Liber Raquel Herrera Castro, de 50 años, se considera una persona alegre, divertida, compañera y servicial. Es hija de María Castro, la querida Negra o Teresa Herrera, como la conocemos, y de Enrique Herrera. Es la menor de 8 hermanos.
Por Anabela Prieto Zarza
Casada con Michael Alcoba, mamá de Mikaela (32), que es educadora, y de Silvina (19), que acaba de ingresar a la policía. “Con Michael sentimos que les dimos las herramientas necesarias para la vida; estamos felices por ellas, que ya son y viven independientes”.
Nació y creció en el Barrio Durán, fue a la Escuela 8 e hizo hasta 4º de liceo en el Rubino. Fue una niña muy feliz y, por ser la menor, más todavía: era la consentida de la familia, de los hermanos, de los vecinos, que eran viejitos y muchos ya no están.
Raquel tenía 15 años y Michael 17 cuando se ponen de novios. Dos años después se casa con quien sería su compañero de vida. También con 17 años es mamá.
Trabajó en muchas cosas: cuidó niños, hizo limpiezas, atención al público en una panadería, hasta que finalmente ingresa a la Intendencia de Durazno.
La pérdida de su papá fue algo que la marcó para toda la vida. Se emociona hasta las lágrimas cuando dice: “Después nada fue igual, las fiestas, nada”. El papá se enfermó de Parkinson; no fue fácil el tránsito de la enfermedad. Además, Raquel era muy compañera, muy amiga de su padre.
Pero como todo en la vida, también hubo hechos hermosos. Ser mamá tan joven y repetir la maternidad ya más grande, con una familia consolidada, fueron momentos sublimes: tener una quinceañera y una recién nacida fue hermoso.
Siendo una jovencita de apenas 15 años, se iba a realizar por primera vez el evento de elección de Reina de las Llamadas. Antes se hacía solo la elección de Reina de Carnaval. Álvaro Acuña y Carlitos Castro van por su casa y la invitan a participar. Le piden que se inscriba y que invite a otras amigas: precisaban concursantes. Raquel, encantada con la idea, pero dependía de que sus padres la autorizaran. Con el novio sabía que no había problemas. Fue con sus padres y pidió permiso. La respuesta fue: “Bueno, si usted se anima”. Se animó, se presentó y ganó. Ostenta la distinción de ser la Primera Reina de las Llamadas del Interior, en el año 1989.
El evento se hizo en el Estadio Cerrado. Las prendas eran de La Campana: mallas, ropa casual, de fiesta; las peinaba Petty, una gran mujer que siempre estuvo involucrada en estas cosas; las maquillaban. Era todo divino: el escenario con luces, adornado con palmeras. El estadio lleno de gente. Ver tanto público le daba vergüenza, pero cuando subía al escenario se olvidaba de todo. La gente te alentaba y te olvidabas de todo. Eso les pasaba a todas. Era hermoso.
En aquella época no se hacían llamadas en otros departamentos, a diferencia de hoy, que se hacen en todos lados. Fue el comienzo de lo que luego pasó en otros departamentos. Recuerda que las llevaron a Flores a desfilar. Los premios eran vales en dinero, prendas, pasajes, órdenes de compra, entradas a bailes de Hechizos. Pero lo más lindo era participar: el desafío de estar allí, de ser parte.
Al año siguiente se realiza la Segunda Edición del evento. Más chiquilinas se animaron a participar; vinieron de Del Carmen, Sarandí del Yí, Cerro Chato. Era lindo, se hacían amistades. Raquel vuelve a salir Reina en esa segunda edición, año 1990.
Riendo nos cuenta: “En el 91 fui Primera Princesa, y la Reina fue mi sobrina Karen”. Después no participaron más ninguna de las dos.
Tiene un grato recuerdo de la señora que les hacía los vestidos, la Negrita Colet. Era una funcionaria municipal que las cuidaba; iba al lado de la carroza en los desfiles. Todo era muy cuidado, muy seguro, muy sano.
Aquella jovencita que se animó a postular para Reina de las Llamadas recientemente recibió invitación para participar del evento Miss Elegancia, y riendo dice: “No me animé”.
Le gusta salir, caminar, viajar, las fiestas, las reuniones. Son muy familieros, celebran todo, sobre todo la vida. Ir a la playa: “Todo el año espero que me abrace enero para irme”. Le encantan las plantas, tiene cantidad.
Tiene un perro, un pinscher que se llama Suárez. Es el que concita toda la atención ahora: han pospuesto viajar porque si lo dejan se enferma. “Un fin de semana que nos fuimos a Argentina y lo dejamos con mi hermano, de tanto que nos extrañó se enfermó. Le bajaron las defensas. No lo dejamos más”.
Sueña con la llegada de los nietos, pero es algo que no depende de ella. Cuando tenga que ser, será.
Cree que la gente tiene que aprovechar cada momento, ser felices cuando se tiene la oportunidad de serlo. “Hoy estamos y mañana no se sabe, por eso hay que disfrutar cada momento, el día a día”.
