Cómo nació el Festival que puso a Durazno en el centro del folclore

La historia del Festival de Folclore de Durazno tiene raíces que se extienden mucho antes de su primera edición oficial en 1973. Para comprender su nacimiento, debemos remontarnos a la figura del Profesor Héctor Merklen Boudelli, oriundo del departamento de Flores.

Este maestro de educación física se radicó en Durazno y se convirtió en un apasionado promotor de la música local. Con un entusiasmo contagiante, Merklen logró crear alrededor suyo un movimiento nativista de jóvenes que compartían su amor por el folclore nacional.
Durazno ya tenía una tradición folclórica importante, con artistas locales como Weisman Sánchez, Miguel Ángel Castro y Los Criollos de Don Frutos participando en el Festival de Salto. Estas experiencias plantaron la interrogante de por qué no tener un festival propio en Durazno, aprovechando la ubicación central del país y el atractivo del río Yí.

La Gestación
La idea del festival no parecía descabellada. Si Salto, en un extremo del mapa, podía hacerlo, ¿por qué no Durazno desde el centro mismo de Uruguay?. Se formó entonces una Asociación de Folkloristas, cuyo primer presidente fue el poeta Profesor Jorge Etchenique Flores.

Esta asociación realizó una serie de actividades culturales y amalgamó los sueños del Profesor Merklen, los de los folcloristas que habían participado en el Festival de Salto y los de quienes integraban la propuesta «Canta Durazno». Juntos elaboraron un proyecto para que Durazno fuera sede de un Festival interdepartamental de Folclore.
La idea fue planteada al Director Honorario de Cultura de la Intendencia de entonces, el grabador Adolfo Pastor, quien aunque no cerró las posibilidades, no se mostró muy entusiasmado. La oportunidad llegó cuando el Ministro de Transporte, Comunicaciones y Turismo, Dr. Justino Carrere Sapriza, visitó Durazno. La Asociación le presentó el proyecto, pero la respuesta fue desalentadora: solo podría contribuir con la impresión del afiche y algún descuento en pasajes por tren. Para muchos folkloristas, fue desmoralizador, pero guardaron el proyecto íntimamente pensando que tarde o temprano se haría realidad.

Momento Decisivo
Transcurrieron tres años desde la visita del ministro. En 1972 se realizó en la planta alta del Parador de la playa un Foro Interdepartamental de Turismo, propiciado por el Secretariado respectivo cuya sede funcionaba en Durazno y que nucleaba a 13 Intendencias del interior en el área del Turismo interno.

Jesús Correa, Julio Piñeiro, Weisman Sánchez y José María Bedat participaron en la amenización del cierre del Foro. Aprovecharon ese momento para plantearle al entonces Intendente, Dr. Raúl Iturria, la idea del Festival. La respuesta fue un SÍ tan rápido como contundente. Era un 22 de septiembre de 1972, fecha que marca el verdadero nacimiento administrativo del festival.
Ya al otro día comenzaron a trabajar. Se citó a todos los folkloristas duraznenses y se hizo una primera reunión donde se bosquejaron las primeras bases del Festival, teniendo como referencia el Festival de Salto. Una semana después, con la presencia de delegados de la Junta Departamental, se conformó la Comisión Organizadora integrada por Alma Saavedra, Antonio Raúl Cabanas, Weisman Sánchez, Jesús Correa, José María Bedat, Julio César Piñeiro y Raúl Moreira. El entusiasmo fue tal que surgieron respuestas inmediatas de diversas instituciones y contribuciones anónimas. Milton Moreira creó el afiche promocional que llenó comercios y calles de Durazno.

