Aurelio González: los instantes que se volvieron memoria

En esta nueva entrega de La Memoria en Imágenes, la columna dedicada a recorrer la obra y la trayectoria de fotógrafos latinoamericanos, nos acercamos a Aurelio González a partir de “Instantes y memoria”, la muestra que se inaugurará este viernes 7 de agosto, a las 19:00, en AEBU Seccional Durazno. La exposición, acompañada por la colectiva “Miradas que nos unen”, abre un recorrido por la obra de uno de los grandes referentes del fotoperiodismo uruguayo y por aquellas imágenes que, varias décadas después, continúan devolviendo al presente una parte fundamental de nuestra memoria colectiva.

Cuando los integrantes del Foto Club Colonia del Sacramento lograron ponerse en contacto con Aurelio González para invitarlo a participar de la muestra, su primera reacción fue una pregunta: “¿Todavía se acuerdan de mí?”. La anécdota, relatada por Giovanna Melo, integrante de la institución, terminó expresando algo más profundo que la sorpresa del fotógrafo. Varias décadas después de haber registrado algunos de los momentos decisivos de la historia reciente del Uruguay, sus imágenes continúan regresando al espacio público y encontrando nuevos espectadores.

Ese recorrido tendrá una nueva escala este viernes 7 de agosto, a las 19:00, con la inauguración de “Instantes y memoria” en AEBU Seccional Durazno. La exposición llega después de permanecer durante julio en el Centro Cultural Bastión del Carmen, en Colonia del Sacramento, y forma parte de una propuesta que reúne el trabajo histórico del fotógrafo con “Miradas que nos unen”, una muestra colectiva integrada por el Foto Club Colonia del Sacramento, el Foto Club Durazno y Fotografiarte.

Aunque ambas exposiciones comparten el mismo espacio y una intención común, se trata de dos propuestas diferentes. “Instantes y memoria” reúne una selección de fotografías de Aurelio González, mientras que “Miradas que nos unen” presenta obras de integrantes de los tres colectivos fotográficos. En Colonia, la primera estuvo compuesta por 20 imágenes y la segunda por 69 fotografías, conformando un recorrido cercano a las 90 obras.

La selección de Aurelio no fue realizada a distancia ni construida únicamente a partir de fotografías ya conocidas. Según explicó Melo, los organizadores visitaron al fotógrafo en su casa y le pidieron que eligiera personalmente las imágenes. Allí comenzó un proceso compartido de revisión de un material muy amplio, en el que cada fotografía aparecía acompañada por la memoria de las circunstancias en que había sido tomada.

Esa capacidad para reconstruir lo sucedido detrás de una imagen es una de las dimensiones más valiosas de la muestra. Aurelio no recuerda solamente el acontecimiento general: conserva nombres, lugares, situaciones y decisiones fotográficas. Puede explicar cómo llegó a determinado sitio, desde dónde realizó una toma o qué estaba ocurriendo fuera del encuadre. De esa forma, la exposición no reúne únicamente fotografías impresas. También recupera la voz de quien estuvo allí y permite conocer el contexto que todavía permanece detrás de cada imagen.

Aurelio González nació el 14 de noviembre de 1931 en Uad-Lau, en el norte de Marruecos, entonces bajo dominio español. Llegó a Montevideo en 1952, después de viajar como polizón en un barco italiano. Sus primeros años en Uruguay transcurrieron entre trabajos en la construcción y la industria metalúrgica, antes de que un compatriota español le enseñara fotografía como forma de agradecer la ayuda que había recibido de él.

Su ingreso al oficio no siguió el camino de una formación académica. Comenzó colaborando con imágenes para el semanario Justicia y, cuando se fundó el diario El Popular en 1957, pasó a integrar su equipo fotográfico, del que luego sería jefe. Allí desarrolló una parte decisiva de su trayectoria y construyó una manera de trabajar en la que el periodismo, la militancia y la presencia permanente en la calle resultaban inseparables.

El Popular concedía a la fotografía un lugar central como instrumento de información, denuncia y visibilidad. Sus fotógrafos registraron movilizaciones obreras y estudiantiles, conflictos sindicales, campañas políticas, condiciones de vida de los sectores populares y el crecimiento de la represión estatal. Muchas veces eran los propios sindicatos los que llamaban al diario para solicitar la presencia de un fotógrafo durante una asamblea, una ocupación o una medida de lucha.

