Club Ñandutí celebró el reencuentro anual

58 años han pasado de aquellos tiempos del baby fútbol duraznense de uno de los tantos clubes que había en los barrios de la ciudad.

Recordadas instituciones actualmente desaparecidas de manera activa en el deporte, pero no perdidas en los afectos y en el corazón de mucha gente, como es el caso del Club Social y Deportivo Ñandutí, impulsado por los recordados vecinos Dr. Rossi, «Coco» La Luz;  Walter Dellapiaza, José «Turco» López, entre otras personas del barrio Plaza Artigas, el Bar Artigas, la panadería de calle 19 de Abril, el destacamento de Bomberos, Enrique «Quique» Beriao, que celebró el domingo 11 de octubre los 58 años de fundación.
Queda aún en el recuerdo la fiesta celebrada en el año 2017 por los festejos de los 50 años, realizado en el mismo lugar de ahora, la Posta de Martín.
Como en casa ocasión, destaca sobre manera la presencia de uno de los integrantes de los primeros planteles, dirigidos desde sus inicios por el recordado Rafael «Crudo» Díaz, y se trata del «sarandiyense», Juan Ramón Carrasco, que llegó a la ciudad de Durazno con apenas 10 años de edad y comenzó ahí una carrera que lo destacó en el ámbito del fútbol nacional e internacional.
Fue un momento de celebraciones  y de reencuentro de una institución que aunque no participa oficialmente, se mantiene vigente con muchísimas amistades.
Recordamos a continuación una crónica que escribimos en el 2017, en los 50 años de la institución, con referencia a varias personas, algunas de las cuales ya no están físicamente.
«Carrasco nuevamente se sintió como en su casa, las emociones fueron varias. «Es una cita a la que, pudiendo estar, no falto«, dijo tomando contacto recuerdos y anécdotas mediante con aquella generación de jugadores de los años 1967 a 1971 y donde lo «descubriera» futbolísticamente; «el Crudo» Juan Rafael Díaz, un verdadero personaje del fútbol local. Se abrazó con Ruben Andrés Silva, con el «Carpincho» Martínez, con el «Cabecita» Sosa, Ernesto «Chirlo» Rossi, Luis «Cachorra» Devitta, Alfredo Zarza (h), Héctor Vallejos, entre tantos otros compañeros del «potrero». Una de las cosas distintas del encuentro (aparte de los recuerdos y las anécdotas de aquellos tiempos de la esquina del Bar Artigas, los Bomberos, el almacén de los Azzíz, la panadería del turco López y la plaza Artigas) para los que no conocen a Juan Ramón, fueron los apodos con los que lo llamaban de un lado a otro del recinto para saludarlo, para abrazarse. «Canario…», gritaba uno, «¡¡Pi-ta!!», lo llamaban otros. Son los apodos de niño, a los que el entrenador respondía de la manera más natural.
«Para nosotros siempre ha sido el mismo, nunca ha cambiado, pero frente a los medios veíamos que adoptaba otra postura, ahora con profunda emoción y orgullo vemos que es el Juan Ramón de cuando era niño, de un corazón grande, muy sensible a todo, aunque por fuera no lo parezca», afirmó el reconocido médico, Ernesto Rossi, ex golero del club Ñandutí de aquellos años».