El Primer Festival
El 9 de febrero de 1973, sobre el escenario erigido a pocos metros de la pista de atletismo en el Estadio Silvestre Octavio Landoni, Roberto Diringuer, solista representante de Florida, abrió la etapa inaugural del 1er Festival Nacional de Folklore. Miles de espectadores rodeaban el escenario ideado específicamente para la ocasión.
Roberto Diringuer logró empatía con Osiris Rodríguez Castillos y con Santiago Chalar en esa presentación. El evento se desarrolló durante tres días con una inscripción de 63 participantes de los 19 departamentos del país. Se realizó un concurso en las categorías solista, recitador, payador, dúo y conjunto.
El Jurado estuvo integrado por Aramis Arellano, Ernesto Correa Pérez, Eduardo Moreno, José María Bedat y Eduardo González del Río. Los ganadores fueron: Solista Walter Martínez (San José), Recitador Ramón Páez (Colonia), Payador Juan Carlos López (Treinta y Tres), Dúo «Los Orientales» (Soriano), Conjunto «Amambay» (Salto).

Charrúa de Oro
Un espectador especial asistió al primer festival: el escultor Juan Pedro Morra, oriundo de la ciudad de Canelones, quien vino como un simple espectador. Ya sobre el cierre del Festival, entusiasmado por el éxito y brillo del evento, planteó a la Comisión Organizadora la posibilidad de instituir anualmente un premio a la figura más relevante del Festival, premio que él se encargaría de confeccionar.
Así nació el Charrúa de Oro, estatuilla que según su creador surgió como una forma de estimular a la figura más relevante y que, si el ganador tenía la ocasión de actuar fuera del país, fuera un prestigio personal y lo convirtiera en embajador del folclore nacional. El primer Charrúa de Oro fue entregado al argentino Jaime Torres en 1974.

Años Fundacionales
Durante estos primeros años, el festival se consolidó como un evento de relevancia nacional. La ubicación en el Estadio Silvestre Octavio Landoni permitía albergar a miles de espectadores que año tras año acudían a las tres jornadas de febrero. El lema «Todo el Uruguay Canta en Durazno» comenzó a hacerse realidad, con participantes de todos los departamentos del país.
Por el escenario comenzaron a pasar grandes figuras de la música popular uruguaya. Entre ellos, artistas de la talla de Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños y José Carbajal «El Sabalero», quienes representaban la nueva canción uruguaya y el movimiento folclórico de proyección. También llegaron artistas argentinos como Horacio Guarany, León Gieco y Víctor Heredia, consolidando el carácter internacional del evento.

Década de los 80
Los años ochenta fueron cruciales para Uruguay, marcados por el retorno a la democracia en 1985. El festival continuó creciendo y se convirtió en un espacio de reencuentro entre artistas, el público y el cancionero popular. El regreso de Alfredo Zitarrosa en 1984 marcó un hito en la música uruguaya, y su presencia en eventos como el Festival de Durazno fue emblemática de esos tiempos de apertura.
El grupo Cantaclaro obtuvo el Charrúa de Oro en 1989, premio que consolidaría su carrera en las décadas siguientes. Este grupo se convertiría en uno de los más representativos del folclore uruguayo.

Década de los 90
Los años noventa trajeron expansión y diversificación. El festival mantuvo su sede en el Estadio Silvestre Octavio Landoni durante toda esta década, pero el evento continuó creciendo en convocatoria y prestigio. Óscar «Cacho» Labandera recibió el Charrúa de Oro en 1994, reconocimiento que lo consagraría como una de las voces más queridas del folclore uruguayo.
La argentina Soledad Pastorutti recibió su primer Charrúa de Oro en 1998. Esta joven artista ya se había convertido en una estrella internacional del folclore, y su presencia en Durazno atrajo a multitudes. Soledad regresaría años después para obtener nuevamente este reconocimiento.
La década de los noventa también vio la consolidación de nuevos géneros musicales en el festival. Mientras se mantenía el respeto por el folclore tradicional, comenzaron a incorporarse artistas de música popular uruguaya como Jaime Roos, Rubén «Negro» Rada y dúos como Larbanois & Carrero, ampliando el concepto de lo que significaba «folclore» en el contexto uruguayo.

