leyes sancionadas cinco días después.

Tres leyes para un territorio en guerra

La primera resolución fue la Ley de Independencia. Su texto declaró nulos los actos de incorporación y los juramentos que habían sido impuestos a los pueblos orientales por Portugal y Brasil. Después afirmó que la Provincia Oriental quedaba, de hecho y de derecho, libre e independiente del rey de Portugal, del emperador del Brasil y de cualquier otro poder extranjero.

No se trataba únicamente de desconocer una autoridad. La ley establecía que la Provincia recuperaba la capacidad de adoptar la forma política que considerara conveniente en ejercicio de su soberanía.

La segunda resolución fue la Ley de Unión. Mediante ella, la Provincia Oriental manifestó su voluntad de unirse a las demás Provincias Unidas del Río de la Plata, con las que mantenía vínculos históricos, políticos y territoriales.

La tercera fue la Ley de Pabellón. Como consecuencia de la libertad recuperada, se adoptó provisionalmente una bandera compuesta por tres franjas horizontales: celeste, blanca y punzó. Ese pabellón debía identificar al ejército y flamear en los pueblos bajo autoridad oriental.

Independencia y unión

Leídas desde el presente, las leyes de Independencia y de Unión pueden parecer contradictorias. Una proclamaba la libertad de todo poder extranjero y la otra expresaba la decisión de integrarse a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En el escenario político de 1825, sin embargo, no eran necesariamente decisiones incompatibles. La independencia estaba dirigida contra la dominación portuguesa y brasileña, mientras que la unión respondía al proyecto de reincorporar la Provincia Oriental al espacio político rioplatense.

El horizonte de muchos revolucionarios no era todavía el de los Estados nacionales con las fronteras actuales, sino el de una organización regional surgida de los territorios que habían integrado el antiguo Virreinato del Río de la Plata. La convivencia de ambas leyes explica buena parte de las discusiones que posteriormente mantendrían los historiadores sobre el significado exacto del 25 de agosto.

La independencia no terminó aquel día

Las leyes de Florida no pusieron fin a la guerra. Las victorias orientales en Rincón, el 24 de setiembre, y Sarandí, el 12 de octubre de 1825, fortalecieron militarmente al movimiento. En octubre, el Congreso de las Provincias Unidas aceptó la incorporación de la Provincia Oriental y, el 10 de diciembre, el Imperio del Brasil declaró la guerra.

El conflicto continuó hasta 1828. La Convención Preliminar de Paz, firmada el 27 de agosto de ese año entre el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas, dispuso que el territorio oriental pudiera constituirse en un Estado libre e independiente. El canje de sus ratificaciones se realizó en Montevideo el 4 de octubre de 1828.

El proceso institucional avanzó posteriormente con la elaboración de la primera Constitución, jurada el 18 de julio de 1830. Por eso, la independencia uruguaya no puede reducirse a un único episodio: tuvo en 1825 una afirmación política de soberanía, en 1828 una definición jurídica internacional y en 1830 una organización constitucional.

¿Por qué se conmemora el 25 de agosto?

La elección del 25 de agosto como fecha patria también fue una construcción posterior. En 1834 se había establecido que el aniversario de la Jura de la Constitución sería la única gran fiesta cívica de la República.

Recién el 9 de mayo de 1860 una ley declaró al aniversario de la Declaratoria de la Independencia como la gran fiesta cívica nacional. El presidente de la República era entonces Gabriel Antonio Pereira, quien había integrado la Sala de Representantes y firmado las leyes de 1825 como diputado por Pando.

Más allá de las discusiones historiográficas, la jornada de Florida conserva una significación propia. Fue una decisión adoptada por representantes de los pueblos orientales en medio de una guerra y no el resultado de una concesión de las potencias que se disputaban el territorio.

Recordar el 25 de agosto no exige borrar su complejidad. Aquella noche se proclamó la independencia frente a Portugal y Brasil, se resolvió la unión con las Provincias Unidas y se adoptó un pabellón provincial. Tres decisiones diferentes, atravesadas por una misma afirmación: la soberanía debía residir en los pueblos y ningún poder impuesto por la fuerza podía decidir por ellos.

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