María Gabriela Dinardi Pérez, de 63 años, es hija de Juan Pedro, a quien le decían Jean Pierre, y de Zulma, de profesión maestra. Su papá era mecánico y trabajaba en la Marshal. Cuando cerró esta firma comercial, él y otros compañeros fueron tomados por la Intendencia de Durazno. Tiene dos hermanos: Álvaro, el mayor, y Arabela, la menor.
Por Anabela Prieto Zarza
Casada con Mario Goñi, es la mamá de Federico, de 35 años, y de María Eugenia, de 40. A su familia se suma su yerno, Nicolás, a quien quiere mucho. Es la orgullosa abuela de Emilia, de 3 años.
Nació en la ciudad de Durazno. Su mamá, maestra rural, es el motivo por el que cursó su escolaridad en la Escuela Nº 51, en el paraje Las Arenas. Allí vivían los tres niños con su mamá. Su papá y el resto de la familia estaban radicados en Durazno.
Cuando su hermano comenzó Secundaria, se vino a Durazno con su padre y sus abuelos, pero cuando le tocó a Gabriela, se vinieron todos. Es así que Gabriela hizo el liceo de 1º a 4º en el Colegio Inmaculada Concepción. Continuó sus estudios haciendo el preparatorio de la época en el Liceo Rubino.
Mario, su actual esposo, era amigo del novio de una amiga de Gabriela. En la época en que el paseo era dar vueltas por 18, Mario acompañaba a su amigo. Pero después comenzó a esperar a Gabriela en la Plaza Sarandí, a la salida del liceo. No le dio muchas opciones. Insistió y no se equivocó. Después de cuatro años de novios, formaron una hermosa familia. Llevan 41 años de casados, donde priman el humor, el entendimiento, la tolerancia y, sobre todo, el amor.
Terminó sus estudios secundarios en los años 80. Eran tiempos de dictadura. Para sus padres, dejarla ir a Montevideo era un tema complejo. Las opciones de estudio en Durazno eran dos: Magisterio, con el que Gabriela no quería tener nada que ver, y Enfermería.
Optó por esta última. Era la época de Defensa Civil. La carrera de Enfermería era dictada por los militares. Tenían clases de mañana y, de tarde, instrucción militar. «Marcábamos el paso desde el Hospital, donde teníamos las clases, hasta el Hipódromo. Otras tardes, en el predio donde hoy funciona el hogar de ancianos, nos daban gimnasia». Eran preferentemente mujeres, aunque había algunos varones.
Desde el primer día, en el que fueron directamente a trabajar en salas, se dio cuenta de que amaría esa profesión. Le encantó. De lunes a sábado la enseñanza era totalmente práctica en el Hospital. Además, tres veces por semana tenían clases teóricas de Anatomía, Enfermería y Farmacología.
Se enamoró de la profesión. Sintió que era una manera de ayudar a la gente, algo que siempre hacía naturalmente. Hace poco tiempo se encontró con una amiga que le dijo: «¿Te acordás de cuando éramos gurisas y siempre rescatabas algún peso de los mandados y me pagabas las entradas a los bailes?».
Se recibió en diciembre de 1982. Comenzó a estudiar Administración de Empresas en la UTU, pero en el mes de julio el Dr. Núñez Marquizio llamó a la casa de un vecino de Gabriela, porque en la suya no había teléfono, para avisarle que había un llamado para ocupar un cargo en el Servicio Odontológico de la Intendencia de Durazno. Después supo que Núñez le había pedido nombres al Dr. Osvaldo Rodríguez, que era profesor en el Hospital y había dado tres nombres. Uno de ellos era el de Gabriela.
A ese llamado se presentaron tres enfermeras que tuvieron que pasar por una prueba durante toda una semana. Así ingresó al Servicio Odontológico de la Intendencia de Durazno, que era administrado por ADEOM de la época, pero que contaba con funcionarios municipales.
