Pequeñas acciones hacen la diferencia, no podremos cambiar el mundo, pero si hacer algo por el pedacito donde vivimos

La maestra Miriam Scaffo Oliva trabaja desde el año 2015 en la Escuela Nº 35 de Sandú. Al inicio de su carrera docente se desempeñó en diferentes escuelas rurales y urbanas, como San José de las Cañas, Ombúes de Oribe, Sarandí del Yí, Carlos Reyles, Carmen, entre otras. De todas, conserva gratos recuerdos, al igual que de los compañeros con los que compartió actividades y con quienes sigue vinculada; ahora, gracias a las redes sociales, el contacto es más fácil.

Por Anabela Prieto Zarza

Cuando le tocó optar por su formación le gustaba la parte legal, pero eligió magisterio y no se arrepiente, porque encontró su vocación y siente que la ha podido desarrollar a cabalidad.

Disfruta de las cosas sencillas, sus plantas y de las manualidades. Su vida ha sido, y es, la docencia y la maternidad.

Sin embargo, en esta oportunidad no quiere hablar de ella, sino promover el proyecto “Disminuyendo la huella plástica”, que llevan adelante en su escuela. El nombre fue elegido por los propios alumnos de 5º año.

Actualmente, además de Miriam, trabajan en el proyecto las docentes Soraya Miracco, Miriam Pérez, Amalia Mackinon y Sharon Romero (maestra suplente, pero muy involucrada), con el apoyo del equipo de dirección integrado por Manuel Locatelli y Noemí Moreira. Las clases que participan son los 5tos y 6tos años de la Escuela de Tiempo Completo Nº 35.

La iniciativa surgió cuando la hija le contó que en Montevideo existía una ONG llamada Tapitas Oportunidades, que recolectaba plástico tipo 5 PP (tapitas). Dicho material se vendía y lo recaudado se destinaba a apoyar protectoras de animales. Como bicheros, en familia, les gustó la idea, por su impacto social y ambiental.

Comenzó entonces a “ver” cosas que antes no veía y a transmitirlas a los niños: la cantidad de plástico que sale de los hogares, los residuos que aparecen tirados en espacios públicos, plazas y playas. Aunque en 2017 y 2018 inició la recolección de manera personal, en 2019 llevó la propuesta a sus alumnos de 5º año. Entre los principales colaboradores se destacaron, un alumno, Adriano y su madre Lorena, compañera de la escuela.

En 2020 el proyecto ya estaba en marcha, y la pandemia se convirtió en una oportunidad para su crecimiento. La gente pasaba más tiempo en casa, utilizaba más las redes sociales y se comunicaba con Miriam, quien se encargaba de levantar tapitas casa por casa, de la misma forma que lo hace hoy. Algunas familias, como la familia Queirolo, continúan colaborando desde entonces.

Cuando la aspiración comenzó a tomar fuerza, fue necesario escribir el proyecto. En ese momento trabajaba en la escuela la profesora de Inglés Ilana Beim, quien ayudó a plasmar las primeras ideas, dado que se podía vincular con contenidos de segundas lenguas. El proyecto escolar debía contar con justificación, fundamentación, objetivos y actividades teóricas y prácticas vinculadas a los contenidos programáticos. Se investigó sobre conciencia ambiental, salud humana y entornos saludables, entendiendo que el ser humano forma parte de un espacio que debe aprender a cuidar. La clave era despertar esa conciencia en los niños para que se transmitiera a las familias y a la comunidad.

Así se empezó a trabajar en la práctica en el primer eslabón del circuito del reciclado. Se organizaron tareas de recolección, clasificación (que responde a criterios específicos), control de cantidad y envasado en bolsas. Al principio se llevaba un registro en papel; ahora ya está digitalizado. Otro aspecto a resolver fue la gestión del envío, ya que las tapitas debían llegar a Montevideo. Al inicio las entregaban a Camila

Fernández ( centro de recepción), pero con el crecimiento del proyecto decidieron enviarlas directamente. Primero lo hicieron con apoyo de la Intendencia y actualmente, sin costo, a través de la Nave Cargo Postal.

El equipo de trabajo se ha consolidado, lo que permitió gestionar donaciones cada vez más significativas. Empezaron recolectando apenas 3 o 4 bolsas y han llegado a enviar hasta 101 bolsas en un año. Desde el inicio han logrado que no lleguen al suelo y corrientes de agua más de 2 toneladas de plástico. Para los niños es un aprendizaje valiosísimo: sienten el proyecto como propio. Es, como dicen, una experiencia de “ganar-ganar”.

Transmiten a sus colaboradores un mensaje claro: “Toda tapita suma, porque ese plástico que usamos por un minuto y contamina durante siglos, lo hemos logrado integrar al circuito de reciclado”.

Siempre agradecen las donaciones, sin importar la cantidad, porque todas son valiosas. Reciben apoyo de distintas familias de la escuela y vecinos de otros barrios, pero aspiran a que más personas se sumen.

El proyecto ha despertado el interés de otros centros educativos con los que mantienen alianzas. Aunque no forman parte directa de la propuesta, colaboran voluntariamente: Escuela Nº 2, (primer alianza, maestra Nayche Nigro), Escuelas Nº 1, 8, 9, 96, 22 de Carlos Reyles, 10, 75, el Jardín 83 (desde hace tres años), la Nº 12 de El Carmen y la Nº 3 de Sarandí del Yí. La continuidad de los equipos docentes ha garantizado la permanencia de las colaboraciones. Se trabaja en conjunto con los niños, se realizan videoconferencias entre centros y los alumnos de la Escuela Nº 35 comparten su experiencia con otros, multiplicando la concientización.

También reciben donaciones de educación secundaria: el Liceo Nº 3, UTU del Centro, exalumnos de la escuela que concurren al Centro Espínola (que funciona en el mismo predio). Asimismo, colaboran empresas como Coca Cola, Nice, Súper Más, Veterinaria San Martín, Veterinaria Ana Acuña, Suárez Repuestos, entre otras.

Según Miriam, “este proyecto» cobra mucha importancia con el nuevo programa de Transformación Educativa, porque involucra espacios curriculares en lo científico-matemático, en la comunicación, en suma amplia saberes para la vida en sociedad. El desarrollo de competencias en niños y adultos es un motor para impulsar proyectos medioambientales y de impacto social. Promueve el pensamiento crítico, la iniciativa, el relacionamiento con otros, incluso con segundas lenguas, dado que los libros de esta área desarrollan temáticas de contaminación. Se debe de destacar otro factor muy importante, la empatía que desarrollan los niños por los animales.

Actualmente se recibe un beneficio adicional: desde 2024 Tapitas Oportunidades apoya a OBA en parte de sus necesidades, lo que Miriam considera un sueño cumplido: “vuelve a Durazno lo que Durazno da”. Por eso convocan a más donaciones. Pequeñas acciones hacen la diferencia con un mundo más sostenible y solidario.

Aún queda un sueño por cumplir. Miriam está próxima a jubilarse y sabe que seguirá apoyando desde afuera, pero anhela que este proyecto tenga continuidad en el tiempo.