Traslado al Parque
A partir de febrero del año 2000, el Festival Nacional de Folclore se trasladó desde el Estadio Silvestre Octavio Landoni al Parque de la Hispanidad, ubicado en el kilómetro 180 de la Ruta 5. Este cambio representó un hito fundamental en la historia del festival.
El Parque de la Hispanidad, con sus aproximadamente 60 hectáreas, ofrecía un escenario natural incomparable, con el escenario ubicado estratégicamente en un bajo y sobre un tajamar. El nuevo espacio permitía una mejor experiencia para los espectadores y brindaba la posibilidad de expandir el evento con áreas de camping, comercio y actividades paralelas.
El traslado también marcó el comienzo de una nueva era en términos de infraestructura. El Parque contaba con juegos infantiles, restaurante, circuito de equitación, pista de motos y, sobre todo, un escenario mayor para espectáculos que permitiría albergar a artistas de talla internacional con mejores condiciones técnicas.

Nueva Década
El carácter masivo del evento se confirmó en el año 2002, cuando 40.000 personas asistieron en la noche del sábado. Este hito también demuestra la consolidación del festival como el evento folclórico más importante del Uruguay. Durante esta edición, el Camping Treinta y Tres Orientales registró 800 carpas instaladas, y se vendieron aproximadamente 20.000 litros de agua caliente y 700 tortas fritas en una sola noche.
Carlos Alberto Rodríguez obtuvo el Charrúa de Oro en 2004, reconocimiento que lo posicionó como uno de los referentes del canto popular uruguayo. Durante estos años, el festival comenzó a recibir a grandes estrellas internacionales. La argentina Mercedes Sosa, considerada la voz de Latinoamérica, pisó el escenario de Durazno, al igual que Valeria Lynch, Antonio Tarragó Ros y Los Palmeras, consolidando el carácter verdaderamente internacional del evento. Carlos Malo recibió el Charrúa de Oro en 2010, reconocimiento a su larga trayectoria en la música popular uruguaya.

Década de Crecimiento
Soledad Pastorutti regresó a Durazno y obtuvo su segundo Charrúa de Oro en 2014, dieciséis años después de su primera distinción. Su regreso demostró la continuidad y el prestigio que el premio había alcanzado a nivel internacional.
El artista uruguayo Lucas Sugo recibió el Charrúa de Oro en 2015. Este reconocimiento llegó en un momento de gran popularidad para Sugo, quien había logrado posicionarse como uno de los artistas más escuchados del país, con gran acompañamiento del público joven. Su premio marcó la incorporación de nuevas generaciones al panteón de galardonados del festival.
Brian Corbo, oriundo de Durazno, recibió el Premio Revelación en 2015, un reconocimiento instituido para destacar a artistas nuevos con proyección. Jorge Nasser obtuvo el Charrúa de Oro en 2017, consolidando su carrera artística y su reconocimiento en el ámbito folclórico nacional. Anita Valiente recibió el Charrúa de Oro en 2018, convirtiéndose en una de las pocas mujeres en recibir este prestigioso reconocimiento en la historia del festival.
El grupo Copla Alta fue distinguido con el Charrúa de Oro en 2019, reconociendo su aporte a la difusión de la música de raíz folclórica argentina y latinoamericana en Uruguay. Durante esta década, el festival también comenzó a atraer a bandas de rock uruguayo como Buitres después de la 1 y No Te Va Gustar, ampliando aún más el espectro musical del evento y atrayendo a nuevas audiencias, especialmente jóvenes.