Ese fue el comienzo. Después trabajó en Enfermería, Certificaciones Médicas, en la policlínica móvil que recorría barrios y zonas rurales, en eventos como el Pilsen Rock, Durazno Rock, el Festival de Folclore, el Festival de Cumbias, encuentros de motos, de autos y en todo lo que organizara la Intendencia. Trabajó en Carné de Salud, en la parte médica de Licencia de Conducir y en campañas de prevención.
Participó del PRAT, un convenio entre la Intendencia de Durazno y el Rotary Club Paso del Yí, consistente en un programa de prevención odontológica en las escuelas.
Su trabajo incluía también tareas administrativas, para lo cual tuvo que formarse en aspectos informáticos, normativas municipales y manejo del SUSCIVE. «Siempre había que estar actualizándose, no solo en aspectos vinculados a lo profesional, sino en todos los aspectos de nuestra función. La capacitación era permanente».
Le encantó su trabajo. Guarda excelentes recuerdos de los compañeros de la División y de los funcionarios municipales de todas las áreas, porque todos pasaban por su oficina por una razón o por otra. Pero, fundamentalmente, guarda un recuerdo especial de todos los niños, hijos de funcionarios, que durante más de 40 años pasaron por el Servicio Odontológico, a quienes vio crecer y convertirse en personas adultas. Esos niños que hoy la reconocen en otros ámbitos y la recuerdan con cariño.
La jubilación llegó en un momento oportuno. Quizá liberar tensiones o darse tiempo para ella le permitió descubrir un pólipo en un seno. Fue operada, el análisis determinó que era benigno, el miedo pasó y el especialista le dijo: «Fue tomado muy a tiempo». Que la experiencia de Gabriela nos sirva a todas: atendernos para que todo sea tomado muy a tiempo.
Después llegó otro tema de salud un poco más complejo: un tumor en las glándulas paratiroideas. Estaba sufriendo diferentes afecciones funcionales, además de un proceso de descalcificación ósea sorprendente. Un equipo multidisciplinario la atendió, fue sometida a una intervención quirúrgica con total éxito. Hace de eso apenas cuatro meses y ya se ven los resultados positivos.
Pero todo esto queda postergado por lo mejor que le pasó una vez que se jubiló. Llegó a su vida y a la de toda su familia Emilia.
Le pregunto: ¿qué significó para vos la llegada de Emilia? Su respuesta: «No sé cómo te lo voy a explicar. Toda la vida soñé con ser madre. El nacimiento de mi nieta fue la continuación, volver a tener ese sentimiento. Emilia, aparte de mis hijos, es todo para mí, para nosotros».
Para continuar activa, sigue trabajando con el Dr. Marcelo Blanco. «Él me dice ‘mi secretaria’, porque lo ayudo en todo, pero soy su asistente dental. Trabajo porque me gusta, me permite seguir activa y porque allí también encuentro una forma de ayudar. Marcelo es muy flexible, sabe que mi nieta es prioridad y me permite tener tiempo libre para ella. Trabajo dos o tres horas por día, de lunes a viernes, y con esa libertad de disponer de tiempo, que para mí es muy importante».
En sus tiempos libres le gusta hacer crochet, que aprendió con su abuela. Le gusta leer en el celular; antes leía en libros. Mira alguna serie los fines de semana. Le gusta reunirse con amigos, estar en familia, visitar a sus hijos y, sobre todo, a su nieta, además de recibirlos en su casa. Cree firmemente en Dios.
Integra el Rotary Club Paso del Yí, donde tiene la oportunidad de desarrollar su vocación de servicio.
En forma contundente manifiesta que no tiene ningún sueño por cumplir. Ya tiene todo lo que quiere y no se refiere a lo material, sino a los afectos y a las realizaciones personales.
Para ella lo importante es entender que la vida no termina cuando una persona se jubila. «Mucha gente no sabe qué hacer cuando llega la jubilación. Tenemos que entender que empieza otra etapa en la que debemos mantenernos activos, socializar, no quedarnos solos en casa. Tenemos que disfrutar esta etapa de la vida como disfrutamos todas las demás».
