Fiel a sus principios, libre para construir su propio camino

María José es una duraznense de espíritu libre, fuerte y auténtica, a quien le gusta vivir con propósito. Uno de sus principales focos es aprender constantemente y enfrentar cada reto con una actitud positiva.

Por Anabela Prieto Zarza

Para ella, la libertad significa: “No hacer las cosas sin dirección, sino hacerlas siendo fiel a mis principios”. Es organizada, disciplinada y comprometida.

María José Long formalmente, María José de León Martínez antes de contraer matrimonio con Byron Long, tiene 59 años, es hija de José Luis de León, fallecido en 2024, y de María Elicenda Martínez. Tiene tres hermanos que viven en Uruguay: Rafael, en Durazno, y José y Alberto, en Montevideo.

Es mamá de Gonzalo Viñales, de 40 años, y de Clara Rogalinski, de 33 años. Y cuando habla de su esposo, Byron, lo hace con especial cariño: “Es un ser maravilloso que me consiente y me acompaña en todo”.

Nació y creció en Durazno. Asistió al Jardín de Infantes, luego a la Escuela Nº 8 y posteriormente al Liceo Rubino.

Comenzó sus estudios de Administración de Empresas en Uruguay. En Durazno conoció a Chip Rogalinski, un estadounidense que realizaba un voluntariado en la ciudad y con quien se casó. En 1993 se radicó en Estados Unidos, país en el que vive hasta la actualidad.

Ya instalada en su nuevo destino, convencida de que la formación es fundamental en la vida de las personas, estudió Lingüística, una carrera que no se enfoca únicamente en el lenguaje, sino que abarca el conocimiento de otras culturas, religiones y sociedades. No se trata solo de aprender idiomas. Hoy reconoce que esa formación le ha permitido acceder con mayor facilidad a las comunidades en las que le ha tocado desenvolverse laboralmente. Posteriormente cursó Relaciones Internacionales.

Es consciente de que haber emigrado casada desde Uruguay le dio ventajas que muchos migrantes no tienen. “Me estaba esperando una familia, entré por la puerta grande”.

Con su exesposo, mantiene una gran amistad y un excelente relacionamiento por nuestros hijos. Y habla de “nuestros hijos” porque Chip adoptó a Gonzalo Viñales Rogalinski, ya que siempre lo sintió como propio, pues creció con él y, además, quiso que tuviera los mismos derechos que su hermana Clara. “Chip es muy buena persona” afirma.

Clara es abogada, al igual que su padre. Gonzalo trabaja como investigador privado junto a su esposa Rachel, también abogada, en su bufete. “Todos son criminalistas”, agrega.

María José ha trabajado durante muchos años para la compañía PACE Worldwide. Actualmente ocupa una posición de relevancia como gerente de ventas para Latinoamérica. Su trabajo le exige viajar constantemente y, con ello, conocer distintas culturas. Es una responsabilidad que asume con mucho orgullo: representar a su empresa en diferentes países.

Parte de su labor consiste en identificar compañías con las que establecer vínculos comerciales y encontrar representantes que faciliten el acceso a ellas. Una vez logrado ese contacto, puede presentar la empresa y completar todo el proceso, del cual es la principal responsable.

Se siente especialmente orgullosa de haber construido una carrera dentro de una industria tradicionalmente dominada por hombres, donde muchas veces ha sido la única mujer sentada en una mesa de ejecutivos.

Hoy trabaja con Latinoamérica, pero también lo ha hecho con Europa Occidental, Asia y Medio Oriente.

No ha encontrado dificultades para desarrollarse en ese mundo de predominancia masculina.

“En el pasado tuve otros trabajos en el gobierno norteamericano. Siempre tuve que trabajar con muchos hombres y siempre actué con valentía; eso me abrió muchas puertas. Mi preparación, mi conocimiento y mis habilidades para hablar diferentes lenguas fueron ventajas”.

Habla español, inglés, portugués, francés e italiano.

Se considera una mujer muy feliz, no solo por el éxito alcanzado en su carrera profesional, sino también por cómo se ha encontrado a sí misma como mujer. “Soy una persona muy espiritual”.

María José se enfocó durante muchos años en su crecimiento personal. Llegó un momento en que comprendió que, aunque deseaba continuar desarrollándose profesionalmente, existían otros aspectos de sí misma que también necesitaban atención.

Reflexiona:

“Siempre se dice que, en un país donde no tenés a tu familia, y me refiero a padres, hermanos y a la gente con la que creciste, uno debe tener la fortaleza de edificarse a sí mismo, en una cultura completamente diferente. “Un gran desafío fue aprender a reconstruirme desde los cimientos. Echar raíces en una tierra nueva, abrazar una cultura distinta y convertir lo desconocido en hogar”.

Como viaja con tanta frecuencia, estar en su casa es un placer que disfruta enormemente. Le encanta caminar, andar en bicicleta y pasar tiempo con su perrito Nicolás, un hermoso caniche blanco.

Lee mucho; es una gran lectora. Entre los libros que han dejado huella en ella, menciona La casa de los espíritus, de Isabel Allende, que ha leído unas tres veces. Pero su libro de cabecera es el Tao Te Ching.

No integra gremios. A través de su trabajo participa activamente en organizaciones internacionales relacionadas con la industria electrónica. Es miembro de la SMTA (Asociación de Tecnología de Montaje Superficial), una organización mundial que reúne a profesionales y empresas de la industria de manufactura electrónica.

Le pregunto si tiene sueños por cumplir. Su respuesta es tan serena como reveladora:

“Creo que los sueños, para serte honesta, ya los he realizado. En muchos aspectos he tenido el privilegio de vivir mis sueños: formar una familia maravillosa, tener un trabajo que me hace sentir realizada, conocer varias culturas y alcanzar un importante crecimiento personal y profesional. Más que pensar en lo que me falta, pienso en cómo devolver un poco de todo lo que la vida me ha dado”.

Agrega una reflexión verdaderamente íntima:

“A veces, cuando estoy en reuniones con importantes líderes empresariales, pienso en aquella niña duraznense cuya mamá debía lavar la túnica todos los días porque era la única que tenía. Entonces miro hasta dónde he llegado y me emociono. Valoro profundamente el esfuerzo de mis padres, humildes y trabajadores. Mi papá era funcionario municipal y, además, repartía leche en un carro tirado por un caballo. Hicieron todo lo posible para que nos preparáramos. Fue él quien me consiguió una beca en ADEOM para estudiar inglés en el Anglo. Nunca nos pusieron límites. Les estaré siempre agradecida por ello.”

Antes de despedirse deja un mensaje para las mujeres:

“Nunca permitan que nadie les diga hasta dónde pueden llegar. Los límites más difíciles de vencer no siempre los impone la vida; muchas veces nacen del miedo o de las expectativas que otros proyectan sobre nosotras. Crean en ustedes mismas, prepárense, estudien, trabajen con pasión y nunca dejen de aprender. A los 59 años sigo aprendiendo, creciendo. El conocimiento es una de las herramientas más poderosas que una mujer puede tener, nos abre puertas, nos fortalece el carácter y nos da la libertad de construir nuestro propio camino. No tengan miedo de empezar de nuevo; yo lo he hecho mil veces”.