“Varias calles generan preocupación en los vecinos y afectan el tránsito”

La edila Laura Baldenegro presentó varias problemáticas en su intervención en la Junta Departamental, entre ellas el estado de calles en varias zonas de mucha circulación vial.

“Hoy me voy a referir a una zona de Durazno que está comprendida entre lo que es la Casa de los Vascos o la punta de lo que es la Plaza Rodó y el Puente Seco. Quiero que mis palabras pasen al Departamento de Obras y me refiero al deterioro importante que tiene la calle donde comienza, vamos a decir donde termina Plaza Rodó hacia el Puente Seco, dos cuadras antes de la calle San Martín. Deterioro impresionante donde transitan hoy muchísima gente dada las diferentes partes cerradas que hay debido a las obras que se están realizando en la zona, principalmente la gente que transita en moto y en bicicleta me gustaría que el Departamento de Obras lo pudiera ver” dijo.

Mencionó en su intervención otras calles que están precisando que sean reacondicionadas.

“También a la calle Alcides Burgues que debido a la construcción realizada por el Ferrocarril Central, el barrio perdió un lugar importante que los vecinos tenían, lo usaban como espacio libre, como recreación y de vereda. Hoy no se encuentra esa vereda, hay un tejido por el cual se utilizó para las vías, pero está con mucho deterioro. Cuando venía hacia la sesión paspe y vi que habían comenzado la limpieza, pero es importante que eso se mantenga limpio, porque afea y da un aspecto de desprolijidad total a la zona” agregó.

Indicó que también en la zona debería colocarse un resguardo para las personas que esperan el ómnibus, ya que en los tiempos que vienen, con las inclemencias meteorológicas, es importante que puedan hacerlo de la mejor manera.

“También en esa zona es importante ver la posibilidad de que coloque una garita, allí en la calle Apolo y San Martín, que es una parada de ómnibus y que actualmente hay mucha gente, entre ellos estudiantes, quienes van a trabajar a Montevideo, que toman el ómnibus en ese lugar. Sería bueno que el Departamento de Obras pudiera rever la colocación de un resguardo o una garita, que para el tiempo que viene sería importante” dijo.

“También la posibilidad de rever la calle que está en combinación de Alcides Burgues con la calle que va hacia el barrio contiguo a ese, que hay un tramo bastante importante en el cual las motos y bicicletas dificultan el pasaje debido al estado en que se encuentra” agregó.

Recordo también el genocidio de Salsipuedes.

“En otro orden, hoy hace 193 años de la matanza de Salsipuedes, creo que para nosotros mantener en la memoria ese genocidio que fue realizado por el Gral. Rivera es importante recordarlo. Si bien es un día de luto para toda la raza charrúa, también es un día de reflexión y reconocimiento de sus derechos como los indígenas de nuestro país” dijo.

El 11 de abril de 1831 los grandes terratenientes de nuestro país, decidieron llevar adelante el exterminio de una etnia originaria de nuestra tierra, los charrúas. El hombre al mando en ese momento Bernabé Rivera, reúne a caciques y al pueblo charrúa en las inmediaciones del arroyo Salsipuedes. Durante horas preparan comida que supuestamente van a compartir cuando a pedido de Rivera el confiado Venado, el cacique charrúa, le tendió amistosamente al general Rivera el cuchillo que éste le había pedido para picar su tabaco. Sin embargo, el militar reaccionó inesperadamente; se echó hacia atrás, fingiendo sorpresa, y en el mismo movimiento desenfundó su revólver y le disparó. Esa fue la señal que el resto de sus tropas, unos mil doscientos hombres, estaba aguardando para comenzar el ataque sobre los poco más de cuatrocientos indígenas charrúas –entre hombres, mujeres y niños– que se habían reunido en las riberas del arroyo Salsipuedes.

El General Fructuoso Rivera, primer presidente electo de la novel República Oriental del Uruguay, llevaba algunos meses planeando en secreto esa acción militar. Impulsado y presionado por los hacendados y terratenientes del noroeste del territorio, que denunciaban la presencia de los grupos seminómadas de indígenas en “sus” campos, Rivera decidió, a principios de 1831, poner punto final al “problema charrúa”. Y la suya sería una solución drástica y definitiva.

A poco de comenzada la operación, otro de los caciques charrúas llamado Vaimaca Pirú, le increpó así a su viejo conocido, el General, por el inesperado ataque que su gente estaba sufriendo. «Tus

soldados matando amigos…don Rivera» Aprovechándose de la larga relación de camaradería y respeto que mantenía con la nación charrúa, alimentada por cientos de campamentos y tolderías compartidos durante las luchas revolucionarias, Rivera convocó a todos los caciques charrúas para incorporarse a una nueva campaña militar que supuestamente comandaría contra el sur de Brasil, con el objetivo de recuperar ganado y repartirlo posteriormente entre quienes participaran de la expedición. Confiados, los caciques acudieron a su llamada, llevando consigo a sus guerreros, sus mujeres y sus niños, tal como era su costumbre, bien conocida por Rivera. En resumen, la nación charrúa entera respondía a la llamada de su viejo amigo, Don Frutos. El general Rivera, gran conocedor de la zona (baqueano), escogió el lugar de la emboscada con sumo cuidado. Sacó a los charrúas de la región de sierras y montes en las que se habían establecido y los citó en un lugar llano, que no ofrecía escondites naturales donde pudieran guarecerse. Así, recibió y agasajó a los charrúas en ese lugar con abundante comida y bebida, y dio la señal de atacar cuando estaban completamente desprevenidos.

«Después de agotados todos los recursos de prudencia y humanidad, para atraer a la obediencia y a la vida tranquila y regular a las indómitas tribus charrúas […] Se decidió poner en ejecución el único medio que ya restaba, de sujetarlos por la fuerza […] Fueron en consecuencia atacados y destruidos, quedando en el campo más de 40 cadáveres enemigos y el resto con 300 y más almas en poder de la división de operaciones».

Ese fue el comunicado oficial que el presidente Rivera envió al presidente del Senado al día siguiente de la matanza. Sin embargo, las cifras reales fueron otras; entre los charrúas muertos en el lugar de la emboscada, los que lograron escapar y fueron asesinados durante los meses siguientes, y los que murieron tras ser hechos prisioneros durante la larga marcha de más de 400 kilómetros a pie hasta Montevideo, más de la mitad de la nación charrúa fue aniquilada como consecuencia de la acción militar de Rivera en Salsipuedes.

Sólo unos pocos lograron escapar y perderse en los campos, evitando la muerte y la captura. Los que llegaron a Montevideo fueron repartidos entre los habitantes de la capital como servidumbre, desmembrando las familias charrúas según la conveniencia de sus nuevos “amos”, perdieron rápidamente su identidad cultural, sus tradiciones y su forma de vida. Por lo tanto, la solución final ideada por el general Fructuoso Rivera para el “problema charrúa” fue realmente efectiva. En 1833, el viejo cacique Vaimaca Pirú, su curandero Senaqué, el guerrero Tacuabé y la india Guyunusa fueron vendidos a un empresario francés que los embarcó rumbo a París para exhibirlos como objetos exóticos. Los cuatro son conocidos como Los Últimos Charrúas.