Osiris: aporte de Padrón Favre y mensaje de la familia

El sábado 19 de julio en el salón de actos “Luis Eduardo Santos” del Municipio de Sarandí del Yí, dieron comienzo las celebraciones en homenaje al centenario del nacimiento de Osiris Rodríguez Castillos, que continuaron el domingo 20 en la ciudad de Durazno en Sala Lavalleja.

En ambas ocasiones se contó con la participación especial del cantautor Héctor Numa Moraes, quien ofreció una destacada presentación en honor al reconocido escritor y folclorista uruguayo.

También se sumaron lecturas de poemas de Osiris a cargo de Jesús Carlos Correa, y palabras de Eduardo Montes de Oca, quienes evocaron la profundidad y vigencia del legado de Rodríguez Castillos y el intendente Dr. Felipe Algorta hizo entrega de un reconocimiento especial a Numa Moraes, en agradecimiento por su trayectoria y por mantener viva la obra de uno de los grandes referentes del folclore nacional. 

Estos homenajes se enmarcan en la serie de celebraciones que vienen desarrollándose en distintos puntos del país al cumplirse 100 años del nacimiento de Osiris Rodríguez Castillos.

Padrón Favre: Mi recuerdo para Osiris Rodríguez Castillos


«Este 21 de julio de 2025 se recuerda el centenario del nacimiento en Montevideo de Osiris Rodríguez Castillos, figura de elevadísima estatura en el campo de la creación poética y musical, cuyo legado constituye un patrimonio cultural excepcional. Cuando Osiris cumplía tres años la familia pasó a vivir a Sarandí del Yí. El vínculo de ese niño y luego adolescente con el río Yí fue profundo, indisoluble. Un día expresó “Toda mi escuela es asombrarme, ver las cosas por primera vez. Yo podría verlas cien veces y cada vez podría escribir sobre ellas algo distinto. Creo que he encontrado la manera de hacerlo, defendiendo al gurí que llevo adentro, un gurí que quedó siempre en las orillas del Yí, donde me crié”. Y a él volvió, pues sus cenizas a esa corriente fueron entregadas.
Tuve el honor de tratarlo en los últimos dos años de su vida. Un amigo en común, gran guitarrista, me dijo un día “Osiris quiere conocerte”. El motivo radicaba en que leyendo “Historia de Durazno” (1992), en el capítulo dedicado a Sarandí del Yí encontró que yo mencionaba que Genuino Rodríguez Castro había sido el director del primer Liceo Popular con que contó, en 1933, dicha población. Genuino era su padre y mi mención la estimó como un acto de justicia pues, según él, nunca se había recordado ni valorado ese esfuerzo realizado por su progenitor en pro de la educación sarandiyense. El primer encuentro (en la pensión donde residía, Gaboto 1364) abrió paso a una afectuosa relación, con largas conversaciones. Hombre de cultura vastísima sentía, con razón a mi
criterio, que el país no lo había valorado como merecía. Bien recuerdo cuando me dijo una de esas tardecitas de larga prosa: “Recién después que muera se darán cuenta los orientales de todo lo que les he dejado”. Que generaciones y generaciones de estudiantes de enseñanza media hayan transitado (tal vez lo siguen haciendo) por las aulas sin que ni una sola vez se haya mencionado su nombre o analizado uno de sus poemas habla de esa indiferencia por su legado. En este caso de quienes tuvieron, y tienen, el poder burocrático de decidir de qué autores se habla y de cuáles
no en las clases de Literatura. También los poderes públicos, el MEC en especial, han estado ausentes. No estuvieron presentes en octubre de 1996 cuando falleció. Al otro día de su solitario velatorio y cortejo fúnebre, al que concurrimos con el Maestro Randolfo C. Zagnoli, el recordado  Guruyense escribió en “El País”: “Osiris, duele decirlo, murió casi en el ostracismo en su propia Patria a la que dio todo su arte y talento y prestigio, incluso, en su estadía de una década en España.” Tampoco parecen estar presentes los poderes públicos nacionales ahora
en su centenario. Es historia vieja. El mundo de “la gauchería” sigue teniendo problemas con la cultura oficial montevideana. El propio Osiris en unas palabras previas a la tercera edición de “Grillo
Nochero” (1959) apuntó a las causas profundas de esa patología: “Nuestros únicos problemas, de toda índole, radican en la no aceptación del espíritu de la tierra. En el desprecio de las costumbres emanadas de nuestra economía. En el absurdo desconocimiento de nuestra personalidad telúrica. La tierra también hace a los hombres “a su imagen y semejanza”.
Padecemos, pues, de insinceridad…”. Felizmente en los corazones de sus innumerables admiradores que viven en nuestro país, Argentina, Brasil y otros lugares del mundo existe para él
un sitio de privilegio que merecerá por siempre. Su enorme obra actuará como un conjuro para despejar aquellos temores que tal vez lo asaltaban cuando en “De tiempo adentro” escribió: 