Ese trabajo fue colectivo. Junto con Aurelio participaron fotógrafos como Julio Alonso, Daniel Bauer, Eduardo Bonomi, Hermes Cuña, Ariel Fernández, Fernando González, Héctor Mesa y Sergio Pereyra. No todas las imágenes conservadas pueden ser atribuidas hoy a un autor determinado, pero el conjunto permite comprender una forma de hacer fotoperiodismo basada en el contacto directo con los acontecimientos y con las personas que los protagonizaban.

Dentro de esa práctica, Aurelio construyó una obra en la que los grandes episodios históricos conviven con los rostros anónimos. Sus fotografías no muestran únicamente dirigentes, actos políticos o momentos de represión. También aparecen trabajadores, mujeres, niños, estudiantes y familias que ocuparon las calles y los espacios públicos durante años de profundos cambios sociales. La historia no se presenta como algo lejano: está contenida en los gestos, las miradas y los cuerpos de quienes participaron de ella.

La cámara se encontraba dentro de los acontecimientos. Esa proximidad puede reconocerse en la manera en que sus fotografías organizan el espacio y sitúan al espectador frente a las personas retratadas. No se trata solamente de observar lo ocurrido, sino de sentir la tensión de una calle, la densidad de una multitud o la fragilidad de alguien expuesto ante la violencia. Allí reside buena parte de la fuerza que sus imágenes conservan varias décadas después.

Cuando el golpe de Estado de 1973 y la posterior clausura de El Popular pusieron en riesgo ese archivo, trabajadores del diario ocultaron los negativos para impedir que fueran apropiados o destruidos por las fuerzas represivas. Aurelio tuvo un papel central en aquella decisión. Parte de las fotografías de la huelga general salió clandestinamente del país y fue utilizada por las comunidades de exiliados para denunciar la dictadura uruguaya, mientras el resto del material permaneció escondido durante décadas en el edificio donde había funcionado el diario.

Una primera parte del archivo fue recuperada en 2006 y una segunda apareció en 2022. En conjunto sumaron alrededor de 78.000 imágenes. El Partido Comunista del Uruguay donó el material a la Intendencia de Montevideo en 2019 y desde entonces forma parte del acervo del Centro de Fotografía. Su incorporación al programa Memoria del Mundo de la Unesco confirmó el valor de un conjunto que ya no pertenece solamente a la historia de un medio de prensa o de una organización política, sino al patrimonio documental del país.

En 2011, Aurelio volvió a realizar un amplio trabajo de selección para el libro “Fui testigo. Una historia en imágenes”. Durante meses revisó cerca de 50.000 fotogramas del archivo de El Popular y eligió aproximadamente 300 fotografías, acompañadas por textos en primera persona. El libro no se limitó a reunir imágenes históricas: permitió que el fotógrafo organizara su propio testimonio y reconstruyera, desde la experiencia vivida, una parte del período comprendido entre 1957 y 1973.

“Instantes y memoria” retoma ahora ese vínculo entre selección, imagen y relato en una escala más cercana. Las 20 fotografías presentadas en Colonia condensan distintos momentos de su trayectoria y permiten que cada obra sea observada con mayor detenimiento. Frente a la magnitud de un archivo formado por decenas de miles de negativos, la muestra propone una aproximación íntima: unas pocas imágenes capaces de abrir muchas historias.

A su lado, “Miradas que nos unen” amplía el encuentro hacia la fotografía actual. Las 69 obras expuestas en Colonia pertenecen a integrantes del Foto Club Colonia del Sacramento, el Foto Club Durazno y Fotografiarte, y reúnen enfoques documentales, artísticos y contemporáneos. La presencia del colectivo duraznense convierte además a la ciudad en algo más que una nueva sede: Durazno forma parte de la propia construcción de la propuesta.

La convivencia entre ambas exposiciones establece un diálogo entre generaciones y maneras diferentes de aproximarse a la fotografía. De un lado aparece la obra de un reportero gráfico cuya cámara acompañó conflictos sociales y transformaciones históricas del Uruguay. Del otro, las miradas de fotógrafos que continúan utilizando la imagen para observar sus comunidades, sus territorios y su tiempo.

En ese cruce encuentra sentido el nombre “Miradas que nos unen”. La fotografía suele comenzar en una decisión individual, pero se completa cuando las imágenes circulan, son compartidas y encuentran a otras personas. La experiencia iniciada en Colonia, que ahora continúa en Durazno y proyecta nuevas presentaciones en el país, también muestra la capacidad de los fotoclubes y las organizaciones culturales para crear esos espacios de encuentro.

