La Fuerza Infinita que todo lo puede

Lorena Fernanda Fuentes Bonilla, de 50 años, es hija de Esther y Daniel. Es la mayor de dos hermanos por parte de padre y está en pareja con Carlos Castellini, “un compañero excelente, que me apoya en todo, me da para adelante y confía en mí”. Hace poco tiempo trajo a su mamá a vivir a Durazno, para estar más cerca una de la otra.

Por Anabela Prieto Zarza

Se considera una persona común, “una más, con ambiciones y que alcanza lo que se propone, que siempre alcanza los objetivos que se plantea. Quizá lo logro porque le pongo empeño, supero las dificultades y soy muy tenaz”.

Lorena nació en Montevideo, donde transcurre su infancia, adolescencia y primera adultez, hasta que la vida la trae a Durazno. De niña concurre a la Escuela Nº 89 de Villa Española y, en secundaria, al liceo Dámaso Antonio Larrañaga.

Desde que tiene uso de razón, se recuerda como una niña hiperactiva, inquieta, siempre queriendo hacer cosas. Desde los 5 años, su mamá contemplaba sus deseos y así fue como la llevaba a piscina, gimnasia artística, olímpica y a todo aquello que Lorena quisiera hacer como actividad extracurricular.

Culminado el liceo, estudia enfermería en la Escuela Scosería. Concurre a la Escuela Matriz de Enfermería, en la Ciudad Vieja.

Se recibe de enfermera sin dejar nunca de concurrir al gimnasio, que consideraba indispensable en su vida. Comienza a trabajar en el Hospital Británico, cobrando más fuerza aún la necesidad de entrenar, de mantenerse activa, en forma y cultivar su salud a través del deporte. En ese marco y con esos objetivos, realiza un curso de Personal Trainer, que incluía la formación como instructora de Spinning y de entrenamiento funcional. Esta capacitación, que tuvo tres años de duración, le permitió comenzar a trabajar como instructora en gimnasios de Montevideo.

Dos trabajos bien diferentes, que combinan de forma perfecta en la vida de Lorena. Sin lugar a dudas, como veremos después, uno de ellos se va a convertir en algo más que trabajo, en pasión.

En 2009, por razones personales, deja Montevideo atrás y se radica en Durazno. Si bien es cierto que le costó un poco adaptarse porque extrañaba el ritmo de la capital, las compras después del horario de trabajo, los comercios abiertos al mediodía y la falta de amistades, al poco tiempo ya se consideraba una duraznense más. Pero hubo un momento en que dudó si había hecho bien en venirse a vivir a Durazno. Hoy tiene bien claro que sí.

Deja el Británico e inmediatamente, en base a sus referencias, ingresa a CAMEDUR, donde trabaja hasta la fecha, actualmente en el área de CTI.

Cuando decide venirse a Durazno, la única condición que puso es que hubiera gimnasios. Se inscribe en uno y comienza a asistir inmediatamente. En el trabajo y en el gimnasio comienza a conocer gente, a integrarse a grupos, a socializar.

“Yo soy muy social, enseguida me vinculé con un grupo de corredores que al principio éramos tres; hoy son un montón, pero al principio nos miraban como algo raro. Me compré una bici y comencé a practicar Mountain Bike y me sumé a un grupo que practicaba ese deporte”.

En su cabeza, además de ser enfermera porque ama su profesión, no paraba de dar vueltas la idea de tener su propio gimnasio, dar clases, transmitir lo que había estudiado y que le apasionaba. Se fijó el objetivo de comprar bicicletas e instalarse con una sala de Spinning. Compró cinco bicis y comienza en el Club Independiente, donde consiguió lugar para hacerlo.

De mañana, CAMEDUR; de tarde, clases. Comenzó con las compañeras, después se sumaron amigos, conocidos. La gente fue conociendo lo que era el ciclismo en bicicleta fija y tuvo que ir agregando horarios porque se sumaba cada vez más gente. Terminaba a las 9 de la noche. Fue un boom.

Posteriormente tuvo la oportunidad de trabajar en el Club Nacional, dando entrenamiento funcional y Pilates, donde concurrían personas de ambos sexos.

