LA MALDICION DEL TERRORISMO

“La desmesura al madurar grana en la espiga del error, y la cosecha que se recoge sólo consiste en lágrimas”

Por Saúl Moisés Piña

Todas las tesis que han pretendido en estos últimos años en particular, justificar el terrorismo, tanto las que se han expuesto franca y de manera abierta como aquellas que se han manejado con una “objetividad” sociológica, son abiertamente una mentira y totalmente falsas. Existen corrientes ideológicas que afirman que países que la búsqueda del crecimiento económico y el desarrollo de sus pueblos, el autoritarismo es una consecuencia ineludible y que el capitalismo es el promotor del descontento de los ciudadanos y de las injusticias sociales. Pobre o rica, desarrollada o subdesarrollada, nada impide que racionalmente se conciba una sociedad pacífica de organizada convivencia, en la cual sea el respeto por valores esenciales, surgidos de esa misma capacidad racional específica del ser humano, la nota característica.

En la violencia desatada hoy en el mundo ,no puede verse de ninguna manera una causa única, siendo producto de factores síquicos, mentalidades criminoides ,creencias religiosas, absurdos fundamentalismos, ansias ilimitadas de poder y, además una catequización organizada por determinadas corrientes ideológicas, que gozando del sistema democrático ,defienden la idea de que ellos son los buenos y que quienes no piensan igual son los malos, que deben ser eliminados, recurriéndose a explicaciones irracionales que incitan al apasionamiento y la movilización, afectando el normal funcionamiento de toda sociedad.

Los motivos de la invasión de Rusia a Rumania, no son los mismos de los enfrentamientos en África y ahora los graves atentados en Israel. De todos modos, la gran protagonista en estos conflictos es la muerte.

Decía Herodoto, que “sólo un tonto puede preferir la guerra a la paz, mientras en tiempos de paz los hijos entierran a sus padres, en tiempos de guerra, los padres entierran a sus hijos”.

El mundo se ha vuelto pequeño por imperio de las tecnologías, de la comunicación y por los nuevos peligros que lo amenazan, y se han incrementado los nacionalismos exasperados, agresivos y cargados de odio, mientras frecuentemente en ellos y en las sombras ambiciones cultivan y fomentan la violencia, que algunos la ejercen a la luz, mientras desde la obscuridad las inspiran .Hemos llegado a la lamentable situación, de que hay que creer más en la fuerza que en el derecho; en el fanatismo que exaspera y no en la tolerancia que escucha y procura comprender; en el éxito inmediato y no en

la dignidad humana que se agrede con feroz injusticia carente de amor hacia el semejante.

Mientras en varias partes del mundo se enfrentan tremendos sacudimientos que superan la imaginación más delirante de la condición humana, por imperio del maldito terrorismo ,los uruguayos tenemos que valorar el prestigio democrático, civilizado y con rico patrimonio espiritual, obtenido por la obra justiciera de nuestros reformadores .

El instrumento redentor manejado por ilustres ciudadanos que nuestra historia destaca, fue el ideal de solidaridad humana, de fraternidad, de compromiso, traducido en instituciones democráticas y leyes justas.

Ese es el gran capital de todos los uruguayos, que tenemos el deber de proteger, como herramienta para enfrentar la maldición del terrorismo.