El edil departamental Pedro Hernández analizó la expansión de la garrapata y la resistencia que el parásito ha desarrollado frente a distintos productos. Tras participar en un taller del Congreso Nacional de Ediles, advirtió que la reducción de los controles oficiales, el incumplimiento de los tiempos de espera de los medicamentos y la falta de personal pueden comprometer la producción cárnica y el acceso a los mercados. También planteó realizar en Durazno una instancia informativa dirigida a productores y a la población en general.
Pedro, muchas gracias por recibirnos. Hoy el tema es la garrapata, una preocupación nacional. ¿Cuál es la realidad y cómo está Durazno en este contexto?
Nos encontramos en un contexto en el que hay una zona roja del país, sobre todo en la parte limítrofe, y también en el centro, como Tacuarembó. A raíz de la garrapata, el productor hace frente a la situación comprando y aplicando productos, pero el propio parásito se está haciendo inmune. Aquellos productos que en un momento eran eficaces hoy tienen dificultades para combatirla. Se está trabajando arduamente, pero no es un tema fácil, porque involucra a muchos actores: el sector público, el privado y los profesionales. La situación ha ido escalando de tal manera que, a raíz de la aplicación de esos productos, aparecieron residuos en mercados como Rusia y China. Eso llevó a la suspensión de algunos frigoríficos; el último fue el Frigorífico Tacuarembó, que es el que más estaba exportando y faenando. Eso constituye un riesgo.
A veces, en la ciudad, la gente no tiene noción de lo que significa ni de la gravedad de la situación. Hasta el momento, el rubro cárnico es el que más divisas ingresa al país, y de esas divisas después se derrama hacia la salud pública, la enseñanza, las obras y todo lo que implica una erogación del Estado. También se financian los distintos planes del Mides. Creo que no se había tomado, o recién se está tomando, la dimensión de esa gravedad.
Estuvimos en el Congreso Nacional de Ediles, donde hubo un taller en la Intendencia de Montevideo. Yo creo que, por la importancia del tema, también habría sido bueno hacerlo en Artigas, Paysandú o en otro lugar del interior. Cuando la situación empieza a golpear la economía, también afecta la mano de obra y el jornal de la gente. Si se para un frigorífico como el de Tacuarembó, donde trabajan alrededor de 2.000 personas, el golpe para el departamento y para el país es muy importante. Además, hay rechazo de mercadería y una pérdida económica.
Nuestra idea es profundizar en este asunto porque Durazno tampoco escapa a la situación. Estamos un poco mejor que otras zonas del país, pero ya está golpeando. El mes pasado estuvimos en la Mesa de Desarrollo Rural, en la sede Artigas, y los productores ya mostraban una alarma muy importante.
¿Por qué no se combatió la garrapata antes de llegar a este extremo? ¿Cómo se generó la resistencia a los productos?
Entendemos que hay varios factores. En el taller participaron un diputado del Partido Colorado, un muchacho joven de Paysandú que había sido coordinador general del Ministerio de Ganadería en el período anterior; el exministro Carlos María Uriarte; y el director general de Servicios Ganaderos, el doctor Marcelo Rodríguez. Ellos expusieron al comienzo sobre la situación.
Pero ya desde el período de Uriarte se hablaba de la garrapata. ¿Qué responsabilidad tuvo la reducción del Estado en los controles sanitarios?
Cuando se habla de achicar el Estado, creo que se deben buscar los lugares donde realmente se puede reducir. Muchas veces se recorta sobre los servicios oficiales y se derivan funciones hacia otros organismos que incluso recaudan más. Está mal entendido qué significa achicar el Estado. Estas medidas sanitarias son importantes para el país y constituyen una necesidad real.
Una de las conclusiones que sacamos es que, hace unos 15 años, el Ministerio de Ganadería tenía alrededor de 6.000 funcionarios para realizar los controles necesarios. Estaban los inspectores de sarna y garrapata y los baños oficiales: el Ministerio llenaba el baño y todos los vecinos llevaban el ganado. Hoy eso no se está dando. El Ministerio tiene unos 1.800 funcionarios.
En ese contexto, muchas veces decimos que las autoridades hacen caso omiso a las necesidades. En el afán de recortar, no se dan cuenta de lo que después se puede generar. Hoy estamos viendo una falta de controles. El ser humano es un poco hijo del rigor: si no se aplican multas y no hay fiscalización, los controles se debilitan.
Recuerdo que, cuando era joven, llegaba un inspector a un establecimiento, hacía los controles y ajustaba lo que tenía que ajustar. En el taller incluso se planteó la idea de volver a los baños, porque la garrapata se ha ido haciendo inmune a distintos productos. También hay una responsabilidad en su aplicación. Los prospectos indican una dosis para un animal de 300 kilos y otra para uno de 400. Un productor puede estimar que el promedio de su ganado es de 400 kilos, pero quizás tenga animales de 500 y otros de 300. Ahí también habría que ajustar.