“Polvo se hará mi guitarra/mi memoria…cerrazón/mi nombre, puede que muera/ mi copla… puede que no». Oscar Padrón Favre, Durazno, 21 Julio 2025“.

La palabra, el mensaje de la familia

«Sobre el centenario de Osiris Rodríguez Castillos: cuando la verdad y la precisión también son un acto de justicia cultural. En el marco de los homenajes por el centenario del nacimiento de Osiris Rodríguez Castillos -escritor, músico, compositor e investigador de referencia en la cultura rioplatense -, la familia desea hacer algunas aclaraciones fundamentales sobre inexactitudes que, de forma reiterada, vienen empañando el recuerdo de su figura y el reconocimiento profundo de su obra. La obra de Osiris Rodríguez Castillos trasciende etiquetas simplificadoras. Su trabajo como investigador, su alto nivel poético y musical, y su compromiso profundo con la historia y la cultura del Uruguay, lo sitúan en un lugar único dentro del campo de la proyección folclórica. Sin embargo, en numerosas publicaciones recientes se insiste en incluirlo dentro del llamado «Canto Popular», corriente a la que Osiris nunca se adhirió, ni estética ni ideológicamente. Esa clasificación errónea -y las comparaciones con artistas que no compartieron ni su nivel de formación ni su exigencia compositiva -, contribuye a una lectura distorsionada de su legado. Osiris escribió, compuso e interpretó con una exigencia artística e intelectual que ha sido reconocida por figuras como Jorge Luis Borges – quien comentó al conocer su obra “estas milongas son mejores que las mías” – o Atahualpa Yupanqui, quien lo incluyó -junto a Violeta Parra – como una de las tres únicas voces fundacionales de la canción telúrica del Cono Sur. En los últimos años han circulado libros y artículos que se presentan como biográficos pero contienen graves inexactitudes. Se habla de un “ostracismo”, de un supuesto deterioro mental, o de una vida final marcada por la pobreza extrema. Estas afirmaciones no solo son falsas: son profundamente injustas y revelan una tendencia al dramatismo que traiciona la verdad. Osiris vivió de forma austera por elección personal, como tantos hombres  íntegros que no se adaptan a las lógicas mercantiles. Nunca estuvo solo ni desamparado, y su lucidez lo acompañó hasta sus últimos días. Sus hermanos, sobrinos, hijos y amigos cercanos jamás habrían permitido el abandono extremo que algunas de esas publicaciones sugieren. Es aún más grave que tales afirmaciones se hayan hecho sin consultar con quienes realmente lo conocieron y lo amaron. El problema no es solo de forma, sino de fondo. Una biografía que contiene invenciones o tergiversaciones -y que no ha contado en ningún caso con el apoyo y la participación de la familia – no es una biografía: es una novela con pretensiones indebidas e interesadas. Y cuando esa novela mancha la imagen de un hombre que entregó su vida al arte, al estudio y al compromiso con su pueblo, se cruza una línea ética que necesita ser señalada. En este centenario, más que celebraciones formales, pedimos un acto simple y contundente: hablar con la verdad. Es decir, desde la integridad, la ética, el compromiso con la verdad y el sentido profundo que siempre guiaron a Osiris Rodríguez Castillos. Este artista único, brillante, irrepetible no necesita ninguna mitificación. Su obra, su coherencia y su dignidad humana inevitablemente harán el resto. Firmado: La familia de Osiris Rodríguez Castillos«.