La llegada de “Instantes y memoria” a Durazno permite acercarse a la obra de uno de los grandes nombres del fotoperiodismo uruguayo y conocer las historias que todavía permanecen detrás de sus fotografías. Los instantes que Aurelio González registró en la calle, en las manifestaciones y en la vida cotidiana dejaron de pertenecer únicamente al momento en que fueron fotografiados. Con el paso del tiempo se convirtieron en documentos, testimonios y fragmentos de una memoria colectiva que continúa abriéndose cada vez que alguien vuelve a mirar.

Cuando los integrantes del Foto Club Colonia del Sacramento lograron ponerse en contacto con Aurelio González para invitarlo a participar de la muestra, su primera reacción fue una pregunta: “¿Todavía se acuerdan de mí?”. La anécdota, relatada por Giovanna Melo, integrante de la institución, terminó expresando algo más profundo que la sorpresa del fotógrafo. Varias décadas después de haber registrado algunos de los momentos decisivos de la historia reciente del Uruguay, sus imágenes continúan regresando al espacio público y encontrando nuevos espectadores.

Ese recorrido tendrá una nueva escala este viernes 7 de agosto, a las 19:00, con la inauguración de “Instantes y memoria” en AEBU Seccional Durazno. La exposición llega después de permanecer durante julio en el Centro Cultural Bastión del Carmen, en Colonia del Sacramento, y forma parte de una propuesta que reúne el trabajo histórico del fotógrafo con “Miradas que nos unen”, una muestra colectiva integrada por el Foto Club Colonia del Sacramento, el Foto Club Durazno y Fotografiarte.

Aunque ambas exposiciones comparten el mismo espacio y una intención común, se trata de dos propuestas diferentes. “Instantes y memoria” reúne una selección de fotografías de Aurelio González, mientras que “Miradas que nos unen” presenta obras de integrantes de los tres colectivos fotográficos. En Colonia, la primera estuvo compuesta por 20 imágenes y la segunda por 69 fotografías, conformando un recorrido cercano a las 90 obras.

La selección de Aurelio no fue realizada a distancia ni construida únicamente a partir de fotografías ya conocidas. Según explicó Melo, los organizadores visitaron al fotógrafo en su casa y le pidieron que eligiera personalmente las imágenes. Allí comenzó un proceso compartido de revisión de un material muy amplio, en el que cada fotografía aparecía acompañada por la memoria de las circunstancias en que había sido tomada.

Esa capacidad para reconstruir lo sucedido detrás de una imagen es una de las dimensiones más valiosas de la muestra. Aurelio no recuerda solamente el acontecimiento general: conserva nombres, lugares, situaciones y decisiones fotográficas. Puede explicar cómo llegó a determinado sitio, desde dónde realizó una toma o qué estaba ocurriendo fuera del encuadre. De esa forma, la exposición no reúne únicamente fotografías impresas. También recupera la voz de quien estuvo allí y permite conocer el contexto que todavía permanece detrás de cada imagen.

Aurelio González nació el 14 de noviembre de 1931 en Uad-Lau, en el norte de Marruecos, entonces bajo dominio español. Llegó a Montevideo en 1952, después de viajar como polizón en un barco italiano. Sus primeros años en Uruguay transcurrieron entre trabajos en la construcción y la industria metalúrgica, antes de que un compatriota español le enseñara fotografía como forma de agradecer la ayuda que había recibido de él.

Su ingreso al oficio no siguió el camino de una formación académica. Comenzó colaborando con imágenes para el semanario Justicia y, cuando se fundó el diario El Popular en 1957, pasó a integrar su equipo fotográfico, del que luego sería jefe. Allí desarrolló una parte decisiva de su trayectoria y construyó una manera de trabajar en la que el periodismo, la militancia y la presencia permanente en la calle resultaban inseparables.

El Popular concedía a la fotografía un lugar central como instrumento de información, denuncia y visibilidad. Sus fotógrafos registraron movilizaciones obreras y estudiantiles, conflictos sindicales, campañas políticas, condiciones de vida de los sectores populares y el crecimiento de la represión estatal. Muchas veces eran los propios sindicatos los que llamaban al diario para solicitar la presencia de un fotógrafo durante una asamblea, una ocupación o una medida de lucha.

Ese trabajo fue colectivo. Junto con Aurelio participaron fotógrafos como Julio Alonso, Daniel Bauer, Eduardo Bonomi, Hermes Cuña, Ariel Fernández, Fernando González, Héctor Mesa y Sergio Pereyra. No todas las imágenes conservadas pueden ser atribuidas hoy a un autor determinado, pero el conjunto permite comprender una forma de hacer fotoperiodismo basada en el contacto directo con los acontecimientos y con las personas que los protagonizaban.

