Por Saúl Moisés Piña
El progreso de la sociedad es un verdadero y permanente reto a la inteligencia del hombre y, es por eso que s los ciudadanos de aquellos países que tienen el privilegio de tener un gobierno liberal y republicano, deben tener el deber como deber supremo, inscribir en los actos cotidianos, un sostenido himno de sacrificio, con el acatamiento severo a lo que marca la Constitución, que sabiamente marca derechos pero también deberes en un sabio equilibrio de ambos valores-
Es oportuno señalar, que el gobernante debe ser un firme servidor de su pueblo, que lo ha distinguido con el valioso aporte del voto. También el gobernante debe ser el más celoso guardián de los derechos de los ciudadanos y, sobre todo, el más celoso cumplidor de su labor en los actos del gobierno, ejerciendo la función, con severa honradez, para todos los ciudadanos, sin distinciones de divisa.
Los gobiernos de alto contenido democrático, se distinguen por su capacidad de dialogo y de escuchar la opinión de aquellos sectores en pugna ,tomando siempre las resoluciones en el marco que establece la Constitución, la que explica con claridad la separación de los poderes ,como por ejemplo que el Poder Judicial no tiene dependencia de lo político.
La historia de los pueblos, indica de experiencias nefastas, de actores políticos que cuando llegaron al poder, usaron la plena potestad con insano rigor, actuando con soberbia, creyéndose pertenecer a una especie muy particular, con poderes tan valiosos, como por ejemplo que nunca los afectará el virus de la mentira y la corrupción.
En este tiempo, buena parte del mundo viene enfrentando situaciones bélicas, plenas de injusticia, donde mentes corruptas por su ansia de poder, están hipotecando el futuro de jóvenes generaciones. El panorama ofrece hoy guerras abiertas y otras en ciernes, que analistas anuncian vienen posibilitando el camino a la Tercera Guerra Mundial.
Este retroceso demuestra con claridad, que la Humanidad no tiene memoria y pone en riesgo la seguridad de los pueblos. Se comprueba además, que existen erráticas corrientes que promueven la violencia,
por el enfermizo apetito ideológico, convocando a incautos seguidores de manera irrespetuosa y promoviendo grietas sociales sin considerar la dignidad humana.
Son estos tiempos de valorar nuestra historia y los hombres de auténtico patriotismo, que crearon los cimientos que asientan una democracia con raíces muy profundas.
La gran esperanza de todos los uruguayos, es lograr etapas de convivencia con cultura del trabajo digno, con legítimas demandas de justicia, de solidaridad y de convivencia en la belleza de la paz social.
