Alegre, enérgica, genuina, fuerte, valiente y muy querida

Andreina Beal Ramírez, de 48 años, es hija de Rosendo (conocido y querido profe de Dibujo y funcionario de la Corte Electoral) y Azucena, ama de casa que estuvo para sus hijos y que partió de este plano muy temprano. “Papá quedó con 43 años solo con una niña de 12, otro de 11 y otra de 4”. Es la mayor de tres hermanos, le siguen Federico y Luciana. Está casada con Pablo y es la mamá de Sol. “Además soy tía de Uma, Benja y Marti (Benjamín y Martina)”.

Por Anabela Prieto Zarza

Su infancia transcurre en calle Florida, hoy 4 de Octubre, un barrio duraznense lleno de gurises que jugaban mucho en la calle, en una época en que eso era posible porque estaban muy cuidados. La familia se muda a la calle Penza, donde transcurre la adolescencia. La primaria la hace en la Escuela 8, después va al Colegio y Liceo San Luis y termina sus estudios en el Rubino.

Sin tener claramente definida su vocación, con 18 años se va a Montevideo a estudiar Administración de Empresas en la Facultad de Ciencias Económicas. Pero no contempló sus expectativas y se fue a la ORT a hacer un curso de Programación. Fue un proceso de búsqueda de su futuro. “Andaba muy perdida en ese sentido. Un día se me despertó el bichito de educación física. Un amigo que era profe me empezó a hablar de la carrera y dije… fa… creo que lo mío es por ahí, me veo ahí…”.

Había que dar una prueba de ingreso que era muy exigente porque había pocos cupos para la cantidad de aspirantes: 25 lugares para varones y 25 para mujeres. Comenzó a entrenar, rindió la prueba e ingresó al ISEF. Encontró su vocación, una carrera hermosa que le dejó muchos aprendizajes y vivencias, y sobre todo la oportunidad de haber conocido mucha gente querida con la que sigue en contacto.

Pablo llegó a su vida a los 18 años. Él estaba en 6º de Medicina y ella en 6º de Economía, que eran 10 o 12 alumnos. Para participar en Domingos Juveniles se fusionan los dos sextos y ahí empieza la amistad. Los ensayos y el viaje que ganaron, que los llevó a Buenos Aires, hicieron el resto.

“Pablo llegó en un momento muy especial de mi vida; todavía estaba en duelo por la trompada más grande que me dio la vida, que fue la muerte de mi mamá cuando tenía 12 años. No estaba deprimida, pero atravesaba un duelo que además de doloroso estaba siendo muy largo. Y Pablo era un loco alegre, divertido, extrovertido, pero al mismo tiempo con las cosas claras; era lo que yo necesitaba”.

Con el pasar de los años se da cuenta de que llegó a su vida para sacarla de ese dolor, “y para quererme como me quiere, porque es un bombonazo”.

Siendo estudiante tiene su primera experiencia laboral: un verano accede a una pasantía en la Intendencia de Durazno y trabaja en la piscina.

Culmina su carrera e ingresa a una clínica de rehabilitación cardiovascular, formando parte del equipo multidisciplinario: pacientes para la clínica, alumnos para ella. También al Club del Banco Hipotecario y al Juventus, donde trabajó durante muchos años. “De hecho trabajé hasta 20 días antes de que naciera Sol, lo cual me preparó muy bien para el parto”.

Solcito, como le dice, nace en Durazno. Pablo, médico, trabajaba en CAMEDUR y en el Hospital. Andreina se quedó para pasar su licencia maternal, lo cual disfrutó muchísimo. Una vez culminada la misma tendría que volver a Montevideo. Ante la disyuntiva de criar a una bebé sola, con la familia lejos, arreglarse con los horarios, trabajo, toman con Pablo la decisión de radicarse definitivamente en Durazno.

Renunció a los clubes donde estaba trabajando, cosa que extrañó muchísimo porque fue muy feliz allí. No se arrepiente ni un poquito por varias razones. La principal es que pudieron criar a Sol como querían, estando presentes, con más seguridades y libertades. Cuando habla del nacimiento de Sol se emociona un montón y nos cuenta: “yo soñaba con ser mamá, yo la miraba desbordada de amor y lloraba de emoción. Sol cambió mi vida”.