Dentro de esa práctica, Aurelio construyó una obra en la que los grandes episodios históricos conviven con los rostros anónimos. Sus fotografías no muestran únicamente dirigentes, actos políticos o momentos de represión. También aparecen trabajadores, mujeres, niños, estudiantes y familias que ocuparon las calles y los espacios públicos durante años de profundos cambios sociales. La historia no se presenta como algo lejano: está contenida en los gestos, las miradas y los cuerpos de quienes participaron de ella.

La cámara se encontraba dentro de los acontecimientos. Esa proximidad puede reconocerse en la manera en que sus fotografías organizan el espacio y sitúan al espectador frente a las personas retratadas. No se trata solamente de observar lo ocurrido, sino de sentir la tensión de una calle, la densidad de una multitud o la fragilidad de alguien expuesto ante la violencia. Allí reside buena parte de la fuerza que sus imágenes conservan varias décadas después.

Cuando el golpe de Estado de 1973 y la posterior clausura de El Popular pusieron en riesgo ese archivo, trabajadores del diario ocultaron los negativos para impedir que fueran apropiados o destruidos por las fuerzas represivas. Aurelio tuvo un papel central en aquella decisión. Parte de las fotografías de la huelga general salió clandestinamente del país y fue utilizada por las comunidades de exiliados para denunciar la dictadura uruguaya, mientras el resto del material permaneció escondido durante décadas en el edificio donde había funcionado el diario.

Una primera parte del archivo fue recuperada en 2006 y una segunda apareció en 2022. En conjunto sumaron alrededor de 78.000 imágenes. El Partido Comunista del Uruguay donó el material a la Intendencia de Montevideo en 2019 y desde entonces forma parte del acervo del Centro de Fotografía. Su incorporación al programa Memoria del Mundo de la Unesco confirmó el valor de un conjunto que ya no pertenece solamente a la historia de un medio de prensa o de una organización política, sino al patrimonio documental del país.

En 2011, Aurelio volvió a realizar un amplio trabajo de selección para el libro “Fui testigo. Una historia en imágenes”. Durante meses revisó cerca de 50.000 fotogramas del archivo de El Popular y eligió aproximadamente 300 fotografías, acompañadas por textos en primera persona. El libro no se limitó a reunir imágenes históricas: permitió que el fotógrafo organizara su propio testimonio y reconstruyera, desde la experiencia vivida, una parte del período comprendido entre 1957 y 1973.

“Instantes y memoria” retoma ahora ese vínculo entre selección, imagen y relato en una escala más cercana. Las 20 fotografías presentadas en Colonia condensan distintos momentos de su trayectoria y permiten que cada obra sea observada con mayor detenimiento. Frente a la magnitud de un archivo formado por decenas de miles de negativos, la muestra propone una aproximación íntima: unas pocas imágenes capaces de abrir muchas historias.

A su lado, “Miradas que nos unen” amplía el encuentro hacia la fotografía actual. Las 69 obras expuestas en Colonia pertenecen a integrantes del Foto Club Colonia del Sacramento, el Foto Club Durazno y Fotografiarte, y reúnen enfoques documentales, artísticos y contemporáneos. La presencia del colectivo duraznense convierte además a la ciudad en algo más que una nueva sede: Durazno forma parte de la propia construcción de la propuesta.

La convivencia entre ambas exposiciones establece un diálogo entre generaciones y maneras diferentes de aproximarse a la fotografía. De un lado aparece la obra de un reportero gráfico cuya cámara acompañó conflictos sociales y transformaciones históricas del Uruguay. Del otro, las miradas de fotógrafos que continúan utilizando la imagen para observar sus comunidades, sus territorios y su tiempo.

En ese cruce encuentra sentido el nombre “Miradas que nos unen”. La fotografía suele comenzar en una decisión individual, pero se completa cuando las imágenes circulan, son compartidas y encuentran a otras personas. La experiencia iniciada en Colonia, que ahora continúa en Durazno y proyecta nuevas presentaciones en el país, también muestra la capacidad de los fotoclubes y las organizaciones culturales para crear esos espacios de encuentro.

La llegada de “Instantes y memoria” a Durazno permite acercarse a la obra de uno de los grandes nombres del fotoperiodismo uruguayo y conocer las historias que todavía permanecen detrás de sus fotografías. Los instantes que Aurelio González registró en la calle, en las manifestaciones y en la vida cotidiana dejaron de pertenecer únicamente al momento en que fueron fotografiados. Con el paso del tiempo se convirtieron en documentos, testimonios y fragmentos de una memoria colectiva que continúa abriéndose cada vez que alguien vuelve a mirar.