El sábado 18 desde la hora 21.00 se realizará el desfile de las Primeras Llamadas del Interior, el mayor homenaje al candombe que se realiza en el interior del país.
Para esta edición está prevista la llegada de alrededor de 30 comparsas de todo el país que recorrerán el circuito oficial, que se inicia en el Barrio Bertonasco, emblemático y representativo del candombe en Durazno. En este barrio también se encuentra la Plaza de las Llamadas, con el único monumento al tambor existente en el mundo que fue creado y ejecutado por artistas duraznenses pertenencientes al Taller de Artes Plásticas, es un tambor gigante que está rodeado de imágenes significativas vinculadas a esta expresión popular.
El 20 de diciembre de 1996 se realizó la inauguración de la Plaza de las Llamadas, como símbolo de la gran fiesta popular que son las Primeras Llamadas del Interior.
Esta plaza se encuentra ubicada en el popular Barrio Bertonasco, cuna de las llamadas en Durazno. A una de las calles de ese barrio se la pasó a denominar Calle de las Llamadas Pedro «Gallo» Rojas, como homenaje a esa figura, pionero del candombe en la ciudad.
En la plaza se encuentra el Monumento a las Llamadas, consistente en un tamboril de 2,50 metros de altura decorado en su contorno con obras en cerámica que representan a todas las figuras del desfile de las Llamadas (mamavieja, gramillero, tamborileros, escobero, vedette, bailarinas, etc.).
Un aditivo especial de estas llamadas es que las comparsas que se ubican en los tres primeros
lugares del certamen, clasifican directamente para las el Desfile de Llamadas de Montevideo del año siguiente, algo que se ha concretado desde varios años atrás.
En 1989 fue la primera edición de esta gran fiesta de tambores que crece año a año y convoca a espectadores de todo el país.
Historia de las llamadas
El Desfile de llamadas es una fiesta popular de candombe que se realiza todos los años en Montevideo en el mes de febrero, durante la época de carnaval en Uruguay, al que se ha sumado desde 1989 el Desfile en Durazno.
Forma parte del concurso oficial de agrupaciones carnavalescas de la capital uruguaya y durante dos noches desfilan unas 40 comparsas por la calle Isla de Flores atravesando los barrios Sur y Palermo. Es una de las manifestaciones más reconocidas de la cultura afrouruguaya.
El nombre de «llamadas» se remonta al siglo XIX, según Antonio Plácido, en su obra «Carnaval: evocación de Montevideo en la historia y la tradición» la aparición e incorporación definitiva de las comparsas de negros en los desfiles de carnaval se produjo en 1865. En 1876 aparecieron las comparsas de negros y lubolos, similares a las que conocemos actualmente.
En sus orígenes las comparsas estaban integradas por hasta 300 componentes. Para realizar sus actuaciones en los tablados se desplazaban a pie o a caballo, tal como hoy se toca a la puerta o el timbre para comunicarse, entonces se iban «llamando» con los tambores. Un determinado componente colgaba su tambor en bandolera y así iba reclutando en casa a la mayoría de sus compañeros. También se dice que la «llamada» se debe a que un conjunto de candomberos salía por la calle a tocar y con su sonido alentaba a otros a unirse.
Originalmente fueron manifestaciones populares espontáneas que, alrededor de los tambores, convocaban al encuentro, a una recorrida por las calles al ritmo del candombe y de su danza. Hasta 1956 estos desfiles partían de sus reductos naturales, los conventillos, en los que vivían casi todas las familias negras de Uruguay, especialmente de los dos más famosos, los conventillos Mediomundo y Ansina, en los barrios, Barrio Sur y Palermo. Estos conventillos fueron cerrados y demolidos en la década de los años 1970.
La primera comparsa, llamada Raza Africana, apareció en 1865, posteriormente, en 1876, surgió por primera vez la expresión «negros lubolos» que significa blancos pintados de negros.
En 1903 la comparsa Esclavos de Asia llevó adelante una auténtica rebelión. Junto a las agrupaciones Pobres Negros Cubanos, Lanceros Africanos, Negros Hacheros, Esclavos de Nyanza, Negros del Congo, Esclavos Africanos, Negros Libertadores, Esclavos de La Habana, Hijos del Congo, Esclavos de Mozambique y Libertad Esclavos de Asia suscribieron una iniciativa en la que
señalaban que no se presentarían en ningún tablado donde no se premiara, por separado, a las comparsas de negros, lo que creó una nueva categoría.
En 1956 se realizó el primer desfile oficial de llamadas, como una fecha dentro del carnaval patrocinado por la Intendencia de Montevideo. Fuera de la fecha oficial, habitualmente salen «llamadas» en distintos barrios. La ceremonia siempre comienza con una fogata donde se templan las lonjas de los tamboriles y esta expresión constituye un fuerte dentro de la cultura uruguaya, además de la duraznense donde son cerca de diez las comparsas que actualmente están funcionando.
Características
En cada comparsa desfilan primero el portaestandarte, luego llegan las banderas y detrás un conjunto de artilugios de fantasía compuesto por lunas, estrellas, medialunas y luces que son portadas por jóvenes enmascarados para alumbrar el paso de la comparsa en la noche. Estos íconos hacen referencia al islam, la religión que tenía la mayoría de los esclavos africanos antes de ser traídos al Río de la Plata.
Luego viene el cuerpo de baile, con mujeres y hombres con trajes vistosos que realizan una danza intensa y apasionada. Enseguida aparece el gramillero, el hombre más viejo de la comparsa. Representa al brujo o curandero de las tribus africanas, que curaba con yuyos y «gramillas», tiene barba de algodón, sombrero de copa, levita negra, anteojos, bastón y maletín en su mano emulando al «dotor» del Montevideo colonial. Va acompañado de la mama vieja que emula al ama de llaves en las residencias del Montevideo colonial, quien imita a su «mercé» en ritmo de candombe, luciendo ropas obsequiadas por ésta, camina con una sombrilla, un abanico y una canasta, a veces repleta de humeantes pasteles. El abanico o la sombrilla eran los elementos con que su amita se cuidaba del cálido sol y el aire marino en los paseos dominicales. Viste largos trajes y amplias polleras con grandes lunares o pintas.
Después viene el escobero o escobillero, que es el encargado de barrer con su escobilla las ondas negativas y la yerba mala que puede tener la calle mientras la recorre anticipándose al cuerpo de baile y a la cuerda de tambores. Algunos utilizan un bastón en vez de una escobilla y lo adornan con cintas o listones. De su cintura cuelgan dos cueros de los que cuelgan espejitos, cuentas de colores y cascabeles utilizados como amuletos para alejar a los espíritus malignos.
Justo delante de los tamborileros desfilan las vedettes, incorporación relativamente moderna a este desfile, comenzó en 1948 y detrás, están los fanáticos de la cuerda o los bailarines espontáneos que se sienten atraídos por la fuerza de cada comparsa y acompañan a cada una de las agrupaciones.
