El dirigente del SUNCA Ricardo Santiago analizó la negociación que mantiene el sindicato con las cámaras empresariales y el Ministerio de Trabajo, con la reducción gradual de la semana laboral a 40 horas, un cómputo jubilatorio especial y medidas de salud laboral entre los principales planteos. En el plano departamental, reclamó mayor inversión pública, explicó la propuesta presentada a la Intendencia para incorporar trabajadores al Plan Veredas y repasó la situación del proyecto de cooperativa de viviendas del gremio.
El SUNCA atraviesa una situación compleja a escala nacional y se encuentra en una instancia tripartita por los Consejos de Salarios. ¿Cómo se vive esta realidad desde Durazno?
El SUNCA es nacional. Un problema en Rivera o en Montevideo nos abarca siempre. En Maldonado, por ejemplo, la situación se nota mucho más porque la fuente de trabajo es mayor. Hoy nosotros tenemos alrededor de 300 trabajadores en Durazno y Maldonado debe rondar los 10.000; por eso, cuando los compañeros se movilizan, se nota mucho más.
No se puede decir que el sector de Maldonado sea más fuerte que el resto del país: es una cuestión de la zona y del territorio donde se trabaja. Por tradición, Maldonado siempre tuvo más obras. Maldonado, Montevideo, San José y Canelones son las zonas más fuertes de la construcción. Cuando uno sale hacia el interior, las obras son muchas menos. En esas áreas hay playas y llegan muchas inversiones desde otros lugares; en toda la costa se concentra una parte importante de la inversión.
¿Qué esperan de la reunión tripartita entre las cámaras empresariales, el SUNCA y el Ministerio?
La reunión estaba convocada para la hora 13. Esperamos que salga todo lo mejor posible. Veníamos de semanas anteriores con una buena negociación y teníamos bastante coordinado como para llegar a una firma, pero en un día se dio vuelta todo. Son las complicaciones que aparecen en los convenios colectivos: a veces se avanza y al otro día se vuelve hacia atrás.
¿Qué motivó ese giro en la negociación?
La cámara empresarial defiende su posición y nosotros defendemos a los trabajadores. Lo que habíamos conversado en un par de reuniones venía bien encaminado, pero después tres de las cuatro gremiales empresariales dieron marcha atrás sobre asuntos que ya habíamos llevado a un acuerdo de palabra. Participan la Cámara de la Construcción del Uruguay, la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay, la Liga de la Construcción y la Coordinadora de la Industria de la Construcción del Este.
Hasta que no tengamos un preacuerdo firmado, no tenemos nada. Podemos reunirnos y mantener el mejor diálogo, pero al otro día pueden retirar lo conversado y volvemos a foja cero. Eso fue lo que nos pasó y por eso también tuvo que intervenir el Ministerio.
¿Explicaron por qué cambiaron de posición?
No sé si hubo algo concreto o si fue una pulseada para ver qué iba a hacer el sindicato. Con las medidas que tomamos nosotros, ellos también toman medidas: pueden concederte mucho durante la conversación y al otro día retirarlo todo. Para mí fue una pulseada para ver qué hacía el sindicato. Por suerte, el sindicato siempre ha estado fuerte y hoy tiene un volumen de alrededor de 55.000 trabajadores.
La construcción sigue fuerte y por eso se ven obras importantes y movilizaciones como las de Maldonado. Durazno hoy tiene dos obras importantes con poca gente, pero cuando se juntan todas las obras pequeñas de Durazno, Flores y el resto del interior, también hay trabajadores.
Sin embargo, el interior continúa recibiendo poca inversión pública y privada. UPM generó mucho trabajo, pero llegó con una fecha de finalización.
Por eso insistimos en que la inversión pública debe ser mucho mayor en el interior. Hay gente que dice que eso es política, pero no es político: cuando llega la inversión pública, se mueve el departamento. UPM llegó durante tres o cuatro años y junto con el Ferrocarril Central tuvimos entre 7.000 y 8.000 trabajadores. Durante toda la etapa de la obra de UPM llegaron a trabajar unas 20.000 personas.
De todas maneras, no se respetó la cuota de trabajadores locales.
No, no se respetó. Y ahora puede suceder algo parecido a lo que pasó en Baygorria. Cuando se hacían llamados para trabajadores de la localidad de Baygorria, no aparecía la cantidad necesaria. Por eso decíamos que había que extenderlos hacia los costados: incluir a Carlos Reyles y Centenario, porque Baygorria está en Durazno. También están los trabajadores de Paso de los Toros.
Son obras que llegan, demandan trabajadores durante un tiempo y después terminan. Por eso mantuvimos reuniones con el intendente y con el director de Obras, para conocer las obras que se vienen para Durazno después de la aprobación del presupuesto.
