Teresita Beatriz Menditeguy González, de 65 años, es hija de Juan y Quitita, quienes moldearon su vida y la de sus dos hermanos transmitiéndoles los valores necesarios para la vida .Está casada con Maurilio Vigevani (Fito) y es la mamá de Antonella (32) y Martín (32).
Por Anabela Prieto Zarza
Se percibe como una mujer sensible frente a los desafíos que nos presenta la vida y a las necesidades de otras personas, sobre todo de los niños. Es muy sincera, directa, franca, mostrándose a los demás tal como es. Tiene un fuerte sentido de identidad frente a la profesión de maestra, “a la cual abracé con mucho respeto y amor”.
Desde niña soñó con ser maestra. Fue maestra y, en cierto sentido, sigue siéndolo: sin aulas, sin gestión, pero con el sentimiento de que la educación todo lo puede en la vida de los niños y de todas las personas, generando optimismo en el aprender y una gran satisfacción en el enseñar.
Su infancia transcurre en el barrio de la Plaza Artigas, por lo que comienza primaria asistiendo a la Escuela Nº 6. Con sus excompañeros tienen un grupo que se denomina “las cañoncitas”. A pesar de que están dispersos siguen en contacto, están al tanto de sus vidas, se reúnen y en el año 2026 están promoviendo una gran juntada.
La familia se muda a Santa Bernardina y en ese tiempo concurre a la Escuela Nº 11.
Tuvo una infancia muy feliz, con juegos en la Plaza Artigas, en las veredas, en las casas de los vecinos y próximos al Río Yí y al monte, al cual sigue amando y elige siempre para salir a caminar, particularmente en la zona del camping.
Cursa secundaria en el Liceo Rubino y después Magisterio, segura de que seguía su vocación. Asiste a instituciones de Formación Profesional.
Dedicó su vida a la enseñanza. Trabajó para la Educación rural, ámbito que sigue amando profundamente, donde el maestro tiene un rol social muy importante en la comunidad. Llegó a la ruralidad en ómnibus, correo, volanta, en moto y “haciendo dedo”. También lo hizo para la Educación inicial, que le permitió conocer cómo aprenden los niños pequeños y enseñar para ellos.
Tiene los mejores recuerdos de toda su carrera. La felicidad que le provoca encontrarse con alumnos y padres que la recuerdan y visitar los pagos de las escuelas y las festividades de las instituciones es insuperable. Es la mejor recompensa para un docente.
Fue Directora de Jardín de Infantes, Supervisora y Gestora de Distritos de Educación Inicial (inspectora). En este último cargo tuvo que viajar a otros departamentos, como Tacuarembó y en el departamento de Durazno. Fue maestra y profesora en el departamento de Florida. Esto le permitió crecer mucho profesional y personalmente, conocer otras realidades y entender las diferentes necesidades. Fue profesora en IFD, maestra y Directora de Práctica docente, compartiendo saberes desde la Educación Inicial. Tuvo también su Jardín privado “Mimitos” junto a Mirta y Raquel con quienes formaron una hermosa amistad .
Actualmente, jubilada, ha podido realizar cosas que tenía pendientes en su vida. Hacerlas a su ritmo y con la soltura del “sin horario”, pero también ha podido seguir ayudando a otros docentes desde el punto de vista personal, ya que muchas veces es fuente de consulta.
El nacimiento de su hija cambió su vida. El desafío que significa tener un ser que depende de uno es impactante. “Fue una responsabilidad que asumimos desde el amor con Fito. Vaya si la vida nos recompensó con un una hija tan noble como es Anto. Y porque la vida multiplica el amor hoy son dos hijos. Son grandes, independientes, realizados”.
Llega a la Comparsa Afrocan a través de sus cuñados Ana y Daniel, Viki y Joaquín sobrinos que la integraban y de Gerardo Díaz, Director de Afrocan. La invitación la toma por sorpresa: no podía creer que se le diera esa oportunidad, porque el candombe era algo que vivía con alegría, que le gustaba mucho, que soñaba con participar, pero que no lo manifestaba. Esa invitación llega un día antes de una Llamada porque se había bajado una persona por motivos de salud. Dijo que sí, el traje de Mama Vieja le quedaba
perfecto, se planteó si soportaría recorrer bailando todo el circuito, pero con indicaciones técnicas para la danza de Gerardo “llegué al monumento el Tambor ”, dice orgullosa y entre risas. “Al terminar esa llamada Gerardo llegó con su tambor y con la humanidad que lo caracterizaba me dice : Cómo estás Tere? Llegaste bien ?”.
Esa fue su primera llamada en Durazno y con una referente duraznense, Lágrima Ríos. Llegar a Isla de Flores cada año es una mezcla de pasión, deslumbre, nervios, mariposas en la barriga pero es Pasión.
Salió casi en silencio, muy pocas personas sabían. Se puede decir que había un estigma social que la predisponía a dejar de lado lo que le gustaba. “Cuando me vieron, la gente me gritaba ‘maestra’, ‘Tere’, y eso me dio fuerzas para seguir, para integrar la comparsa, bailar, seguir la danza y romper los estigmas sociales que limitan. Algunos que al principio no valoraban lo que hacía después cambiaron su postura, entendieron. Nunca había pensado bailar; sí quería aprender a tocar el tambor. Eso sigue esperando porque llegó la danza, que me enamoró”.
Hace más de 20 años que, de forma ininterrumpida, integra la comparsa Afrocan. Carlos y Daniel fueron compas de la danza en la gramilla, por muchos años, compartiendo llamadas, pruebas, escenarios, ensayos, viajes y Talleres.
Años después se sumó Fito como tamborilero, tocando el piano (me explica que es el tambor más grande). Riéndose, nos cuenta que, gracias a una operación de cadera, Fito tuvo que dejar el tambor y ahora integra la Gramilla, con gran felicidad para ella, porque tuvo la oportunidad de bailar con su esposo: ella Mama Vieja y él Gramillero.
Fito había ocupado otros roles: referente de la cuerda, llevando símbolos, entre otros. Recuerda que también bailó de africana, con tacos altos y un hermoso grupo de mujeres.
Ha hecho trajes, maquillajes, abanicos; es “especialista en los moños de los turbantes de las Mama Vieja.”, dice riendo.
Ambos han integrado la comisión directiva de Afrocan. Detrás de lo que se ve hay un arduo trabajo de organización, obtención de fondos y beneficios. Hay afiliaciones que pagar para participar, que no son baratas, además de todos los gastos inherentes a la comparsa. Quizá no mucha gente sepa que con los premios obtenidos no se cubren los gastos: los premios son importantes, pero la satisfacción de dar un hermoso espectáculo al público lo es mucho más.
Integrar una comparsa tiene dos aspectos importantes: la empatía, el disfrute, la felicidad que vive cada uno al desfilar o subir a un escenario, que es personal; pero también es impresionante el vínculo tan fuerte que se genera entre todos los integrantes. “Ese contexto social de la comparsa pasa a ser parte de tu vida, crea un sentido de pertenencia. Afrocan también es mi Familia. He bailado con calor, con frío, con sed, con lluvia, con tristeza y con alegría, pero siempre candombeando”.
Agrega: “Amo profundamente el candombe, que es uno de los espacios más significativos de nuestra cultura y de nuestra identidad y que nació de un proceso de resistencia de los afrodescendientes. El candombe sigue siendo resistencia y resiliencia. Cómo será de fuerte lo que genera el toque del tambor, que los blancos lo sentimos profundamente”.
Le gusta leer, viajar, bailar. “He bailado otros ritmos”. Le encantan las reuniones familiares, es juntadora de familia. Después que se jubiló comenzó a tejer en lana, hace telar, incursionó en la cerámica, pero me aclara que es más que un hobby. “Es el arte de tejer con lana, un producto natural. Solo el contacto con el olor, la textura y la creación del telar genera muchas sensaciones. Entrelazar la lana para crear nuevas texturas al convertirla en una prenda, hacer colores, fue todo un descubrimiento. Así como la danza me conecta con la tierra, esto también me conecta con lo natural y con otras personas, porque no tejo sola”. Esta actividad llegó sin querer, gracias al Taller de Artes Plásticas.
Colabora con Rotary Paso del Yí, con la Asociación de Maestros Jubilados y con el Club Sportivo Yí. Heredó de su padre la pasión por el Club; además, Fito fue jugador del Sportivo, “el mejor arquero que tuvo”, dice. Los sueños personales: que sus hijos puedan cumplir sus sueños; pero muy emocionada dice: “que todos los niños del mundo sean felices”.
Tere sufrió un accidente doméstico del que se viene recuperando muy bien, pero que le requirió mucho tiempo, fisioterapia y demás. Fue un “parate” que a veces nos pone la vida. Con la sensibilidad a flor de piel, lo está superando.
Con la fortaleza que la caracteriza, pronto será un simple recuerdo y la veremos nuevamente moviendo el abanico, sus polleras, el turbante y la risa que la caracteriza, bailando y vibrando al sonido del tambor.
Deja una reflexión:
“Dentro de unos años, cuando vaya pasando la vida, estarás más decepcionada por lo que no hiciste. Así que hay que soltar cosas que tenemos aprehendidas. La vida tiene sus momentos, no siempre es con viento a favor. La felicidad no se compra, no salís y decís ‘hoy voy a ser feliz’… es una construcción, un proceso; se explora, se descubre y se encuentran los sueños y se va tras ellos. He sido y soy feliz porque he podido realizar mis sueños. El secreto de la felicidad está en desarrollar la capacidad del disfrute en todos los aspectos de tu vida, en las cosas simples de la vida”.
