Por Saúl Moisés Piña
El inicio del nuevo año en las Escuelas de todo el país, es simbólicamente el Renacimiento de una esperanza y también la Reafirmación de un principio.
La esperanza se radica en el corazón de los padres, los abuelos y la familia de los niños que por primera vez vestirán la túnica y la moña igualitaria .La esperanza de que sean ciudadanos que aportarán lo mejor de su vida en beneficio del país, en la práctica de los mejores valores y en la defensa de la rica identidad democrática que caracteriza al Uruguay.
Tiene un valioso simbolismo que este país reabra las puertas de sus escuelas, porque ese principio concretado en los pilares básicos de una enseñanza laica, gratuita, obligatoria y sin contaminaciones, es el de la libertad y solidaridad entre los ciudadanos, que es la base de todo sistema democrático.
La Escuela debe formar un espíritu activo, pensante, creador en cada uno de los educandos, de manera que las personalidades sean el fruto espontáneo, de una constante capacidad de auto creación, en vez de regimentarse para pensar todos lo mismo y sentir todos de la misma manera.
Que los niños en el futuro, tengan las condiciones para elegir o rechazar religiones, elegir o rechazar dogmas, elegir o rechazar convicciones. El laicismo en la enseñanza, es la convocatoria constante a las fuerzas creadoras que anidan en el hombre-
La calidad de la enseñanza sin dogmas, tiene vital importancia, porque en el interior de la caja craneana de cada ser humano, está el preciado cofre que guarda el mayor capital: el conocimiento.
La educación ha tenido en este país, grandes inspiradores, que fomentaron, la libertad crítica y creadora en la formación de un pueblo que piensa antes que acatar.
Debemos rescatar la calidad educativa, avanzar en la tarea pedagógica que abandone los relatos mitológicos autocomplacientes que paralizan el país
Nuestro brindis por los que hoy ingresan a la escuela, con fe y esperanza, de que contribuyan en su vida, al rico patrimonio de los orientales-


