Ha disfrutado de la vida y ha sabido recibir y dar amor a su familia
Esther Sonia Landoni Sosa, de 92 años, es hija de Silvestre Octavio Landoni, funcionario municipal que terminó siendo Intendente de Durazno por dos períodos y Presidente del Consejo por un tercero, y de Tomasa Sosa, maestra que ejerció y amó profundamente su profesión. De hecho, Sonia asistió a la Escuela 7, donde trabajaba su mamá. Eran siete hermanos; hoy permanecen ella y Ángel, reconocido abogado.
Por Anabela Prieto Zarza
Estuvo casada con Roberto José Díaz Echeverry, con quien tuvieron tres varones: José Gabriel, José Ignacio (Nacho) y Raúl. Es abuela de seis nietos, tiene tres biznietos y unas nueras adorables que son y han sido como hijas: compañeras, amorosas, siempre pendientes de ella y siempre presentes en su vida.
Para Sonia, la familia es un tesoro invalorable. Es amiga de sus nietos y bisnietos, es compinche, le cuentan su vida. Siempre lo fue: comenzó jugando con ellos cuando eran chiquitos y siguió estudiando cuando crecieron. A su vez, ellos la animan, la impulsan y la acompañan en lo que ella quiera hacer.
Su vida transcurre en Durazno, donde realizó la carrera de Magisterio; luego hizo la especialización en Segundo Grado en Montevideo. Una vez recibida, fue maestra de escuela por poco tiempo, pasando rápidamente a ocupar Direcciones y luego la Inspección.
Tras un período de formación en Montevideo, fue nombrada Inspectora de Educación Inicial a nivel nacional. Seguía viviendo en Durazno, pero debía viajar por todo el país, dividido en regiones: este, oeste, etc. Trabajó en varias de ellas, lo que le permitió conocer diversas realidades a lo largo y ancho de Uruguay.
Accede a la jubilación por la llamada “ley madre”. Posteriormente, el Arq. Eduardo González Pose, Director de Liceo, la invita a comenzar a dar clases de Historia y Geografía. Acepta. Para Sonia fue como comenzar otra carrera: logró efectividad en su cargo docente y culminó dictando Historia en 5.º y 6.º de Preparatorio de la época.
También fue profesora de Historia y Pedagogía en el Instituto Magisterial. Una inspectora que visitó el Instituto le dijo que estaba preparada para ocupar la Dirección. Se inscribió y accedió al cargo, convirtiéndose en Directora del Instituto Magisterial. Más adelante la alentaron a presentarse como Inspectora de Institutos Magisteriales; también accedió al cargo. Le asignaron la zona Este: Maldonado, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. Desde 1990 al 2000 fue Inspectora de Formación Docente, razón por la cual tuvo que radicarse en Montevideo.
Montevideo le ofreció la posibilidad de realizar cursos de perfeccionamiento en Filosofía de la Educación en la Universidad Católica, dictados por profesores brasileños. Fue una experiencia profundamente enriquecedora y evidencia la permanente inquietud de Sonia por seguir formándose y apostando a más.
A pesar de haber trabajado intensamente, hizo lo posible y lo logró, por estar presente en la educación de sus hijos. Estos estudiaron primero en el Colegio de Hermanas, luego en el San Luis y finalmente en el Rubino, excepto Nacho, que realizó la escuela agraria. Nacho se recibió de técnico agropecuario; Raúl cursó hasta tercer año en la Facultad de Ciencias Económicas; y José Gabriel, bachiller, optó por quedarse atendiendo las cosas de la familia en el campo.
Cuando Sonia se jubila como Inspectora de Institutos Magisteriales, vuelve a Durazno. No le costó adaptarse: volvió a sus raíces, a sus vínculos, a su familia. Además, pudo dedicarse con más energía a la acción social, que nunca dejó. Integró la Cruz Roja desde 1976, Durazno Garden desde 1980 y Rotary Club desde 2004, primero en el Club Durazno. Luego fue fundadora de Rotary Club Paso del Yí.
Consultada sobre si nunca tuvo interés por la política, manifestó que siente una gran admiración por su padre, un gran hombre que hizo mucho por Durazno. Si bien en la interna familiar siempre compartió opiniones, prefirió quedarse al lado de su mamá, porque ser esposa de un hombre dedicado a la política no es fácil. Ella y sus hermanos muchas veces le preguntaban al papá cuándo podrían hacer tal o cual cosa juntos, porque la política, las campañas y más aún la gestión, consume muchísimo tiempo.
Agradece a sus padres por impulsarlos a estudiar y transmitirles valores, amor y respeto por las personas. Aprendió a escuchar sus consejos, especialmente los de su mamá, que le decía: “Sigue estudiando, Sonia, que a ti te gusta la carrera que elegiste”. Cuando habla de sus padres lo hace con mucho amor y reconoce su sabiduría: “Papá era un docto, una persona que estudiaba, sabía mucho de legislación; mamá sabía mucho de matemática y, francés, entre otras áreas. Éramos una familia de estudiosos. Muchas veces venían políticos importantes a conversar con papá, y escuchábamos análisis muy interesantes, como Haedo (Eduardo Víctor) o Fernández Crespo (Daniel)”.
Ha viajado muchísimo. “Gracias a Dios he podido viajar y conocer, y siempre le decía a mis compañeros y a mi familia que viajen. Imagínate lo que es ver el Partenón en Grecia, la Capilla Sixtina en el Vaticano… Creo que viví Europa. También he recorrido América y Estados Unidos. He tenido esa suerte enorme de viajar”.
“Fui con Magisterio, con los Clubes de Ciencia, a Bolivia y Brasil, donde obtuvimos premios internacionales. Por eso me encanta ver lo que hacen hoy los chicos con la tecnología, cómo se interesan por la robótica y la inteligencia artificial. Me encanta ver los avances que logran esos estudiantes”. Sonia es una mujer inteligente, abierta, con una escucha activa que se interesa realmente por lo que pasa en su entorno. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerla, tanto en el ámbito docente, como en el de acción social, sabemos que es una mujer muy valiosa, trabajadora, siempre innovando y asumiendo desafíos que convocan a imitar.
Sus sueños consisten en seguir acompañando a sus nietos y biznietos para que alcancen sus aspiraciones y cumplan sus propios sueños, que ella comparte y apoya. “Son personas valiosas, con valores que mamaron de la familia; son trabajadores, responsables. Los adoro”.
Por eso cree que siempre se debe estudiar, progresar, valorar lo que se tiene y tratar de superarse a través de la educación, con respeto, solidaridad y, sobre todo, con amor. “Si no hay amor, nada es posible”.