Nueva Era
El grupo duraznense Meta Fuelle obtuvo el Charrúa de Oro en 2020, un reconocimiento especialmente significativo por tratarse de artistas locales que habían crecido con el festival como parte de su identidad cultural.
Por primera vez en la historia del festival, el Charrúa de Oro fue elegido por voto popular a través de una aplicación móvil en 2022. Los espectadores debían escanear un código QR distribuido por diversos puntos del Parque de la Hispanidad y votar directamente desde sus celulares, agregando datos personales y correo electrónico para validar la operación. Catherine Vergnes, artista sanducera, obtuvo el Charrúa de Oro con 2.740 votos, convirtiéndose en la quinta mujer en la historia del festival en recibir este galardón.
La edición número 50 del festival en 2024 fue histórica por múltiples razones. En un gesto sin precedentes, Carmelo Vidalín, junto al Dr. Raúl Iturria Igarzabal, destacaron que el Charrúa de Oro 2024 tendría de destinatario el Público del Festival.
La grilla artística fue excepcional, incluyendo al cantautor colombiano Carlos Vives, quien trajo su música tropical y vallenata al festival, marcando un hito en la internacionalización del evento. La edición 51 en 2025, realizada del 7 al 9 de febrero, mantuvo la gratuidad para todo el público.

Legado e Impacto
El Festival Nacional de Folclore de Durazno se ha consolidado como el evento telúrico más importante de Uruguay. Su impacto trasciende lo musical para convertirse en un fenómeno cultural, turístico y económico de primer nivel. El Ministerio de Turismo lo ha declarado de Interés Turístico Nacional en múltiples ocasiones, reconociendo su capacidad para atraer visitantes no solo de todo Uruguay sino de Latinoamérica.
El festival ha sido testigo de la evolución de la música popular uruguaya, desde el folclore tradicional de los años setenta, pasando por el canto popular de los ochenta, la diversificación de los noventa, hasta llegar a la fusión de géneros del siglo XXI. Ha sabido mantener su esencia folclórica mientras se abre a nuevas expresiones musicales, generando debates sobre qué significa realmente «folclore» en el contexto contemporáneo.
El Charrúa de Oro se ha convertido en uno de los premios más prestigiosos de la música uruguaya, comparable en importancia al Graffiti o a los premios Gardel argentinos. Recibir el Charrúa implica un reconocimiento del público, la crítica y los pares, y marca un hito en la carrera de cualquier artista.
Para la ciudad de Durazno, el festival es parte fundamental de su identidad. Durante más de cincuenta años, cada febrero la ciudad se transforma, recibiendo a decenas de miles de visitantes que llenan hoteles, campings, restaurantes y comercios. El festival ha puesto a Durazno en el mapa cultural de América Latina, cumpliendo con creces aquel sueño inicial de aprovechar su ubicación estratégica en el centro del país.

Reflexión Final
Desde aquel 22 de septiembre de 1972 cuando el Dr. Raúl Iturria dio su SÍ contundente, hasta la 51ª edición de 2025, el Festival Nacional de Folclore de Durazno ha recorrido un camino extraordinario. Lo que comenzó como el sueño de un grupo de folkloristas duraznenses se ha convertido en una realidad que supera cualquier expectativa inicial.
El festival ha demostrado una capacidad notable de adaptación y evolución sin perder su esencia. Ha incorporado nuevas tecnologías como el voto electrónico, ha ampliado su concepto de folclore para incluir diversas expresiones de la música popular, y ha mantenido su compromiso con la promoción de nuevos talentos a través del Premio Revelación.
Más allá de los números y los récords, el verdadero legado del festival está en los miles de momentos compartidos, en las familias que año tras año viajan a Durazno para vivir esas tres noches mágicas, en los jóvenes artistas que ven en ese escenario la oportunidad de sus vidas, y en la certeza de que, como dice su lema, efectivamente «Todo el Uruguay Canta en Durazno».
Esta historia nos deja una reflexión profunda: a veces, los mayores obstáculos no están en la falta de recursos, sino en la falta de fe. Pero cuando un sueño se persigue con perseverancia, cuando se hace por puro amor al arte y con el corazón, se convierte en una fuerza imparable. No solo se logran los objetivos, sino que, como aquí en Durazno, se hace historia.