¿Conversaron sobre el proyecto turístico que impulsa el intendente Felipe Algorta para Baygorria? ¿El SUNCA podría participar en su recuperación? ¿Y qué posición tienen sobre el proyecto fotovoltaico?
En esa parte no he entrado directamente. He escuchado lo del proyecto fotovoltaico y me parece muy bueno. Hubo decisiones entre el intendente y el Estado porque el intendente quería cambiarle la ubicación, y tendrá sus explicaciones, pero sabíamos que era una fuente de trabajo para unas 120 personas. El proyecto se fue, aunque se están retomando las conversaciones para que pueda concretarse.
El intendente tiene un proyecto grande para esa zona y ojalá salga. Si genera mano de obra para Durazno, no hay que mirar el color político, sea blanco o frenteamplista. Es trabajo. Siempre opino desde ese lugar: después, que corte la cinta el gobierno que corresponda; el tema es que haya trabajo.
¿Qué resultado esperan alcanzar en la reunión? ¿Cuáles son los principales ejes de la plataforma?
Quedaban algunos puntos para acordar. Ya había varios conversados, pero, como decimos, hasta que no tengamos un preacuerdo firmado, no hay nada. Podemos decir que sí a distintos asuntos y al otro día recibir un no, como ya nos ocurrió. Esperamos terminar de acordar los puntos pendientes. Los compañeros comenzaron a negociar el viernes a las dos de la tarde y terminaron el sábado a las tres de la mañana.
Uno de los ejes es la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas. No se haría de un día para el otro, sino de manera progresiva: la primera hora en agosto de 2027, la segunda en mayo de 2028, la tercera en mayo de 2029 y la cuarta en marzo de 2030. En ese punto veníamos bastante bien encaminados y existe voluntad.
Otro punto es el cómputo jubilatorio especial. Hoy tenemos que jubilarnos a los 65 años y nosotros ya planteábamos, antes de que saliera esta ley, la posibilidad de jubilarnos a los 55, con 25 años de aportes a la industria y 30 años de aportes en total. En la región hay varios países que lo tienen y no queremos quedarnos atrás.
La construcción es dura. Quien no conoce el trabajo puede no entenderlo: hay días con 40 grados y el trabajador está bajo el sol; también hay jornadas con tres grados bajo cero. Si llueve, quizá no se trabaje afuera, pero se continúa adentro. El Ministerio de Salud recomienda evitar la exposición al sol en las horas de mayor temperatura y, sin embargo, a las dos o a las cuatro de la tarde, cuando el sol está fuerte, el trabajador sigue en la obra. Por eso queremos la posibilidad de acceder a esos cómputos especiales.
¿La construcción está catalogada como una actividad insalubre? ¿Qué posición tiene el ministro de Trabajo, Juan Castillo, sobre estos planteos?
Está catalogada como un trabajo insalubre. Los médicos lo dicen y el Ministerio de Salud también, pero cuando llegamos a este punto nos dicen que los trabajadores de la construcción deben continuar trabajando. Durante la pandemia, los trabajadores de la construcción, la salud y algunos otros sectores fueron quienes siguieron en actividad. No somos inmunes: nos enfermamos como cualquier otra persona.
Creo que el ministro Castillo está de acuerdo con que el mundo del trabajo ha cambiado. Cuando miramos lo que pasó durante la pandemia, vemos cuánto se redujo la jornada en algunas empresas: de 44 horas pasaron a trabajar 36. En otros países también existen jornadas menores. Para la construcción sería bueno.
Nosotros ya redujimos la jornada en 2012, de 48 a 44 horas. En aquel momento éramos unos 35.000 trabajadores y hoy somos alrededor de 55.000. Esa reducción ayudó muchísimo. Por eso buscamos tanto el cómputo jubilatorio como una nueva reducción de la jornada laboral.
¿La plataforma también contempla un día para que los trabajadores puedan realizarse exámenes médicos?
Sí. Los trabajadores tenemos tres días al año sin pérdida de presentismo ni incentivo, pero perdemos el jornal. Planteamos que el trabajador de la construcción, sea hombre o mujer, disponga de un día para realizarse exámenes, entre ellos el de próstata y los que correspondan según el área en la que trabaja y los riesgos a los que está expuesto. Algunos trabajadores terminan con afecciones respiratorias importantes. En otros sectores, como el frigorífico, también existe una realidad laboral muy dura.
Otro de los reclamos está relacionado con la atención de la salud mental dentro de las obras.
Sí. En la plataforma pedimos que un psicólogo o un psiquiatra llegue cada dos o tres meses a las obras y trabaje durante unas dos horas con los trabajadores. En la industria de la construcción hemos tenido muchos compañeros que se quitaron la vida por problemas que venían desde mucho tiempo atrás.
