Según las Naciones Unidas en breve el hambre alcanzaría a casi 132 millones personas, en función del deterioro del escenario económico, problemas climáticos, al gasto sin límites que realizan muchos países en armamentos y los conflictos bélicos que azotan en varias partes del mundo.
Por Saúl Moisés Piña
Un reciente informe da cuenta que un 40% de los productos cultivados para alimentar a la población global no acaban siendo consumidos, un desperdicio que agrava el hambre, pero además contribuye a un 10% de los gases de efecto invernadero equivalente a casi el doble de las emisiones anuales de todos los automóviles en Estados Unidos y Europa.
El estudio realizado da cuenta que cada año se desperdician 2.500 millones de toneladas de alimentos, de los que 1.200 millones se pierden ya en el campo y más de 900 millones en los locales de venta o en los domicilios. Las pandemias han empeorado la tendencia a causar interrupciones masivas en las cadenas de suministro forzando cancelaciones de contrato, cierres de restaurantes, dejando grandes cantidades de alimentos perecederos tirados en las granjas pudriéndose. Mientras el hambre crece, la política de algunos gobiernos en la producción de alimentos es errática. Tal el caso del productor argentino de Misiones, Ricardo Ranger, que hace tres años, dejó en su chacra sin recoger, un millón y medio de kilos de limones y 200.000 kilos de naranjas, pudriéndose en el suelo. La cosecha no la pudo realizar por no encontrar gente que la levante. Se trata de una situación que se repite también en las cosechas de tabaco, promoviéndose una situación de extrema dificultad y de millonarias pérdidas para los productores. Es lamentable esta situación, sobre todo teniendo en consideración el costo que tienen los cultivos .Según los estudios unos 4.4 millones de kilómetros cuadrados de terreno y 760 kilómetros cúbicos de agua se utilizan para producir los 1.200 millones de toneladas de comida que se desperdician en el campo. Un informe señala que los países de altos y medianos ingresos de América del Norte, Europa y Asia, contribuyen con el 58% de estas pérdidas en las cosechas mundiales. Se estima que para
poder aliviar este grave problema, los gobiernos deben adoptar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo, facilitando el trabajo rural y dinamizando los mercados.
Uruguay tiene todas las ventajas que la Naturaleza concede para la producción de alimentos, por las características del suelo y las condiciones hídricas, pero además por la aptitud de los productores radicados en la zona rural, comprometidos con el trabajo del agro, recibiendo la generosidad de nuestro suelo fértil ,con la esperanza de obtener un rendimiento compensador del esfuerzo, de la inversión y del trabajo cotidiano ,que no conoce pausas y siempre condicionado a contingencias inciertas y riesgos que son propios de toda la actividad humana, que se desarrolla a cielo abierto y no en cómodos escritorios.