¿Por qué se retiró el sistema de baños, que parecía ser más efectivo?
Quizás influyó la comodidad del productor y también la apuesta a nuevas tecnologías. Hay tecnologías y sistemas que son aplicables en muchos lugares, pero en este caso esa tecnología no siempre acompaña, porque también depende del ser humano que debe aplicarla y de la realidad en la que vive el productor.
Para mí, se buscó quitarle ese peso al Estado reduciendo funcionarios, pero hoy la realidad nos está diciendo que fue una muy mala medida. Lo reconocen actores políticos de todos los partidos, aunque tampoco vemos suficiente preocupación por el tema.
¿Se prevé el ingreso de personal idóneo, tanto veterinarios como inspectores?
Hice esa consulta y, según se nos informó, habría unas 60 personas para ingresar. Creo que es insuficiente e irrisorio. Tal vez el ministro de Economía, Gabriel Oddone, se dé cuenta cuando no disponga de esos recursos y comprenda que, por negar el ingreso de 200 o 300 personas al ámbito público, puede achicarse la caja del rubro que más aporta.
Quizás, desde la capital, no se valora la importancia de que haya un inspector en un frigorífico. También existe confusión sobre quién realiza los controles. Se habla de INAC, pero INAC se ocupa de la promoción. El trabajo de control corresponde a los funcionarios del Ministerio, que realizan el muestreo y están las 24 horas en los frigoríficos. Ese Estado que se achicó por un lado se agrandó por otro, porque hay organismos paraestatales que recaudan millones de pesos.
Desde el frigorífico, ¿es posible detectar estos problemas? Ya tuvimos brucelosis y ahora tenemos la garrapata. ¿Qué ocurre con la producción rechazada?
La brucelosis todavía existe. En cuanto a la mercadería, puede ser devuelta o dirigida a otro mercado que no tenga la misma exigencia. Por lo general vuelve, con todos los costos que eso implica.
Quien pierde es la industria frigorífica, porque el productor ya vendió su ganado y, en principio, lo cobra. Muchas veces se castiga al industrial porque se dice que gana mucho dinero. Es cierto que quien invierte y trabaja gana dinero, pero hoy la tonelada de carne ronda los 6.000 dólares y un contenedor lleva alrededor de 20 toneladas. No son monedas: es un golpe muy importante para la economía de cualquier empresa.
También hubo una devolución de miel por una situación similar, vinculada con residuos. ¿Por qué no se toman medidas y se incorporan los inspectores necesarios?
Hay un abanico de situaciones. Lo primero es concientizar al Gobierno y, sobre todo, al presidente de la República, al ministro de Economía y al ministro de Ganadería. El ministro de Ganadería tiene facultades para solicitar funcionarios, pero quien determina si se habilitan o no los recursos es el ministro de Economía, que quizás desconoce esta realidad.
Siempre digo que, si una persona es nombrada para ocupar un cargo —sea en el Ministerio de Ganadería, en una dirección de Obras o donde sea— y no le dan herramientas para trabajar, lo primero que tiene que hacer es manifestarlo. Si yo fuera ministro, diría: “Si no me das herramientas para trabajar, estoy pintado”. Eso también se ve a nivel departamental, cuando no se proporcionan los medios necesarios.
En la Mesa de Desarrollo Rural surgió también un planteo sobre los alambrados linderos. ¿Cuál es el problema?
Un pequeño productor me pidió que llevara el planteo a la mesa y nosotros quedamos en averiguarlo. Se lo trasladé especialmente al exministro Uriarte, que conoce estas situaciones.
Si una persona es propietaria de un campo, una parte del alambrado medianero es suya y otra parte corresponde al vecino. Los dos propietarios suelen encontrarse en la mitad del tramo y acordar qué sector mantiene cada uno, pero el Código Rural no lo define con claridad. No hay una legislación concreta al respecto.
Ese productor me decía: “Yo tengo mi alambrado en perfectas condiciones, pero el vecino no. Mi animal está sano y el de él está enfermo; pasa a mi campo y lo contagia”. Sin una definición concreta, un productor de mala fe puede decir que pensó que ese tramo era responsabilidad del otro. Estas disposiciones datan de comienzos del siglo pasado y no se han ido actualizando. Eso también muestra que no se ha tomado la dimensión de toda la situación.
¿Qué importancia tienen los tiempos de espera y la Planilla de Control Sanitario?
Los prospectos establecen que, después de aplicar determinados productos, deben pasar 60 o 90 días antes de faenar un animal, porque puede conservar residuos. Existe una Planilla de Control Sanitario que debe completarse y que ahora el Ministerio aparentemente va a aplicar con mayor rigor. Si el productor administró el producto el día primero, el ganado no debería quedar liberado hasta que transcurra todo el plazo. La medida debe alcanzar al ganado tratado y, especialmente, a los animales que se prevé comercializar.