Veronique Despaux fue su doula y, cuando se enteró de que se quedaba en Durazno, le ofreció integrarse a su equipo de “Chiquilladas”. No lo dudó y está allí hasta la fecha. “Es un lugar maravilloso, con una

energía del amor que no se puede explicar, difícil de encontrar en otro lado. Amo trabajar con preescolares”.

Con el tiempo se abren puertas para trabajar con adultos mayores, dando clases de gimnasia en una residencial. Hoy en día da clases a adultos mayores en cinco residenciales de Durazno. Tiene presente que trabaja con los dos extremos de la vida, y eso la hace muy feliz. “Trabajo con niños chicos y con niños grandes, porque recuperan una alegría y se vuelven inocentes, ingenuos”.

La gente grande la espera con alegría para la clase, se divierten, recuerdan cosas de otros tiempos, se ríen, participan activamente en la medida de sus posibilidades, lo cual les hace mucho bien física y mentalmente. “Es divino trabajar con ellos”.

Andreina recibe una propuesta que desafía su veta emprendedora. En el residencial donde trabajaba hace seis años le proponen hacer “algo” en verano porque el lugar contaba con un predio grande y unas piscinas ociosas.

Así surge TOBOGÁN, un espacio seguro de diversión y cuidado para niños y adolescentes que en verano necesitaban un lugar de esparcimiento y crecimiento. Andreina piensa en el nombre Tobogán por la piscina con uno, pero lo termina de definir una amiga que, sin saber su idea, le sugiere: “¿por qué no le ponés Tobogán?”. Quedó definido entonces. Agradece la confianza de las familias que apostaron a ellos, que apoyaron confiando a sus hijos y que hasta hoy siguen apoyando.

También a sus compañeros, a quienes se refiere como “un equipazo”, los cuales, en su mayoría, la acompañan desde el inicio.

No todo fue fácil. El primer año tienen que atravesar la pandemia: un diciembre en el que Durazno sufre un incremento importante de casos de coronavirus, con todo organizado para largar.

En días tuvo que establecer un protocolo: no más de 25 niños por grupo, uso de tapabocas, distanciamiento social, imposibilidad de estar en espacios cerrados, planificar todas las actividades al aire libre. Pero con ese equipazo lo lograron. Participaron alrededor de 80 chicos. Al año siguiente todo fue diferente, participaron muchos más chicos y desde entonces no han parado de crecer, tanto que hoy reciben alrededor de 180 chicos.

Tobogán es un espacio que ofrece actividades recreativas, actividades en tierra, juegos predeportivos, deportes en general, piscina, clases de natación para niños de 4 años hasta adolescentes. Se incluye a adolescentes porque tienen mucho espacio para brindar y, si bien tienen intereses distintos, se sienten bien porque pueden autogestionar sus actividades y estar cuidados. Pueden estar con sus amigos, en la piscina, escuchando música, jugando al vóley, charlando, en un lugar cuidado donde hay normas que respetar.

Quienes estén interesados pueden comunicarse vía WhatsApp al 099 209 207 y recibirán la propuesta por escrito.

Para Andreina, el multi empleo, cumplir con lo laboral, familiar, el rol de madre, le exigen mucha organización, pero no lo ve como algo negativo porque le da una libertad que agradece muchísimo y que le ha permitido estar presente en las actividades de Sol, tanto en las fiestas escolares, en consultas médicas, en actividades deportivas. Con Pablo siempre han estado siendo parte.

No tiene un hobby, pero en sus tiempos libres le encanta no tener horario. Disfruta sentarse a desayunar y sentir el olor del mate y saber que no tiene horarios que cumplir. Es un ritual que disfruta los sábados y domingos. Le encanta viajar en familia, con amigos. Son momentos de mucho disfrute. Ama estar en su casa, es un lugar a donde siempre quiere volver.

No se percibe como una soñadora: “Por supuesto que me faltan cosas por hacer, pero no son sueños, son deseos. Sueños ya he cumplido, el de ser mamá… no necesito más. Nací para ser mamá de Sol. Cosas por hacer, sí: viajar más, hacer un viaje largo los tres”.

Aspira a que las mujeres “sean lo que quieran ser, que se muestren como son sin maquillajes ni adornos impuestos. Cada una es su propia artista y su propia obra a la vez; que abracen su libertad interior para crear esa obra con mucha autenticidad y amor. Esto se los digo, me lo digo y se lo digo mucho a Sol también”.