Rosana Beatriz Curbelo Martelo es una mamá, esposa y ama de casa de pura cepa, y le gusta serlo. Ya desde niña, junto a su hermana, los juegos pasaban por cuidar niños que eran las muñecas: “uno siempre vuelve a la niñez porque los recuerdos son muy lindos”. Después, se fue transformando.
Por Anabela Prieto Zarza
Es hija de Beatriz y Nelson (recientemente fallecido) y es la mayor de tres hermanos. Le siguen Miriam y Fernando, que es 18 años menor. Está casada con Robert y tienen dos varones: Gabriel, de 29, y Adrián, de 27. A sus 48 años es abuela de Felipe, de 20 meses, que cumple dos años en enero, cuenta orgullosa. “Soy una enamorada de los varones”, dice.
Su infancia transcurre en el campo, en la zona de Tala, Canelones. Fue a la escuela pública en la ciudad de Tala. Guarda los mejores recuerdos de la casa de los abuelos, sobre todo de los maternos, con quienes vivió cuando sus padres se separaron. Tenía 10 años, y era una situación un poco rara: era la única niña de la clase hija de padres separados. Otra época, sin dudas. Destaca y valora a su madre porque fue una pionera en tomar decisiones como esa, atreverse a la separación, joven y en una comunidad chica.
Cursa el liceo en Tala, donde, muy jovencita, se ennovia con un hermano de una compañera de escuela. Ella tenía 16 y él 19. Se trata de Robert, con quien ha construido su familia, que es lo más importante para ella.
Luego de un noviazgo de tres años, en 1996 se casaron. Ese día no solo comienza la construcción de una familia, sino también la de su empresa, porque Robert había tramitado una línea de ómnibus departamental rural y contaba con un ómnibus que había comprado con dinero prestado. El día del casamiento, en vez de luna de miel, hicieron el primer viaje de línea. Eran unos niños aún, pero juntos construyeron lo que son hoy.
De esa época tienen muy lindos recuerdos: alguna de esas gentes que, a veces viajaba una sola vez por mes al pueblo, generalmente el día de cobro, y hacían el surtido, se llevaban víveres para afuera y traían corderos, gallinas para el pueblo. Esos días era tanta la gente que mucha viajaba parada. Para los pasajeros y para ellos, esos viajes eran una fiesta, una oportunidad de reencuentro entre vecinos, de ponerse al tanto y compartir vivencias. Esa gente eran amigos, familia. Rosana tuvo a los dos chicos muy jovencita; igualmente, muy seguido acompañaba a su esposo, lo cual generó un vínculo de cariño recíproco con esos vecinos.
Esa etapa fue un ciclo que comenzó a acabarse: mucha gente mayor, los jóvenes se fueron de la zona a buscar nuevas oportunidades, la rentabilidad comenzó a bajar y había que tomar decisiones.
La familia se muda a Fray Bentos a trabajar en el traslado de obreros para Botnia. Otro ciclo que se cierra cuando termina la obra. También trabajaban en el traslado de obreros a las quintas de arándanos y naranjas en Salto.
Al mismo tiempo, buscando otros horizontes, comienzan a mechar algunas excursiones, dentro de Uruguay porque no tenían los vehículos adecuados para otra cosa.
Cuando el Megatambo se instala en Durazno, la familia recala en nuestra ciudad. Hicieron algo con los molinos de viento en Tacuarembó, traslados al Megatambo y a UPM. Llegaron a tener seis vehículos. Deciden dar el paso: compran una unidad adecuada para hacer transporte internacional. Llega la pandemia.
El trabajo de UPM los salvó, porque, con las medidas de distanciamiento y demás, continuaron trabajando.
Para ellos, la pandemia —una vez que terminó— fue una gran oportunidad. Cree que a la gente le cambió el chip: después de lo vivido, todo el mundo quería salir, quería viajar, había que vivir. Los mejores años fueron el 2022 y 2023.
Cuando habían comprado la unidad para transporte internacional, en 2020, lo hicieron incorporando el rubro agencia de viajes (que no es lo mismo que transporte de pasajeros), con todos los requisitos y formalidades. Están habilitados a vender paquetes aéreos, terrestres y marítimos.
Esta empresa familiar, integrada por el matrimonio, por Gabriel y un sobrino, está en pleno proceso de expansión. Mientras que Gabriel, el mayor, es el que está con ellos al pie del cañón, poniéndole energía, esfuerzo y empeño y que es “como la otra mitad, sin él capaz que estaríamos haciendo otra cosa”; Adrián, el menor, también hace su aporte y es parte.
Acota que Adrián fue con una beca a Canadá —donde es residente permanente—es consultado y realiza aportes que tienen muy en cuenta. Se encarga de todo lo comunicacional: logo, web. “Porque tiene otra formación, es graduado en comunicaciones, cine y audiovisual, lo cual le da otra perspectiva. Ahora está haciendo un máster en IA”. Es una madre orgullosa de sus hijos y obvio, de su nieto.
Volviendo a la empresa, considera que es fundamental la capacitación: “Nosotros siempre estamos aprendiendo, queremos crecer, enfocarnos y continuar incursionando cada vez más en lo internacional. Si bien nuestro fuerte es lo terrestre, ya estamos haciendo paquetes aéreos, hoteles, cruceros”.
Los destinos terrestres tradicionales que manejan son Brasil (Floripa, Camboriú, Laguna, Torres, Gramado, Canela) y Argentina (Termas, Cataratas, Mendoza, Norte Argentino). El Caribe, el Nordeste de Brasil y Europa están en la mira, pensando en paquetes grupales, porque saben que su fuerte es el acompañamiento que brindan durante todo el viaje. Siempre están ellos junto a los pasajeros.
Quienes quieran conocer la empresa y la oferta de servicios pueden comunicarse a través de las redes sociales: Instagram: @egcbus
Facebook: EGCBus Web: egcbus.com
En sus tiempos libres, que no son muchos, Rosana disfruta de cocinar y de mirar videos sobre destinos turísticos. “Desde niña soñé con tener un globo terráqueo, que nunca tuve. Se ve que lo que hago era mi destino, porque en realidad no tuve que ver con la creación de la empresa. Se trataba del sueño de mi esposo, lo que hice fue acompañarlo”. Quizá también era su sueño, aunque no lo percibiera, porque le encanta lo que hace y porque conocer el mundo se reflejaba en ese globo que deseaba tener.
No tiene sueños por cumplir, pero sí un deseo muy fuerte: siempre piensa mucho en la felicidad de sus hijos. Que sean felices siempre, donde quieran, con quien quieran y como quieran.
Cree que las personas deben ser lo que son, mirarse a sí mismas, no mirar para el costado para ver lo que tienen los demás, sino valorar lo que tiene cada uno, construirse de acuerdo a los valores propios y avanzar. “Si mirás para el costado, que sea para tender una mano, para ayudar”.
No es una época fácil para las mujeres; si bien es cierto que tenemos más libertad, se espera de nosotras que nos presentemos de acuerdo a estereotipos: arregladas, lindas, sin arrugas, sin panza. Pero hay que entender que no se trata de eso: debemos estar bien de acuerdo a lo que esperamos de nosotras mismas, agradarnos a nosotras mismas. Ser para nosotras.