También está el producto que se aplica para tratar la tristeza bovina, una enfermedad que puede matar al animal. Ese medicamento tiene un tiempo de espera superior a 200 días. El productor, ante la desesperación de ver que su ganado se está muriendo, echa mano a los recursos disponibles para salvarlo. Puede aplicar el producto y comercializar el animal 30 días después; luego un invernador puede tenerlo otros 30, 40 o 60 días y venderlo al frigorífico cuando todavía conserva residuos. Eso es lapidario y es parte de lo que está ocurriendo.
¿Cómo se soluciona, considerando que faltan inspectores y que la carne es uno de los principales ingresos del país? Uruguay no vive sin la producción del interior.
China es nuestro principal comprador y representa una parte muy importante de la producción. Debemos estar en alerta. Hay que lograr que el ministro de Economía comprenda que la realidad del interior tiene otra dimensión. Las mesas rurales de todo el país elevan información y se realizó una reunión en Montevideo, pero todavía falta traducir esa información en decisiones.
¿Falta conciencia? También hay responsabilidades compartidas y puede existir la llamada “viveza criolla” al declarar las fechas de aplicación.
Creo que hay conciencia de ambas partes, pero, a nuestro entender, el productor todavía no ha asumido plenamente la importancia del problema. Hay responsabilidades compartidas. Puede ocurrir que alguien declare una fecha anterior a la real para poder vender antes.
Al ministro le va a empezar a caer la ficha si se detienen algunos frigoríficos, como el de Tacuarembó, y sus trabajadores van al seguro de paro. Allí la situación comienza a repercutir directamente sobre los recursos públicos.
¿Una posible medida sería que el frigorífico no pagara el ganado hasta que el comprador final confirmara que está en condiciones sanitarias?
Esa podría ser una de las posibilidades. Si yo le vendí un producto que teóricamente estaba sano, pero no lo estaba, allí tendría que existir una consecuencia. A la industria se le exige una cantidad de condiciones y termina asumiendo un problema que no generó.
¿Es posible detectar rápidamente si una garrapata es resistente a un producto?
No. Hoy, para determinar si una garrapata es inmune a un producto, el análisis puede demorar casi 60 días. Ese examen es dificultoso.
Cuando hablamos de recursos humanos, también debemos considerar a la División de Laboratorios Veterinarios Miguel C. Rubino, la DILAVE, que es el laboratorio oficial donde se realizan los controles. Imagino que, como ocurre en otros sectores del Ministerio, está saturada, porque cada vez recibe más exámenes de frigoríficos, laboratorios y veterinarios. Debe estar al límite de su capacidad de trabajo.
Usted sostiene que al ministro de Economía le va a preocupar cuando una empresa baje la cortina y aumenten los seguros de paro.
El seguro de paro se financia con aportes, pero esos recursos también se reducen. Después llegan las extensiones, porque la gente necesita vivir. En ese contexto, habrá que analizar todo esto con mucha profundidad y atender realmente la gravedad de la situación.
Esa es la instancia que queremos impulsar en Durazno para que la población en general se entere y para acercar a los productores la dimensión del problema. Si un productor vende sus animales a una industria, podría plantearse que no cobre hasta que el comprador confirme que la mercadería está correcta. Entonces se empezaría a valorar que las cosas deben hacerse bien y que hay que respetar los plazos.
¿Los productos utilizados están avalados oficialmente?
Le hice esa pregunta al director general de Servicios Ganaderos. Nos manifestó que sí, que existe un protocolo y que se realizan pruebas. Entonces, o el productor falla cuando declara que aplicó el producto hace 60 días, o existe algún problema con el producto.
¿Volver a los baños oficiales puede ser parte de la solución?
Quienes conocemos el campo y tenemos unos cuantos años recordamos los baños oficiales. En el taller, una edila planteó por qué no se vuelve a ese sistema. Hoy es una situación más difícil porque existen mayores controles ambientales y aquellos productos eran muy agresivos. De todos modos, se estaría buscando otro sistema de baño que pueda aplicarse sin ser agresivo con la naturaleza. Veremos qué sucede. Seguimos luchando.
Además de este tema, ¿qué otras actividades viene desarrollando?
Siempre nos gusta estar informados. Nuestra Liga Federal tiene representación en la Mesa Política Nacional, integrada por 15 personas, y contamos con un representante con voz y voto. Cuando puedo, concurro para tener información de primera mano sobre el trabajo del Gobierno nacional, porque los asuntos llegan a esa mesa. También procuramos estar constantemente presentes en los temas departamentales.