Fue ampliando su oferta y logró instalar su propio gimnasio, primero compartido con otro profesional, pero actualmente ha logrado el sueño de tener el suyo propio.

A partir de las 13 horas, la vida de Lorena se concentra en las instalaciones de su gym, que se llama Fuerza Infinita. Allí ha podido concretar su sueño de dictar clases, programar y diseñar las rutinas, trabajar a medida para cada una de las personas que allí concurren. Sabe que se trata de salud, no solo de estética.

La oferta de servicios comprende entrenamiento funcional, Pilates, musculación y Spinning. Insiste en la importancia de una vida sana y una alimentación saludable, y ha tratado de ser un buen ejemplo para los demás. Por eso apunta mucho a la actividad física como instrumento para la salud.

“No importa si sos 90-60-90, importa que uno esté bien y que cada persona pueda encontrar la versión que busca de sí misma”.

Fuerza Infinita está ubicado en una zona de la ciudad de Durazno que ha tenido importantes modificaciones en los últimos años y que tendrá más aún con la construcción del Shopping de la Terminal. Se ubica en las calles Castellanos de Puchet, esquina Filomena Lugo, en las inmediaciones del Túnel, entre los semáforos de Zorrilla y la calle Salaberry.

Si quieren contactarla, pueden hacerlo de la siguiente manera:

Facebook: Fuerza Infinita
Instagram: @fuerzainfinita
Cel.: 098 657 083

Otro capítulo en la vida de Lorena es haber dedicado gran parte de su vida a la competencia en distintas ramas deportivas: carreras, Mountain Bike, Triatlón, entre otras. Actualmente está muy comprometida con las competencias de fisicoculturismo. De hecho, está en pleno proceso de preparación para la próxima actividad, en el mes de noviembre. Compite en la categoría Bikini Fitness, cuyos resultados podremos ver en una de las fotos que acompañan esta historia.

Estas competencias tienen un nivel de exigencia muy importante: física, alimenticia y mental. También económica. Dos veces por semana concurre a Montevideo a entrenar con su coach, al que obviamente tiene que pagarle. Durante las competencias también hay gastos de traslado, alojamiento y alimentación. Pero ama lo que hace y por eso le resultan fáciles las renuncias, como ir a cumpleaños o salidas a restaurantes y hacerlo con su tupper y su botellita de agua.

“Aprendí que no me define lo que como, que puedo socializar, divertirme y cuidarme al mismo tiempo. No fue fácil, pero lo logré. Muchas veces le explico al mozo que nos atiende que me traigo mi comida porque estoy entrenando. Siempre me entienden y respetan”.

Hace poco compitió en Buenos Aires, en el Teatro Devoto. Lo hizo en tres categorías: en una obtuvo el segundo puesto y en las otras dos, el tercero. No se puede quejar de los resultados de su esfuerzo.

En sus tiempos libres le gusta salir a pasear, viajar y, cada vez que puede, los fines de semana sale. En enero cierra el gimnasio porque es la temporada baja y saca su licencia en CAMEDUR, y se va de viaje, seguro que incluye la playa.

Cree que su sueño mayor ya lo cumplió: tener su propio gimnasio. Implica hacer lo que le gusta, ser su propia jefa, planificar de acuerdo con sus criterios, dar lo que entiende que es bueno para la gente, para colaborar en que se mantenga activa y saludable.

A futuro, sí le gustaría trabajar menos. Seguir con esto del gimnasio, pero estar a cargo y delegar en personas de su confianza.

“Soy consciente de que no voy a poder estar toda la vida en la primera línea, pero sé que podré seguir trabajando con colaboradores, haciendo lo que me gusta y trabajando para los demás”.

Por supuesto que otro anhelo es tener lo que todo el mundo quiere: salud para hacer todo lo que uno quiera en la vida.

Cree que la única barrera que tiene la gente es una enfermedad o una limitación física. Fuera de eso, cree que no existen barreras que la gente no pueda superar. Quiere transmitir que todo se puede, que todos podemos hacer lo que queremos y lo que nos proponemos, todos somos capaces de lograrlo. Hay que proyectar, hay que verse en esos lugares y trabajar por ello, esforzarnos y convertir nuestras metas en realidad.

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