Tuvimos el caso de un trabajador ucraniano en UPM. Tenía problemas con su familia, que estaba en un país en guerra. También tuvimos otro caso hace relativamente poco. Son situaciones que uno vive dentro de la obra: trabaja todos los días junto a un compañero y muchas veces no sabe lo que le está pasando.
Los compañeros de la construcción somos, muchas veces, los primeros en llegar a ellos. A veces un trabajador llega mal alimentado porque el pan que tenía se lo dejó a sus gurises, y es el compañero que está en la obra quien le da una mano. Por eso proponemos una instancia de contención psicológica dentro de las obras.
Es muy difícil decirle a un compañero que vaya a atenderse con un psicólogo o un psiquiatra. No va. En cambio, cuando se reúne a todos en una asamblea y se tratan estos temas, algún compañero comienza a identificarse. Tal vez no se abra delante de todos, pero después se acerca y cuenta que tiene un problema. Así se detectan situaciones vinculadas con la salud mental, las drogas o el alcohol.
La idea es contar con esa atención cada dos o tres meses. Se financiaría mediante los fondos sociales, la Cámara de la Construcción y el sindicato. Sería una herramienta muy buena para las obras.
¿Quiénes representan al sindicato en la negociación?
En el Consejo de Salarios participan seis o siete compañeros. Raúl Galeano hoy está en otra actividad y no integra esta instancia. Hay compañeros de Maldonado y Colonia, y tres o cuatro integrantes de la Dirección Nacional.
De todas maneras, el preacuerdo que firmen o lo que consigan no lo deciden solamente esos compañeros. Después se lleva a una Asamblea General. Allí los trabajadores dicen si están de acuerdo o no y votan a mano alzada. Se puede llevar el mejor acuerdo, pero los trabajadores pueden decir que no porque quieren otra cosa. No deciden solamente los dirigentes de Montevideo: decide la clase trabajadora.
La Asamblea General tiene la última palabra. Nosotros podemos llegar con el mejor convenio que hayamos conseguido y salir con la cabeza baja porque la Asamblea lo rechazó. También puede suceder con la reducción de la jornada laboral: quizá nosotros planteemos una forma y los trabajadores otra, aunque bajar cuatro horas de un día para el otro también es difícil. Los uruguayos somos un poco retobados ante los cambios bruscos.
Hoy es lunes y tal vez el jueves tengamos la Asamblea General, o quizá sea la semana siguiente. Allí los trabajadores votarán si están de acuerdo con la nueva plataforma, suponiendo que podamos cerrar la negociación. Después se verá cómo seguimos y si las medidas continúan o no.
¿Qué ocurrió específicamente en Maldonado? Se habló de una situación conflictiva dentro del sindicato.
Fue un problema puntual entre dos trabajadores que se pelearon. Puede existir un conflicto en la construcción, pero también podría ocurrir en un canal de televisión de Montevideo donde hubo despidos y quizá no tendría la misma repercusión. En una asamblea puede haber diferencias y compañeros que no estén de acuerdo con una posición u otra. En este caso, dos trabajadores se fueron a las manos, pero eso no ensucia la herramienta sindical.
Hay trabajadores que dicen no estar de acuerdo con el sindicato, pero sin sindicato no ganarían lo que ganamos hoy. Si no existiera la organización de la masa trabajadora, si no saliéramos y nos movilizáramos, no tendríamos lo que hoy tenemos. Son derechos; la Constitución reconoce el derecho a huelga. Lamentablemente, hay compañeros que no lo entienden y hay que continuar hablando con ellos. Lo que tenemos se consiguió con lucha, no porque el patrón lo haya regalado.
Volvamos a Durazno. Hace un tiempo el SUNCA presentó al intendente Algorta una propuesta para participar en el Plan Veredas. Hoy muchos trabajadores están sin empleo o dependen de changas, lo que también afecta sus aportes jubilatorios. Ahora que la Intendencia tiene el presupuesto aprobado, ¿el proyecto puede concretarse?
Hemos intercambiado mensajes. El viernes hablé con el director de Obras, el Pampa Morena. Raúl también intercambió mensajes con el intendente Algorta y quedamos a la espera de una respuesta para reunirnos nuevamente. Cuando presentamos la propuesta, el presupuesto quinquenal todavía no estaba aprobado; hoy sí.
Ya hemos trabajado con la Intendencia. Tuvimos compañeros que cumplieron tareas vinculadas con la seguridad dentro de las obras municipales y fue una experiencia importante. Ahora presentamos una propuesta concreta y la decisión de aceptarla o no corresponde a la Intendencia.
