Si en el calendario que rige en nuestro país, el día 18 de julio es sentido con el valor auténtico de lo que la palabra dice: Jura de la Constitución, esta jornada debe ser propicia para la meditación cívica, por el particular valor que para los hombres significa el jurar y para el significado que tiene la Constitución.
Por Saúl Moisés Piña
Con sentido religioso o con sentido laico, jurar representa poner por testigo lo más alto de los cielos a lo más alto de la propia conciencia moral para el propósito de cumplir determinada conducta. Jurar es condicionar la valoración del futuro. La Constitución representa el cuerpo fundamental de normas a que voluntariamente quiere un pueblo sujetarse en el marco democrático.
El 18 de julio se cumple el 195º aniversario de la Jura de la Constitución de 1830. En este país, cuando la Carta Magna ha sido agredida, promoviendo secuelas muy profundas, surge un gran misterio, de cómo el texto constitucional debilitado e ignorado, mantuvo sus ricos valores, sobre la efímera vigencia de quienes intentaron desconocer el pensamiento de Artigas.
EL TESTIMONIO DE LA DIGNIDAD
Vivimos tiempos muy particulares en nuestro Uruguay, como espejo de lo que ocurre a nivel mundial, donde resulta fundamental el análisis y la instrumentación de cambios. Pero lo que no está llamado a variar y es el alma de toda Constitución, es la superioridad primera y última del ideal de libertad, lo que en el hombre, es el más primario de los datos. La libertad es la manifestación esplendente de la personalidad en el mundo sensible, siendo el testimonio más brillante de la dignidad, un valor que no se logra mediante la profesión, el apellido o la divisa política.
Los constituyentes del 30 elaboraron un texto constitucional, que en su época fue uno de los más valiosos instrumentos creados para regir la vida de un pueblo que daba sus primeros pasos en la vida independiente.
Es oportuno recordar las recomendaciones que hicieron aquellos patriotas y dignos varones de la Asamblea: “No esperéis que la Constitución repare instantáneamente los males que nuestra sociedad ha experimentado, los que siente generalmente la América y los que
sufre todo el país al reformar sus instituciones. No, no es ella solamente la que ha de traernos la tranquilidad interior y la libertad. Es preciso que nosotros le sacrifiquemos las aspiraciones, que nos prestemos gustosos a cumplir la ley y nos opongamos con firmeza al que intente traspasarla”. El texto constitucional es un manantial inextinguible de valores y códigos para la convivencia social. Solo hay que saber descorrer el velo para dimensionarlos, y se puede afirmar sin error, que cada vez que el despotismo ingresó en el país, tuvo que enfrentar los vigentes principios contenidos en la Constitución, posibilitando con ello, recuperar la luz de la democracia y la armonía social. Son tiempos de desafíos para los uruguayos, pero tenemos que cultivar la recuperación de valores tales como: compromiso con el trabajo, fortalecer la cultura humanista mediante el desarrollo del arte, la belleza, la tolerancia, la profundidad del conocimiento y la fraternidad. Debemos combatir con fuerza dos elementos negativos que coinciden y viven en armonía a lo largo de la historia, el utilitarismo y el afán de poder.
Evoquemos con emoción esta fecha porque si es grande el sentimiento de la evocación, más grande aún es el sentimiento del compromiso de todos.
