Canto, música, familia, trabajo y libertad personal.

Martha Gualconda Casaballe Correa, de 81 años, es hija de Aníbal y de Gualconda Enriqueta, conocida como Conda o Condita. Es la mayor de cuatro hermanos. Desde que Titi Choli partió a otro plano, son Martha, Daniel y Estela. Tiene dos hijos, nietos y bisnietos.

Por Anabela Prieto Zarza

Martha nació en Durazno, en la maternidad del Hospital Penza. “Según mamá, a las 9 menos 10 de la mañana”. Su educación transcurrió en el Colegio y Liceo Inmaculada Concepción. Estudió piano, canto lírico, entre otros temas vinculados a la música y al canto.

Consultada sobre cómo surge su amor por la música, expresa: “Uuuuuhhh, cuando era niña tenía una profesora, Elia Porley, que me enseñó y me hizo amar el canto y la música. Después, a los 11 años, comienzo a cantar con Don Raúl Evangelisti, con quien termino de definir mi vocación”. Con él comenzó a cantar en la Coral, que funcionaba en Amigos de la Música. “Además, Don Raúl siempre me llevaba a cantar a su programa ‘El Tío Noe’, en Radio Durazno CW 25. A mí no me daba vergüenza cantar en la radio, me encantaba. De hecho, me pongo más nerviosa ahora”.

Se casó con Juan Francisco Rodons, con quien tiempo después, junto a su familia, tuvo que emigrar a España. Su esposo, conocido como Quicho, fué Fundador del Pequeño Teatro, junto a Rosina Sosa y Domingo Alonso. En el año 85 vuelve al país con sus hijos grandes y sin su esposo, que trascendió a otro plano en Barcelona.

La vida sigue en Uruguay. Revalida todos los títulos en Montevideo y retoma su actividad vinculada a la música. Trabaja como profesora de piano, canto lírico y coro, en el Conservatorio de Música y en Educación Primaria.

Al volver se inserta nuevamente en el ámbito cultural duraznense y, junto con otros compañeros, como Yamandú Fumero y Rosa Chaine, por nombrar algunos, fundan el Coro del Conservatorio. Recuerda que Hugo Apolo, siendo intendente, en el año 95 reabre el Conservatorio y se dan las condiciones para iniciar la actividad coral, entre otras.

“En el año 1996 comencé a estudiar Canto Lírico en el Conservatorio con Laura Méndez, que ya está en otro plano. Me llevó 11 años culminar.

Con gran orgullo y satisfacción agrega: “El Coro del Conservatorio está cumpliendo 30 años de actividad ininterrumpida”.

Con 71 años, sigue trabajando porque no encuentran reemplazo para el cargo de profesora de canto lírico, pero en 2013 llega la jubilación. Con el año planificado de actividades y pronta para comenzar, un 31 de marzo le llega el cese.

Al principio extrañó un poco el tiempo dedicado a la planificación, a la elección de las canciones, a buscar formas de enseñar, el contacto con los niños, jóvenes y adultos que tenía como alumnos. “Pero hay que adaptarse”.

Para Martha, “el canto coral es todo, es una familia, te contiene, te ayudan. En realidad, el canto en sí me ha dado todo, porque el canto lírico lo disfruto muchísimo también”.

Humilde y sencilla, cuesta que hable de sus logros personales. Siempre prefiere referirlos a las actividades de todos, pero nos cuenta que, como cantante lírica, ha actuado en el Ateneo de Montevideo, en el Shopping Punta Carretas, en San José y en distintos lugares del departamento de Durazno.

Con el coro han viajado muchísimo, dentro y fuera del país. “A veces, con el registro de voz que tengo, me ha tomado como solista en algunas obras del coro”, dice, poniendo nuevamente de manifiesto su bajo perfil.

Es entonces que, riendo, me dice: “Me estoy olvidando de algo, incursioné en el candombe también y me encantó. Hasta el 2008, en que se enfermó Titi Chola, salí en Afrocan. Fui mama vieja e integré las alas de ama de leche, todas vestidas de blanco, y el ala de africanas”.

En sus tiempos libres sigue disfrutando del piano. “Cuando ando medio loca, me siento al piano”. Presiento que se sienta en muchas más ocasiones, porque en sus palabras y en su trayectoria deja claro que es una de sus pasiones.

La lectura también ocupa un lugar importante en su vida. Actualmente está leyendo la novela El desertor, de Abdulrazak Gurnah. Le gustó mucho Guardianas, de Emilia Díaz.

Leyó mucho a Isabel Allende, entre otros autores. Antes prestaba libros, pero ahora no, porque no vuelven.

Le pasó eso también con los libros de estudio y de música que precisaba para trabajar. Por eso, cuando tiene un material que alguien necesita, le ofrece fotocopias y se las da.

Pero el máximo de su atención la tienen sus bisnietos. A veces la llaman por teléfono y, antes de que terminen de explicarle lo que necesitan, contesta: “Ya voy para allá”.

“En este momento de mi vida los disfruto a pleno, son muy pegoteados con la Nana y yo aprovecho el tiempo compartido con mis solcitos”.

Actualmente se dedica, con carácter casi que obligatorio y por placer, al Coro de Cámara del Conservatorio.

No tiene sueños por cumplir, tiene cantidad de “cosas” que cumplir. “Siempre tenés cosas que querés hacer, que por distintas razones no has podido, pero que siguen ahí, las querés hacer”.

Pero con una seguridad y honestidad gratificante dice: “Lo que sí te puedo decir es que no me arrepiento de nada de lo que he hecho.

Considera vital tener claro que uno debe ser uno mismo, no privarse de hacer lo que uno siente, pero siempre siendo uno mismo.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *