Lo que comemos sin darnos cuenta

Gran parte de la sal y del azúcar que consumimos a diario no se agrega en la mesa, sino que ya está presente en productos industrializados. El aumento de los alimentos ultraprocesados en la dieta cotidiana hace que el exceso se acumule sin que lo notemos, con impacto directo en la salud.

No siempre el problema está en el salero o en el azúcar que agregamos al café. Gran parte del sodio y de los azúcares que consumimos a diario ya viene incorporada en los alimentos procesados, muchas veces sin que lo notemos.
Según la Organización Mundial de la Salud, más del 70% del sodio que consume la población proviene de productos industrializados y no del agregado en la cocina. Panificados, embutidos, quesos, sopas instantáneas, snacks, aderezos y comidas preparadas concentran cantidades elevadas de sal, incluso cuando no tienen un sabor particularmente salado.
Algo similar ocurre con el azúcar.

Bebidas, yogures saborizados, cereales, galletas, postres y productos “light” o “bajos en grasa” suelen contener azúcares agregados para mejorar el sabor y la textura. El problema es que ese consumo acumulado aumenta el riesgo de sobrepeso, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Las recomendaciones internacionales sugieren no superar los 5 gramos de sal por día (una cucharadita) y limitar el azúcar libre a menos del 10% de las calorías diarias. Sin embargo, en la práctica, muchas personas duplican o triplican esos valores sin percibirlo.

Leer las etiquetas puede ser una herramienta clave. El sodio suele figurar en miligramos, y los azúcares pueden aparecer con distintos nombres: jarabe de maíz, glucosa, fructosa, sacarosa o maltosa, entre otros.
Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, priorizar comidas caseras y elegir productos frescos son medidas simples que tienen un impacto directo en la salud a largo plazo.
Porque a veces el exceso no está en lo que agregamos, sino en lo que ya viene incluido.