“La educación en la recta conducta fortalece el espíritu” Horacio
Por Saúl Moisés Piña
Ha comenzado un nuevo año en el sistema educativo nacional, que en el ciclo escolar es una especie de renacimiento de una esperanza, pero además la reafirmación de un principio. La esperanza se renueva casi de manera natural y lógica, en el pecho de los padres, abuelos y tios de aquéllos niños que en este año vestirán por primera vez la túnica blanca, iniciando el camino de la educación, que tiene como principio básico, lograr las herramientas para transitar el complejo camino de la aventura de la vida. El principio es que reafirma el privilegio del Uruguay al reabrir las puertas de las escuelas en todo el territorio, sobre todo en zonas rurales muy apartadas de los centros poblados, donde los Maestros son verdadero ejemplo de esta sabia vocación y de la importancia que tiene el arte de enseñar. Es por eso que resulta oportuno detener nuestra atención. Porque ese principio concretado en los pilares básicos de una enseñanza gratuita y obligatoria con un valioso contenido laico, no es otro que el de la libertad y los códigos de convivencia de una sociedad democrática, lo que nunca hay que darlo por tan sabido como para dejar de reflexionar su responsabilidad, fundamentos y sobre sus alcances. .
El objetivo fundamental del sistema educativo en este país con la educación gratuita y obligatoria, es que no haya niños que no reciban instrucción suficiente para el desafío del futuro, tratando de igualar las posibilidades iniciales en la lucha material y moral de la existencia.
El sistema educativo desde el fondo de nuestra historia, que fue programado por auténticos docentes y con la esencia de Artigas, es formar el espíritu activo, pensante, creador en cada uno de los educandos, de forma que la personalidad de cada cual, sean el fruto espontáneo de una creciente capacidad de autoeducación, en vez de regimentarse, para pensar todos igual y sentir todos de la misma forma. El propósito es de igualar las posibilidades iniciales de cada cual, por
elegir o rechazar religiones y dogmas, con la capacidad de elegir o rechazar convicciones .Pero sobre todo, valorar el rico tesoro que nos legaron con extrema sabiduría nuestros ancestros, priorizando las ideas basadas en nuestra auténtica identidad nacional
Esa concepción es una honra para el Uruguay ante el mundo. Durante décadas hemos recogido la distinción de severos juzgadores, por haber sabido hacer del aula un instrumento para la formación igualitaria, no para la igualdad mecánica, sino por el contrario para las desigualdades respetuosas.
El inicio de un nuevo año en el sistema educativo llena de felicidad y esperanza a todos los uruguayos, y es oportuno destacar la inspiración de aquellos grandes educadores como José Pedro Varela, valorando la libertad crítica y creadora de los que hoy ingresan a la escuela, brindando nuestro esperanzado saludo al mañana, que seguramente tenga un escenario más fraterno y pleno de convivencia solidaria, donde la educación será la gran protagonista.