Propusimos formar cuadrillas de trabajadores de la construcción para intervenir en el Plan Veredas. No queremos perjudicar a quienes hoy viven de changas, pero sí que, si ingresan a trabajar para la Intendencia, cuenten con cobertura médica y aportes al BPS. Eso es fundamental, porque la falta de aportes les genera muchas dificultades.
Lo pienso de esta manera: cuando la Intendencia desarrollaba el plan anterior, quizá estaba bien porque se mejoraron algunas veredas, pero también podía fomentar el trabajo en negro. El dinero salía de la propia Intendencia, se entregaba para realizar la vereda y luego se descontaba de la contribución. Nuestra idea es formar cuadrillas, pero con los correspondientes aportes al BPS.
El Pampa me dijo que el Plan Veredas va a salir. La semana pasada se estaba hablando de una reunión sobre el tema y ojalá se concrete pronto. La idea es poder incorporar compañeros: decir que hay 100 trabajadores de la construcción con su historia laboral y realizar un sorteo transparente, como se hace mediante la democratización del trabajo.
En ese sistema participan el Ministerio de Trabajo, el SUNCA y la Cámara Empresarial. Es un sorteo: no se trata de meter la mano y elegir a una persona determinada. Queremos que el procedimiento sea cristalino y esperamos la respuesta del intendente y del director Morena.
También solicitaron información sobre el proyecto de cooperativa de viviendas. ¿En qué situación se encuentra?
Tenemos un terreno en el barrio La Unión. El predio existe, aunque atravesó algunos pasos judiciales porque fue expropiado. En la última conversación con Algorta y el Pampa nos plantearon la posibilidad de cambiarlo. Cuando uno recorre las cooperativas de esa zona, ve que no hay una plaza, y nuestro terreno queda en medio de las cooperativas y de otras viviendas del entorno.
¿La Intendencia se quedaría con ese terreno para construir una plaza y entregaría otro predio al sindicato?
Sí. Nosotros dijimos que estábamos dispuestos a conversar y a conocer qué terreno podían ofrecernos. Por eso también queremos hablar con el intendente, para saber si ya tiene un predio disponible. Se mencionó otro terreno en la zona de Rossi y quizá podría hacerse el cambio.
¿Qué opinión tienen sobre esa propuesta?
Si recibimos otro terreno y el cambio permite mejorar el barrio con una plaza que pueda disfrutar todo el mundo, no nos vamos a negar. Naturalmente, no aceptaríamos que nos llevaran a cualquier lugar. Si el otro predio ofrece las mismas condiciones que el actual, bienvenido sea.
¿Las viviendas se construirían mediante el sistema cooperativo?
Sí, sería una cooperativa. La iniciativa viene aproximadamente desde 2013, impulsada por compañeros como el Bocha González y el Corcho, con la idea de contar con una cooperativa del SUNCA. Hubo grupos que se formaron y obtuvieron personería jurídica; después algunos se desarmaron y otros compañeros retomaron el proyecto.
Funcionaría como las demás cooperativas. No es que el sindicato vaya a construir directamente: trabajarán los cooperativistas y se contratará lo que corresponda, siempre con el concepto cooperativo y sindical, sus beneficios y su proyección.
Sería muy bueno que esas viviendas se concretaran. Si tenemos que cambiar el terreno para ayudar a que el barrio tenga una plaza, estoy de acuerdo, pero primero debemos ver qué condiciones tiene el otro predio.
¿Cuántos cooperativistas integrarían el proyecto?
Siempre se habló de 30 o 32. En una conversación reciente se manejó la posibilidad de reducir la cantidad y evaluar si las viviendas serían dúplex o individuales. Hay que tener paciencia: una cooperativa no se hace de un día para el otro y la convivencia humana dentro de una organización cooperativa también es difícil.
Conozco compañeros que estuvieron 13 años en cooperativas mientras continuaban pagando alquiler. Es lógico que se pregunten cuándo va a salir, pero hay que tener paciencia. En algún momento se concreta. Hoy existe una falta de vivienda importante en todo el departamento y a escala nacional. No todos los trabajadores pueden incorporarse a una cooperativa de construcción. Habría que buscar otros sistemas para que todo el mundo pudiera acceder a una casa y pagarla a largo plazo.
Creo que estas viviendas van a salir. Quizá no se concrete la cantidad prevista inicialmente, pero la idea es que el proyecto avance. Sería muy bueno.
¿Qué ocurrirá si se alcanza un preacuerdo?
Esperamos tener novedades esta semana. Ojalá salgamos de la reunión con un preacuerdo firmado. Después lo llevaremos a la Asamblea General y los trabajadores decidirán.
