De funcionaria pública a emprendedora

Fabiana Alejandra Gauna Silva, de 37 años, es el resultado de todo lo que ha construido a lo largo de su vida. Apasionada por el trabajo, el crecimiento personal —sin dudas— y por la familia. Es compañera de Gerardo Ramos, quien, según ella, “es todo lo que está bien”. Son incondicionales, se apoyan en todo; él es parte fundamental de su crecimiento.

Por Anabela Prieto Zarza

Martina, de 15 años, su hija es el “solcito” de su vida. Martina nació un 3 de setiembre, cuando Fabiana tenía 22 años. Fue su regalo anticipado de cumpleaños, ya que ella cumple el 5. Es lo mejor que le pasó en la vida.

Es montevideana, porque su madre, Marianela, oriunda de Durazno, vivía allí cuando nació. Pero cuando Fabiana tenía dos años, regresaron al interior. Por eso se considera duraznense. Su infancia y adolescencia transcurrieron entre las escuelas Nº 10 y Nº 2, y el liceo Rubino. Tiene gratos recuerdos de esa etapa, especialmente cuando vivía en la casa de su abuela Camila, que falleció a los 92 años y a quien “ama con el alma”. Se expresa en presente, porque la sigue amando. Seguir amando a quienes ya no están es, sin duda, una forma de mantenerlos vivos.

Fue muy buena estudiante, con facilidad para aprender. Fue abanderada en la escuela (me dice: “¡eso no lo pongas!”… pero obvio, no le hago caso).

A los 17 años, mientras cursaba 5º de liceo, decidió que quería trabajar. Su madre le dio un consejo: “no dejes de estudiar por trabajar”. Su primer empleo fue en el kiosco 1 de Plaza Sarandí, los domingos. Con el tiempo, el consejo quedó en el olvido, y la vida laboral se fue abriendo sola. No menciona todos los lugares donde trabajó, porque fueron muchos y muy diversos: CONAPROLE, un escritorio rural, una peluquería, una temporada en Piriápolis… Si le preguntás qué le hubiera gustado estudiar, no sabe, porque le gusta de todo. Una vez le dijeron que era una privilegiada por eso, porque hay quienes nacen para una sola cosa, y ella nació para hacer muchas. Comparto totalmente esa visión.

Con la llegada de Martina, sintió desde el primer momento que la responsabilidad sería enteramente suya. Y así fue. Sin embargo, la familia paterna siempre estuvo presente, desde el amor, y hoy son parte de su familia.

Con la maternidad surgieron nuevos desafíos y la necesidad de consolidar ingresos. Su hija dependía de ella. Trabajó en Nuvo y luego en una pañalera, pero esa dinámica no era sostenible.

En 2011 ingresó a la Intendencia de Durazno, donde trabajó hasta 2024. Esa etapa fue clave para su formación personal y profesional. Fabiana es brillante: una esponja que aprende, que investiga, que se interesa. Es responsable, confiable y, en cada repartición municipal en la que estuvo, se destacó. Como ella dice: “lo que no sabía, lo preguntaba; hice por aprender”.

Ingresó como secretaria en la Oficina de Licitaciones, un lugar del que guarda gratos recuerdos, tanto por lo que aprendió como por las amistades que forjó. Agradece a los compañeros —prefiere no nombrarlos para no olvidar a nadie—, de los cuales se nutrió. De los proveedores también aprendió mucho. El trabajo era intenso y agradece la confianza que siempre le brindaron las autoridades. “Hubo un tiempo en que vivía en la Intendencia”, dice. Realizó varios cursos y concursos. Se ganó su lugar con esfuerzo y capacidad.

En 2016, ya consolidada su relación con Gerardo, decidieron emprender. Licitaron una cantina en un liceo. Se presentaron el último día y ganaron. “Fue la única oferta”, se ríe. Pero así comenzó una nueva etapa: aprendieron, observaron, innovaron. Aún hoy mantienen la cantina, con un enfoque siempre renovado y ofreciendo empleo a familiares y amigos, lo cual los hace felices.

Durante la pandemia, al suspenderse la actividad presencial, se dedicó a remodelar su casa. Pero no le alcanzaba. Su espíritu inquieto la llevó a hacer un curso de manicurista, montó un estudio en su domicilio y comenzó a atender. No daba abasto. Cuando le señalo que no cobraba poco, me responde contundente: “¿Sabés cuántos cursos hice? ¿La inversión en el local? ¿Lo que gasté? Por supuesto que cobraba de acuerdo a lo invertido, pero mi trabajo era excelente”. Y lo era.

En 2022, en familia, analizaron instalar un emprendimiento privado. Apostaron a una franquicia, algo poco común entonces. Así surgió Invencible, una marca de ropa de industria nacional, de Salto. Todo lo aprendido en la Intendencia fue clave. Trabajaron durante todo el año y en noviembre abrieron el local,

decorado con un estilo moderno y diferente para Durazno. Posicionaron con éxito una marca no tan conocida, pero con identidad. “Trabajás con gente de marketing, con visual… es otro mundo”, cuenta. El vínculo con su personal es excelente a quienes agradece el compromiso.

Pero Fabiana quería más. Coqueta como es, soñaba con tener una marca de bijouterie que le gustaba. Así llegó HOMINI. En febrero de 2024, surgió la oportunidad, la familia quería repetir la experiencia de inversión y todo fluyó. El 9 de mayo abrieron el local, nuevamente marcando la diferencia con una decoración exquisita. Para Fabiana, fue un sueño cumplido.

Cuando comenzó el proyecto de Invencible, ya había tomado la decisión de dejar la Intendencia. Sin apuro, pero convencida. Cuando llegó HOMINI, comunicó su decisión. Había llegado el momento. Tenía la carrera administrativa topeada y necesitaba crecer. No le temió a dejar la zona de confort ni ella, ni su entorno. A quienes la cuestionaban, les respondía segura: “No es necesario probar. Está pensado, planificado y decidido”. Así es Fabiana: no improvisa. Planifica, se prepara y ejecuta.

En su tiempo libre disfruta estar con su familia y amigos, compartir tiempo de calidad, especialmente con su hija, con quien tiene una relación divina. Todos los fines de semana hay alguna reunión. Le gustaría viajar más y está planificando un gran viaje para 2027. Le encanta remodelar espacios y lo hace con entusiasmo. Integra y colabora con la Comisión de APAL (Asociación de Padres de Alumnos del Liceo). Sobre sus sueños, dice que son el motor de su vida. Tiene una deuda pendiente: terminar el liceo. Se inscribió para hacerlo en 6 meses. Me dice: “No tengo techo, voy a seguir creciendo”. Sé que lo va a lograr.

No le gusta dar consejos. Prefiere predicar con el ejemplo. Cree en el trabajo, en la constancia y en que los caminos se abren cuando uno se mueve. Siempre trabajó donde quiso y en lo que quiso. Cree profundamente en las energías y en que lo que decretamos, se cumple.

Fabiana es una persona valiosa. Al terminar la entrevista, caminando por la calle, muy seria me pregunta: ¿Por qué pensaste en mí para esto? Le contesto: Porque te admiro. Admiro tu afán de superación.